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viernes, 4 de septiembre de 2015

Fiesta de San Juan Bautista y San Juan Niño

San Juan Bautista

Saludos. Este enlace dedicado a San Juan Bautista y San Juan Niño. Las gráficas que usted verá pertenecen al Proyecto de Servicio Comunitario "Conservación de la Literatura Oral y la Religiosidad Popular del Sector Cerro San Juan", desarrollado por la UNELLEZ y la Fundación San Juan Bautista Niño, junto a distintas cofradías, instituciones culturales, cultores populares y vecinos, en San Carlos, Cojedes, rincón llanero de Venezuela. De antemano nuestro agradecimiento a los numerosos estudiantes, cultores y amigos que nos hacen llegar estas gráficas. 

Infantes de la Cofradía San Juan Bautista Niño


Jóvenes danzantes portando a San Juan Niño


Diablos Danzantes del Santísimo Sacramento del Altar 
mejor conocidos como Diablos Danzantes de San Juan 

José Luis Bravo, capitán de los Diablos Danzantes de San Juan, 
recibiendo la "Bendición de San Juan", como también se le denomina 
al aguacero que, tradicionalmente cae en estas fiestas.
Estudiantes de la UNELLEZ-San Carlos, salen a recibir la "Bendición de San Juan"


San Juan Niño de San Carlos

Diablitos Niños de San Juan 

Diablos danzando al paso de San Juan Niño

Estudiantes universitarias integradas a la fundación 
San Juan Bautista Niño en su recorrido hacia el altar de San Juan 

Devotos esperando a San Juan y San Juan Bautista Niño 

Torta gigante en ofrenda a San Juan Bautista 

Arribo de San Juan Bautista y San Juan Niño hacia el al altar


Tamboreros animando la llegada de los santos al altar 

Baile de tambor en honor a San Juan y San Juan Niño


Gracias por su visita

viernes, 8 de marzo de 2013

EL SILBÓN: NARRACIONES VIVENCIALES (Tomado de "Mitos y Leyendas del estado Portuguesa” de Carmen Pérez Montero)


La señora Josefa García: Yo he oído muchas veces a El Silbón, pero desde el año 1968 más o menos no lo he vuelto a escuchar. Yo dormía en un ranchito con la lámpara de querosén prendía porque le tenía miedo a El Silbón. El ranchito estaba allí, donde hoy ta` la cancha, aquí en Guanarito. Cuando eso aquí la luz la apagaban a las 10 p.m., a las 9 p.m. daban el aviso pa` que la gente se recogiera y cuando to` mundo estaba “recogío”, la apagaban. Entonces aprovechaba El Silbón la oscuridad pa` salí a silbá y a asustá. Cuando pasa pa` bajo va a llové y cuando pasa pa` arriba va hace verano, así decía mi mamá que en paz descanse.
   Ahorita sale, pero por las orillas, cuando la noche es bien oscura.
   La gente dice que el existió y que tenía un hermano llamado Juan y que andaban cazando los dos con el papá, El Silbón  lo mató porque encontraron un palo atravesao en el camino y el papá no lo pudo enderezá pa` podé pasar y le dijo: así mismo me pasa a mí que usted no me enderezo chiquito, sabiendo que iba a crecé maluco. Él lo mató y se llevó la asadura pa` la casa y se la dio a la mamá pa` que la sancochara y cuando la mamá vio que la asadura se abollaba en la olla y no se ablandaba le preguntó qué de que animal era esa asadura y él le dijo que era la de su papá que lo había matao y la madre lo maldijo pa`toa la vida; entonces Juan le zumbó los güesos en una mochila y le dio una pela con un mandador de siete nudos y le echo ají por `onde quiera, por eso es que él le tiene miedo a la tapara de ají y al mandador. Dicen que cuando Juan le echó los güesos en la mochila se le quedó el deo chiquito y el anda penando hasta que consiga ese güeso.
    Alejandro Asís Quintana: Cuando estaba pequeño jugaba trompo de noche junto a un puente de tabla que atravesaba el caño El Tiestico. Allí siempre amarraban a una burra. Una noche, aseguré bien la burra con el guaral del trompo y me monté en ella. La burra negra corcoveaba y se iba poniendo grandota y peluda. Yo me privé y después me recogieron unos viejitos que me llevaron para su casa y le avisaron a mi mamá, porque yo era menor de edad. Los viejitos me pusieron a dormir en un cuarto donde ellos guardaban las caraotas, y cuando me estaban colgando el chinchorro, se escuchó el silbido de El Silbón, que pasó por arriba de la casa y por la madrugada ellos oyeron que se habían reventado los colgaderos y el Silbón me estaba machucando. Yo estaba gritando, pero asustado, yo no sentí cuando él me machucó; pero me dio mucha fiebre y por la mañana amanecí aporreado. 
     Eduardo Daza: Según la leyenda que yo conozco El Silbón nació en un caserío llamado El Vijao del estado Barinas. Allí se cría hasta los 16 años, cuando se convierte en azote del lugar y el padre por vergüenza se traslada a Guanarito y va a vivir en el hato Los Camorucos de El palmar de Morrones. El muchacho mejora la conducta, trabaja con su papá Rosendo Silva y la madre, Carolina Flores, está muy contenta. Joaquín Augusto Flores, se enamora de la muchacha más bella de Guanarito, descendiente de una familia Orozco (las familias Orozco que actualmente residen en Guanarito negaron rotundamente tener conocimiento de estos datos).
   Una tarde de un domingo, los novios salieron a pasear a caballo. La muchacha se cayó, y se golpeó la cabeza con un tronco, muriendo en el accidente. Como loco, salió para La Quebrada de la Virgen. Allí consiguió dos muchachas que se estaban bañando y violó una de ellas, pasó por Guanare, Acarigua, Tinaco, Tinaquillo, Valencia y llegó a Caracas. Más tarde se fue a Puerto la Cruz, donde vivió dos años, en casa de un pescador. Se enamora de nuevo, pero un día bañándose en la playa, los arrebata una ola y el pescador pudo salvarlo a él, pero no a la novia. Joaquín al darse cuenta que perdió a la muchacha se endemonia otra vez, y mata al pescador y se viene huyendo para su tierra natal.
  Llega a El Vijao, pasa por El palmar de Morrones y se encuentra a su mamá cosiendo y le dice: usted es la que dice ser mi madre. La mata, la abre y le saca la asadura. Luego busca al padre y le dice: usted es el que dice ser mi padre y lo mata, lo abre y le saca la asadura. Después Joaquín se va en busca de su hermano Juan Gil. Era tres de mayo, lo consiguió limpiando una “roza”, es decir, haciendo un conuco, pero Juan le vio la intención de que iba a matarlo y con la coa que tiene en la mano le arremete  a golpes y El Silbón, ya convertido en ese “aparato” corre hacia la montaña, Juan se arrodilla y pide a Dios castigo para su hermano que ha matado a sus padres.
  Esta versión tiene la influencia la fantástica narración del barinés Rómulo Urquiola, quien tuvo el coraje de hasta colocarle fechas al nacimiento y andanzas del Silbón, citando incluso, lugares que no estaban fundados para el año 1603.
     El mismo señor Eduardo Daza, narró su experiencia vivencial: Yo era un muchacho y acompañaba a los cazadores a buscar venados por la sabana de La Cadenera,  Los Pavos, El Jebao, Merecurito. Después de las ocho de la noche y en el mes de mayo siempre lo oíamos.
     Ese no es un pájaro, ¡qué va! Porque aun no conociéndolo al oír el silbido deja impresionado a quien lo escucha. Jamás un silbido puede penetrar tan profundo y erizar  todo el cuerpo. Ese no es un silbido común, cuando yo lo oí casi me privo.
      Ahora ya no se escucha, ni se ve como antes que dice que amanecía sentado en las topias de los fogones y que es altísimo.
    Pilar de Salazar: Eso del Silbón son puros embustes. Ese silbido se oye nada más cuando va a llover. ¿Por qué no sale en otro tiempo? Claro… porque es un pájaro que le llama chiricoca del aire que canta cuando va a llover, y hay otro pájaro que se llama carrao, que también anuncia los aguaceros, pero ese Silbón es la chiricoca. Yo no creo, cuando era joven sí creía, pero ahora no. Imagínese con tantos crimines que ocurren a diario: hermanos que matan a los hermanos, hijos que matan a los padres, esto sería una silbonera muy grande, a`onde  quiera no podríamos dormir de puros silbones. Otra cosa que dicen porai es que pa que no espante uno tiene que tener un hermano llamado Juan, una tapara de ají,  un  mandador y un perro llamao Tureco.
   Eladio Antonio Moreno: Yo veía de una zona que llaman Pajoncito, venía temprano a quedarme en El Paso. Él viene de aquí pa` allá y yo de allá pa` aca. Yo lo oigo  que viene y me dije entre mí: uno cree que lo va a ver, como una persona, pero que va, lo que sentí fue el silbido. Yo dije: Ajá ya pasó El Silbón,  ahora voy a seguir yo, cuando iba a media cuadra me silbó más duro, como un silbío que paraba los pelos, que engrifa, yo le metí la linterna por todas partes, una linterna nuevecita, y eso clarito y no se veía nada. Como a las dos cuadras lo sentí otra vez, y yo pa`lante carajo. Ya llegando a las primeras casas me volvió a silbar, pero un silbido muy malo, bravo de verdad, que hacía temblar la tierra. Llegue a la casa de un baile, yo no tenía miedo, me sentía defendido con la linterna. Cuando entré a la casa hasta los músicos dejaron de tocar, por lo duro que silbó ese “aparato”. Todos salimos pa` juera y no vimos nada.
         Julio Hernández: Soy de San Fernando de Apure, vine pa` ca ya hombrecito. Al Silbón yo lo he oído de refilón, pero ese bicho para los pelos de punta. Dicen que es un pájaro. Yo no sé si será leyenda, pero el asusta. A un amigo mío lo ataco muy duro. Él iba por un camino y el Silbón lo fue llevando y lo fue llevando hasta su casa. Cuando mi amigo entro a la casa, puso la mano en la escopeta, y le dijo: silba desgraciao. Ese bicho como que le tiene miedo al plomo porque no silbó más nunca.
Gustavo Olivares: Yo no jue que lo vide, pero sí los echó  un susto a yo y a Martín Galea, por ta borrachos, íbamos llegando a la casa, cuando sentimos ese bicho atrás. Jui jui jui jui juío y yo no le jacía caso. Ahí me dijo la compañera mía: pero mijo, apúrese, que usted viene rascao y ese es el Silbón  que lo trae alcanzao. Como uno pelao, no le tiene miedo a na´, pele por una peinilla y le dije: Párate ahí gran carajo, pa túmbate la cabeza de un machetazo. Pero yo y Martín a`entro de la casa porque ese sí tenía miedo. Después me jui a llevar a mi compadre Martín. Cuando venía de regreso se me pegó el bicho otra vez atrás: jui juio jui juío. Ya le digo, hasta la casa me trajo y ese silbido se sentía clarito en el patio. Yo me acosté y siguió silbando. Ese otro día amanecí aporreao, pero yo no lo vide. Jue la electricidad del, menos mal que no lo vide porque me juera asombrao.
Pa´qui, pa´rriba, está un señor llamao Sergio Fernández, a ése se le encaramó en un burro, sí señor, chuqui chuqui arriba el burro y el burro pegao y llegando a la casa lo privó. Él lo llevó a la casa de chuco. Ese es un cadáver muy feo y to´el que lo ve queda privao. Por los laos de El Vijao y que lo han visto. Porai fue que hizo los destrozos.
      Alejandro Barco: (Carpintero, fabricante de urnas desde hace aproximadamente 40 años. Este guanariteño solía realizar su oficio a cualquier hora, que algún vecino lo necesitara. Solo preguntaba la medida del muerto y en dos horas los familiares, estaban velando el cadáver)
    Yo sí creo en el Silbón, porque yo lo oí una noche en Maporita, silbaba muy duro y paraba los pelos de punta, da algo de miedo. Ese dicen que jue un muchacho que mató al papa pa` comerle la asadura. La gente dice que se corre llamando a Juan, y a un perro Tureco y enseñándole una tapara de ají, esas son las contra del.  Los que lo han visto dicen que cuando se sienta, le pasan las rodillas más arriba e` la cabeza, que son como de metro y medio, y por eso le dicen el Canillú. Por ahí por Sabana Seca, de donde es él, dicen que todavía existe, que silba mucha y machuca gente y a otros los asusta.
   Cipriano Lara: Una noche un guardia taba haciendo guardia en el comando y los otros `taban pa` dentro, y le llegó uno sonando la puerta, tuqui, tuqui, tuqui y cuando él se asomó pa` ve quién era, ve al Silbón que iba ya de salía y se le pegó atrás. Ese guardia y que iba casi volando y que no tocaba el suelo, sin botas y sin nada, porque no tuvo lugar pa` ponérselas. Los otros guardias, viendo que él iba corriendo se le pegaron atrás. Llegando a la costa del río ya lo llevaba alcanzao, ahí el Silbón, miró pa atrás y cuando lo vio, cayó pal suelo, allí llegaron los guardias lo agarraron y se lo llevaron pa`l comando otra guelta. Quedó casi loco tuvieron que llevarlo a media noche pa la medicatura, ese sí lo vio, porque el Silbón no iba corriendo, el que iba corriendo era el guardia atrás del y no lo alcanzaba.
También cuentan de un hombre que era músico de bandola dejó a su mujer solita con un vecino pendiente y se jue. ¿Usted viene esta noche? Le preguntó la mujer y él le contestó: bueno, si termina el baile vengo…sino pues vengo mañana, ahí queda con Dios y la Virgen y jue como a las 12 e` la noche que llegó punteando la bandola. Entonces, la mujer que conocía la música del hombre,  dijo: ¡Ay, será que se acabó el baile! Ajá, ¿llegó?...Sí, ábrame la puerta, pero no es preciso que prenda la lámpara, jue que el baile se terminó, se formó un brollo y yo me vine, qué voy a amanecé pua` llá –dijo el hombre- dijo el hombre y antes de que la mujer quitara la tranca a la puerta, la puerta se abrió y bum, se metió y se acostó, en la cama y ese otro día y que amaneció muerta, muertica.
Como a las 8 de la mañana se despertó el vecinao, vino y halló la puerta trancá, como ese es un espíritu no abrió la puerta. La puerta `taba  cerrá y la mujer tiesa en la cama. La había matao. Le llegó en la figura del hombre de ella.
Yo le he oío mucho silbá, pero lo corro, le digo: Mirá, Juan, escucha, azuzá a Tureco, aquí tengo la tapara de ají y el mandador y se va, le huye a todo eso.
Dicen que él tiene miedo a todo eso porque cuando él mató al papá y la mamá, su hermano Juan  y que le echó una pela con un mandador de siete nudos y azuzó al perro Tureco y le decía: Espérate ahí, gran carajo, que me mataste a mis taitas y cuando el perro por fin lo tumbó y que le juntó ají por todas partes.
    Mario Alvarado (quiboreño con 20 años domiciliado en Guanarito): Yo no creía, pero yo lo oí en Chiriguare, taba enamorao y con ella me casé. Ese bicho silba muy duro, yo me asusté mucho y apuré el burro, cuando llegué a la casa  no me prendieron la luz, por eso no  me privé, pero me dio calentura.
    Rafael Pérez Hernández: Yo lo escuché en Guanare Viejo, pero no vi la figura solo se oye el silbido, y otra vez lo escuchamos en la Prefectura de la Policía, aquí en Guanarito, silbó en la cuadra, y se estremeció la tierra, porque hasta el prefecto José Barrios que estaba durmiendo lo escuchó. Eso fue en 1966, cuando el gobierno de Leoni. Juan Pedro del Moral, era el Gobernador del estado y habíamos como 10 policías y patrulleros. Yo era patrullero, esa noche había una lloviznita, en ese momento todos nos asustamos y Yuzti, uno que ahora trabaja  en una bomba en la entrada del pueblo comenzó a rezá y Chicho Mota comenzó a maldecirlo, y le decía vete de aquí y le hacía la cruz y el bicho se fue alejando. El comandante de ese puesto de llamaba Pedro Piña, ya se murió.
   Giovanni Falcón: Yo trabajé en Los Jeyes, cerquita del hato Los Malabares, de Juan José Montenegro, ya eso era ruinas. Allí yo comencé a crecer, porque aquí en Guanarito, no le he oído mucho, pero no le tengo miedo porque creo en Dios, y uno se basa en que uno el hombre reza.
    Esa noche en Los Jeyes, cuando lo oímos, muy feo, paraba los pelos de punta, andaban tres a caballo, andábamos cazando y tres hombres bien armados no le da miedo a uno, ese lo sentíamos cerquitica hasta que llegamos a un hato llamado Mata de Bejuco, allí se apagó y no se oyó más.
      Uslar García: (maestro guanariteño de 22 años) yo le temo porque su silbido es aterrador. Cuando yo trabaja en Caño de Indio oía los relatos y en las noches de invierno rezaba para que no me saliera. Mire, un representante de la escuela llamado Lucho, un día tres de mayo hizo un Velorio de Cruz, esa tarde había llovido mucho. Ya en la madrugada salió a parrandear y los amigos le dijeron que no se fuera, que lo iban asustar, que le iba salir el Silbón, y él dijo: que me salga ese desgraciado, que yo soy más bravo que él, y agarró su burro y se fue. Cuando iba por el camino el burro no quiso seguir y Lucho le daba patadas y el burro resistió, no quería entrar en la montaña, después el burro lo tumbó y se fue. Lucho quedó allí en la montaña, tirado, inconsciente. Nosotros oímos el silbido y luego los gritos y lamentos. Salimos todos corriendo y lo encontramos privado. Él dijo que lo vio, y que era muy feo. Cuando lo estábamos llevando hasta su casa hizo un fuerte ventarrón que casi nos lleva con todo y el señor Lucho.
    Filomena Montilla: Yo oía al Silbón cuando vivía del campo, pa` allá, más abajo del Banco, en Bototico, por la vía de La Capilla. Yo tenía como quince años, eran las 10 de la noche y la gente salió a cazar. Mi padrastro y un hijo de mi mamá. Ellos trajeron una venada y se pusieron a componerla en la pata de un mamón y ese bicho parecía que estaba subío en el palo porque silbaba y se estremecía la tierra, como había como ocho personas comenzaron a remedarlo y ese bicho se puso muy bravo. Mire cuando la gente le arremeda cuente que se le pega atrás. Fue tanto el susto, que la venada la dejaron en el patio y el mañana fue que la arreglaron. El ahora no hecha broma, eso era antes, porque había pocas casas y la gente era muy renuente.
    María Espinola: El Silbón nació en el estado Zamora, pero yo le oído mucho, silba por estos llanos. A uno le da un poco de miedo, se oye silba muy lejos; pero no es un pájaro porque silba alto y el sonido es muy profundo. Ese es un aparato, un ánima en pena.
   A mi esposo una noche, de  1 a 2 de la madrugada se le pegó atrás y cuando llegó a la casa, el propiamente no abrió la puerta, sino que vio que la tranca se estaba rodando sola y sentía que lo soplaban y agarró el chinchorro y lo empezó a colgar. En eso silbó dentro de la casa, yo oí el silbido, eso lo deja a uno sin juicio.
   Lorenzo García: (guanariteño de 75 años) el Silbón es criollito de El Cucharo, hoy le llaman La Casita. Yo conocí un familiar del Silbón llamado Luís Flores, porque el Silbón se llamaba Joaquín Flores, cuando yo lo conocí a él, ya el Silbón era el Silbón. Luís trabajo conmigo, éramos obreros a caballo por todos estos hatos, por todas estas sabanas; Los Garzones, La Bonita, La Hermosa, Campo Alegre. Un día conversando tocamos el tema el Silbón, y yo le pregunté que de dónde era él, y él dijo que de El Cucharo. Y yo le dije, entonces usted es familia del Silbón; y me dijo: si… mi mamá nos dice nosotros somos familia del Silbón. Luís Flores todavía vive por ahí, por Libertad de Barinas, pero está ciego. (Sin embargo se trató de constatar a través de la familia Gómez Abreu, oriundos de Libertad y no fue posible)
       Yo lo he oído varias veces, la primera vez que lo escuché estaba con varios hombres en un velorio de cruz, un tres de mayo, eso fue por los lao del El Regalo, en una montaña llamada Guanare Viejo, como éramos bastantes, comenzamos a burlanos, y ese bicho se puso tan bravo que no silbaba, sino que chiflaba y le pegaba un aire a uno en la cara. Ahí salieron unos viejitos y lo ensalmaron, llamaron a Juan, a Tureco, el mandador y la tapara de ají, y lo corrieron. Ese Silbón no es de aquí, el llegó cuando comenzaron los barineses a transitar por estos caminos. La leyenda sí nació aquí, pero el que dicen que peleó con el Silbón no fue Juan Hilario como dice el disco, fue un señor llamado Pacheco, eso fue en El Regalo, en casa del señor Antonio Leonidas. Él iba a pesar una vaca esa noche, y se fue a dormir temprano pa` poder madrugar. Cuando está colgando la hamaca, el señor que era amigo de él, lo dijo: esta noche usted no va a dormir, por qué -preguntó Pacheco, porque esta noche lo va a machucar el Sin Fin (como también lo llaman por esos lados). Pacheco que era un hombre muy guapo, le dijo ojalá me salga pa` dale una paliza y se tiró una risa. Cuando estaba quedándose dormido, le llegó el Silbón y allí fue cuando pelearon.
       Una vez había muerto un viejito muy querido en La Calceta, como le estaban haciendo la novena,  nos fuimos un grupo de muchachas y hombres enamoraos. No había carretera, sino caminos y había mucho barrial. Nos fuimos por la orilla de alambre por los deshechos. De aquí pa allá fuimos bien, por los desechos. Cuando ya íbamos a rezar el último rosario, a las 12 p.m. Yo le dije, burlándome, si va pa` Guanarito nos espera que ya nosotros nos vamos a di, nos queda un solo rosario y dijo la rezandera: ya usted va a echá la vaina.
Nos dieron brindis: café con pan de horno y después nos fuimos. La rezandera nos dijo: el Silbón nos va a esperar y yo le contesté: Bueno, lo llevamos de compañero.
  Eso fue feo, mire, nos llevó hasta Guanarito silbando, nosotros no buscamos desechos, ni nada, toditos nos metimos por los charcos, y las mujeres dejaron los zapatos en los barriales. Cuando llegamos al pueblo nos dispersamos, cada quien cogió su camino. Yo vivía por los lao del cementerio, y me tocó seguí solo. Menos mal que mi mamá no había trancao la puerta y pude entrar. Cuando me jallé, seguro le dije. Bueno, siga solo, porque hasta aquí llego yo.

(Transcripción de Denys Farfán y Endrina Muñoz)

Otro enlace relacionado: Leyendas del Llano http://letrasllaneras.blogspot.com/p/leyendas-del-llano.html

** Otro enlace de esta autora: CARMEN PÉREZ MONTERO (poemas) http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/04/mujeres-todas-mujeres-y-otros-poemas-de.html

miércoles, 30 de enero de 2013

EL CANCIONERO POPULAR DE VENEZUELA (Arístides Rojas)


Al doctor Adolfo Ernst

EN EL NÚMERO 27 de El Cojo Ilustrado, correspondiente al 1 de febrero,  el doctor Ernst nos dedica un trabajo que se refiere al Cancionero popular de Venezuela. Con frases tan verídicas como elocuentes saluda el sabio profesor a los heraldos de la poesía española allende y aquende el Atlántico, y compara la musa popular, en una y otra región, con esas flores silvestres de la gaya naturaleza, bellas, olorosas, risueñas y casi siempre ocultas, cual si quisieran vivir aisladas de las miradas indiscretas del mundo civilizado.
Pero al estudiar las cincuenta y nueve coplas que el autor nos ofrece, como contribución a los numerosos materiales que poseemos para el folk-lore venezolano, en cuyas páginas brillarán nuestros cantos populares, encontramos que sólo veinte coplas pertenecen al Cancionero nacional, correspondiendo el mayor número de aquéllas al Cancionero español.
Disertaremos acerca de este tema, aunque sea muy brevemente, que ya podremos explanarnos cuando demos a la estampa la obra, en la cual nada dejaremos en el tintero al relatar la historia del pueblo venezolano, es decir; la historia de sus orígenes, creencias, mitología, supersticiones, costumbres, cuentos, dichos, ciencia popular, refranes, sentencias, etc., etc., y su Cancionero, ora en lo que tiene de original, debido a múltiples causas, ya en lo que hereda de los conquistadores, esto es; la belleza y gracia que en toda época ha caracterizado a los bardos del suelo ibero, donde cada aldea, cada ruina, cada valle, ríos, praderas, costas y montañas, todo nos refiere la historia de este pueblo sorprendente que vive, se nutre, prospera, se agiganta con la savia heredada de sus predecesores, desde los orígenes de la sociedad humana. El conjunto de tales materiales, después de purgarlo de cuanto pertenezca al pueblo español o a otros pueblos, es lo que constituye el folk-lore venezolano.
Nada más bello que el Cancionero español. La copla poética, siempre espontánea, sencilla, llena de gracia y de fuego; la glosa siempre hermoseada con los celajes cambiantes del sol, bajo un cielo dilatado que tiene por límite occidental las siluetas agigantadas del mundo colombino; la imaginación popular que en el extremo sur de la Europa canta a la mujer y al amor, a la familia y a la patria, participa de las claridades del Mediterráneo, de las tibias y perfumadas brisas del África, y aun del murmullo de la ola que besa las costas andaluzas y las islas Afortunadas; ola que envía al Viejo Mundo la corriente cálida del golfo mexicano. Tal poesía, decimos, es obra que se regenera y hermosea siempre por la labor de los siglos y la savia bullente del ingenio castellano. Así, el Cancionero popular de España está sostenido, en todo tiempo, por las bellezas del suelo ibero, por los astros de un cielo azul, constantes pregoneros de la grandeza nacional, desde los días en que sucumbió el romano en tierras cantábricas hasta la titánica lucha que hundió para siempre al Coloso de los modernos tiempos.
En el Cancionero español la mujer querida es el tema ideal de todos los corazones, el amor es la fuerza que sostiene el numen poético, la única luminaria que vivifica, si así puede decirse, los astros del firmamento y las flores de la tierra. ¿De dónde viene este sentimiento siempre joven, siempre poético, que celebra al amor, al hogar, a la patria? Es herencia de los antiguos días de la edad media, cuando dominaban las cortes de amor, y bardos y guerreros cobraban aliento en presencia de la serrana y de la morisca o de la esbelta castellana, que sabía atraer con sus miradas al bardo que, en dulces endechas, le revelaba su pasión al pie del feudal castillo. Es el eco de dichas y desgracias pasadas, de las épocas de lucha, cuando familias y pueblos supieron armarse en defensa de la honra nacional.
* * *
Pero el castellano, al conquistar el Nuevo Mundo (de Venezuela hablamos), al entroncarse con los pueblos indígenas y más tarde con individualidades de familias y razas de allende el Atlántico, si pudo implantar la familia con todas sus virtudes, el sentimiento poético, las costumbres, la religión, el habla, no pudo dejar por completo el Cancionero de sus antepasados con toda la pureza de su origen. Nuevos medios en los cuales iba a prosperar por un lado, y por el otro la mezcla de razas, la lucha que debía emprender contra una naturaleza espléndida, rica y atractiva, pero también llena de peligros, que constituye la verdadera escuela de los héroes populares, debían obrar en el espíritu de los futuros bardos del Cancionero venezolano. El cantor amoroso, sentimental de los pueblos andaluces y de los valles de Granada, de las costas malagueñas y de las islas Afortunadas, debía ser modificado ante la majestad de los bosques y ríos colombinos, de las dilatadas pampas, altiplanicies y de los nevados y volcanes de los colosos Andes.
En el Cancionero castellano imperan la mujer y el amor ideal que ella inspira, amor que acerca las almas a los dulces sones de la música espontánea, pura como los sollozos del niño y misteriosa como el suspiro íntimo de la joven, víctima de su propia ternura. Mas, si en el Cancionero español la mujer con todas sus virtudes es el tema de la poesía popular, en una gran parte del Cancionero venezolano, en la que se conexiona con la dilatada pampa y regiones vecinas, imperan el valor, la destreza, la agilidad, la voluntad que vence, forma a los héroes, y domeña la naturaleza agreste y terrible; la astucia que se impone a la muchedumbre, el talento natural que crea la epopeya. El domador del caballo y del toro, el vencedor del jaguar y del caimán, del hombre en fin, en lucha personal o al frente de la falange guerrera armada de la lanza de Aquiles, son también un ideal para la mujer venezolana. Si el héroe de la pampa es digno de ser cantado, el corazón de la mujer sabe también recompensar la gloria. Los antiguos vencedores del circo romano no han desaparecido. En el Cancionero venezolano los héroes de la pampa son aquellos que han sabido conquistarla, y bien merecen ellos ser cantados por la musa popular al son de los discantes y de las maracas indígenas.
Los antiguos aborígenes que en ella vivieron, no supieron aprovecharla. Carecieron del caballo, alma del llanero y del gaucho. Si en el Cancionero español el amor es imán, en el Cancionero venezolano el imán es el valor. El llanero es más belicoso que amoroso, más retraído que sociable.
El corazón de la mujer sabe también soñar con esas exhalaciones de la llanura en que jinete y caballo parece que se rinden ante la beldad querida, y desaparecen en el ardor de la pelea, para tornar sonreídos y agraciados después de haber sido fi el imagen de los antiguos hypántropos, descaladores del Olimpo. El caballo está siempre en primer término, el caballo que es para el llanero el escudo de Marte. Conocida es aquella estrofa que dice:
Mi caballo y mi mujer
Se me murieron a un tiempo;
Qué mujer ni qué demonio,
Mi caballo es lo que siento. (1)
(1) Esta copla es española, pero el cantor llanero la ha aceptado por encontrarla de acuerdo
con sus ideas.
¿Quién no conoce aquella singular proclama de Páez a sus centauros, cuando al caer su caballo muerto en una de tantas refriegas sangrientas contra el español, exige de sus soldados terrible venganza? Y en uno de tantos cantares llaneros se dice de la mujer:
Del toro la vuelta al cacho,
Del caballo la carrera.
De las muchachas bonitas
La cincha y la gurupera.

Un bardo popular castellano hubiera dicho a la niña de sus amores:
Tienes una cinturita
Que parece contrabando;
Yo, como contrabandista,
Por ella vengo penando.
Y de una manera más metafórica:
Dos columnas de alabastro
Hechas con arquitectura,
Están sosteniendo el garbo
De su pulida cintura.
-La Fuente y Alcántara(Cancionero)-

 Entre los antiguos araucanos la mujer se decidía por el amante que había alcanzado el mando, después de haber soportado sobre sus hombros pesos enormes. Las beldades cumanagotas aceptaban al más sufrido; aquél que, después de bailar y cantar durante muchas horas delante de la beldad indígena, caía rendido de cansancio y de dolor ocasionados por la mordedura de insectos venenosos, en las manos cubiertas con guantes de género, atados a las muñecas. La fuerza, el dolor, he aquí las condiciones que exigía el amor de las beldades indígenas, antes de la llegada de los castellanos. La serrana, la morisca del pueblo, la dulce castellana del castillo feudal eran menos exigentes. Para éstas, antes que el dolor y la fuerza, el amor, el amor en la música y en la suave poesía melíflua, retozona, sabrosa, como diría alguna de nuestras beldades.
Al hablar Vergara y Vergara de la poesía popular en las llanuras de Colombia contiguas a las de Apure, dice: "No ha habido ningún poeta culto de los llanos; el pueblo compone lo que canta y canta lo que compone. No acepta coplas de otras tierras. Sus composiciones favoritas son romances aconsonantados, que llaman galerones, y que cantan en una especie de recitado con inflexiones de canto en el cuarto verso. Es el mismo romance popular de España, y contiene siempre la relación de alguna grande hazaña, en que el valor y no el amor es el protagonista: el amor es personaje de segundo orden en los dramas del desierto. Indudablemente tomaron la forma del metro y la idea de los romances españoles; pero desecharon luego todos los originales y compusieron romances suyos para celebrar sus propias proezas".( Vergara y Vergara, Historia de la literatura de Nueva Granada, etc., etc. Bogotá, Echeverría Hnos., 1867, 1 v).
Esto es cierto, como lo es también que en las regiones occidental y oriental de Venezuela, el Cancionero popular ostenta otro carácter pues tiene mucho del Cancionero español, sobre todo en las costas de Coquibacoa y de Cumaná. Las canciones, romances, coplas y glosas del poeta popular en estas localidades, tiene sabor andaluz. Ya nos ocuparemos más tarde en esta materia, que trataremos con más extensión, al incluir, en nuestros volúmenes del folk-lore venezolano, el Cancionero venezolano acompañado de apreciaciones que servirán para la historia de nuestra poesía popular.
Para rematar estos ligeros apuntamientos insertamos a continuación muestras del Cancionero popular de Venezuela, del llanero, tipo único, original en su género, y una glosa del maracaibero de bastante mérito. En las primeras figura el llanero jaquetón, valeroso, cuya única gloria consiste en domar potros y sacarle lances al toro: Este tipo valeroso canta sus méritos en presencia de la concurrencia o damas que le escuchan. Son las siguientes:

En el hato de Setenta
Donde se colea el ganao,
Me dieron para mi silla
Un caballito melao;
Me lo dieron por maluco,
Y me salió retemplao.

Más acá de sí sé donde,
Juntico de la quebrada
Iba yo, ya nochecita,
Y halle la tigra cebada;
No sé qué estaba pensando
El dianche de condenada,
Que así que me vido encima
Me tiró una manotada.

“Huiste!” le dije á la indina,
No sea busté tan malcriada,
Que pa saludar a un hombre
No se le tira a la cara.

¿No ve que el morcillo es potro
Y que se asusta de nada?

Por lados del llano abajo
Donde llaman Parapara,
Me encontré con un becerro
Con los ojos en la cara;
El rabo lo tenía atrás,
Tenía pelos en el cuero,
Los cachos en la cabeza
Y las patas en el suelo;
Abajo tenía los dientes
Y arriba no tenía nada,
Y en medio de las quijadas
Tenía la lengua enredada.

Me llaman el “tantas muelas”
Aunque no las he mostrado,
Y si las llego a mostrar
Se ha de ver el sol clipsao,
La luna teñida en sangre,
Los elementos trocaos,
Las estrellas apagadas
Y al mesmo Dios admirao.

Para saltos, el conejo,
Para carrera, el venao;
Yo me parezco a los tigres
Y al león en lo colorao.
Yo no soy de por aquí,
Yo soy de Barquisimeto:
Nadie se meta conmigo,
Que yo con naide me meto.

Yo soy nacido en Aroa
Y bautizado en el Pao,
No hay zambo que
me la haya hecho
Que no me la haya pagao;
Que anoche comí culebra
Y esta mañana pescao;
Que los dedos tengo romos
De pegarle a los malcriao.

De los hijos de mi mama
Solo yo salí malcriao;
Los brazos los tengo blancos
De vivir enchaquetao;
No hay zambo que me la haya hecho
Que no me la haya pagao.

El que cantare conmigo
Ha de ser muy estudiao,
Porque lo tengo é dejar
Como feltriquera á un lao.

Conmigo y la rana, es gana
Que se metan á cantar,
Que no me gana á moler
Ni la piedra de amolar,
Porque tengo más quintillas
Que letras tiene un misal.

Yo fui el que le dio la muerte
Al plátano verde asao;
Cuando me lo dan, lo como,
Cuando no, aguanto callao.

Por si acaso me mataren
No me entierren en sagrao,
Entiérrenme en un llanito
Donde no pise el ganao;
Un brazo déjenme afuera
Y un letrero colorao
Pa que digan las muchachas:
“Aquí murió un desdichao;
No murió de tabardillo
Ni de dolor de costao,
Que murió de mal de amores
Que es un mal desesperao”.

Mi mujer está muy brava
Porque otra me agasajó…
¡Si yo tengo mi modito
Y me quieren, qué haré yo?

A ninguno le aconsejo
Que ensille sin gurupera;
Que en muchos caballos mansos
Los jinetes van a tierra. (3)
(3) El habernos decidido a insertar este corrido, lo motiva el ver figurar esta copla entre los llaneros de que nos habla el doctor Ernst.

Yo te di mi medio real
Porque me hicieras cariños;
Sólo me hiciste una vez,
Me estás debiendo un cuartillo.

Mi mama me dio un consejo,
Que no fuera enamorao,
Y cuando veo una bonita
Me le voy de medio lao,
Como el gallo a la gallina,
Como la garza al pescao,
Como la tórtola al trigo,
Como la vieja al cacao.

Yo no soy de por aquí,
Yo vengo del otro lao,
Y me trajo un capuchino
En las barbas enredao.

Si hubiere alguno en la rueda
Que con yo esté incomodao,
Sálgaseme para fuera,
Lo pondré patiaribiao
Con este brazo invencible
Que Jesucristo me ha dao,
Que en esos llanos de Achuagua
Yo soy el zambo mentao;
Yo fui el que le di la muerte
Al plátano verde asao,
Con un cabito de vela
Y un padre nuestro gloriao (4)

(4). Este “corrido” como lo llama el llanero, se remonta a los primeros años del siglo. Publicólo Vergara y Vergara por la primera vez en el volumen mencionado; pero como nosotros poseemos una copia que data del año de 1824, la insertamos íntegra, aunque exista cierta discrepancia con la copia publicada.
El otro corrido es el que sigue, de la misma época que el precedente. Según vemos, los dos cantores son de la misma fuerza.
Estando enamoriscao
De una zamba en la piragua,
Me dijo que la llevara
Para los valles de Aragua.
La zamba como era güena
Nunca se sintió aflegía
Y el caballo con los cascos
Hasta la tierra partía.
Una hoja de cinco cuartas
De la vaina se salía.
Yo cogí ese llano abajo,
Lo cogí por travesía
Y en el hato de Antón Pérez
Hice la primer dormía.
Los peones en el caney
Ya se estaban convoyando;
Entre los peones había
Un blanquito muy nombrao;
Lo nombraban Hinojosa:
—Amigo, ¿é dónde es la mosa?
—Yo le dije: blanco viejo,
Eso es mucho preguntá,
Jale por una silleta
Y póngase una sotana
Y véngame a confesá.
El blanco era e pocas pulgas
Y allí me empezó a tirá,
Con asadores calientes
Me daban con carne asaa.

La otra muestra última, es glosa de una cuarteta que fi gura en el cancionero de La Fuente y Alcántara y dice:
Llorad, llorad, ojos míos,
Llorad, que tenéis porqué;
Que no es vergüenza en un hombre
Llorar por una mujer.

El bardo popular de Maracaibo la modificó y dijo:
Llorá, corazón, llorá,
Llorá si tenéis porqué;
Pues no es afrenta ninguna
Llorá por una mujer.

Y en seguida la glosó de esta manera:
¿No llora una flor constante
Si el viento sus hojas hiere?
¿No llora el sol cuando muere
En túmulo de diamante?
¿No llora el monte arrogante
Si el viento furioso da?
¿No llora el mar cuando está
De su centro dividido?
Pues si amor habéis perdido
“Llorá, corazón, llorá”.

¿No llora la fértil planta
Por muy frondosa que sea
Cuando el viento la estropea
Y el verano la quebranta?
Llora una fiera y se espanta
Cuando á su contraria ve;
Pues si los brutos sin fe
Lloran sin terminación,
Entonces con más razón
“Llora si tenéis porque”.

Una estrella refulgente
Llora al perder su arrebol,
Y entre las llamas, el sol
Cuando sale del Oriente.
Llora en menguante y creciente
Cuando está opaca, la luna,
Como también en la cuna,
Cuando no se satisface,
Llora el hombre cuando nace.
“Pues no es afrenta ninguna”.

¿No llora una simple ave
Cuando está sola en su nido
Y que cuenta haber perdido
Su dulce emético suave?
Pues si en los pájaros cabe
Llorar su destruido ser,
En el hombre es un deber
De más fuerte obligación,
Y puede, cuando hay razón,
“Llorá por una mujer”.

En estos cantos vemos reflejado en parte el estro español. La idea es culta y bien se ve que el poeta obedece a una inspiración más elevada. 
Por el estudio cotejado que hemos hecho de las dos porciones del cancionero popular de Venezuela, vemos que el llanero nos ha proporcionado más datos históricos en las producciones de la pampa, que el amatorio con sus cantos variados del occidente y oriente de Venezuela, desde Coquibacoa a Cumaná, Margarita y Araya, estas tierras donde los andaluces de la conquista celebraron la espléndida naturaleza de la Andalucía española y contemplaron el bello cielo austral coronado por la Cruz del Sur. Sabido es que ellos bautizaron las costas y tierras de Cumaná, de Cariaco, etc., con el nombre de Nueva Andalucía. El cantor llanero de todas las épocas, nos ha narrado siempre en diversos corridos la vida política o turbulenta de ciertos personajes, sobre todo desde los días de la revolución de 1810. Él cantó a Bolívar, a Páez, etc., etc., y también a Boves, Morillo, etc., etc. Y esto es tan cierto, que a los dos meses de haber triunfado la Revolución Legalista, llegaron a nuestra colección los cantos titulados El clarín del Totumo y La Guariconga, donde están fotografiados por el poeta popular los principales tipos de Caracas y otros lugares. Así, cada reyerta, desde la guerra entre españoles y patriotas, de 1810 a 1824, hasta las revoluciones llamadas Azul, Reivindicadora y Legalista, cada una ha dejado esbozos curiosos que sabrá apreciar el futuro examinador de las tradiciones populares de Venezuela. 
Pero no son el tipo llanero de la pampa, y el amatorio de las costas orientales y occidentales de la república, los únicos que constituyen el Cancionero popular de Venezuela; existe otro tipo, el africano, de los negros de los valles de Aragua, del Tuy, de una parte de los llanos y de otra de la costa venezolana, que tiene sus cantos especiales, característicos. Este cantor de origen africano que ostenta su gala en las fiestas dedicadas a San Juan Bautista, en los lugares mencionados, merece un estudio detenido, porque todos sus actos llevan la estampa de una civilización mixta: la africana mezclada con la venezolana.

Nota: este documento fue tomado de Orígenes venezolanos (historia, tradiciones, crónicas y leyendas) de Arístides Rojas, publicado por la Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2008Selección, prólogo y cronología de Gregory Zambrano. También disponible en: 
www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97...2&tt 
Arístides Rojas,  nació en Caracas el 5 de noviembre de 1826 y fallece, también en Caracas,  el 4 de marzo de 1894. Doctor en medicina, historiador, escritor ameno, cronista y sabio entendido de lo venezolano entrañable. Se le reconoce, históricamente,  como miembro fundador de la Sociedad de las Ciencias Físicas y Naturales, en 1867, miembro honorario de la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile y miembro de la Academia de las Ciencias Físicas y Naturales de Cuba.

jueves, 24 de enero de 2013

La Vaca Esocada y El Espanto de El Bajío (Tomado de: "Mitos y Leyendas predominantes del estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero)





LA VACA ESOCADA
Esta es la leyenda nació en ese pueblo antiguo, formado inicialmente por los negros y esclavos de los fundos y haciendas pertenecientes a la mayoría de las  familias  "acomodadas" de Guanare: Ospino, tierra de retiro y tranquilidad, Allí nos encontramos con el señor Tomas Villegas, quien después de aclararnos que él no es de ese pueblo, que él vive en Acarigua, nos relata lo siguiente: Cuando yo estudiaba en la Escuela Granja de Ospino, en el año 1987, se hizo costumbre, para un grupo de estudiantes, fugarnos casi todas las noches para salir a parrandear por el solitario pueblo y en la madrugada, ya con la claridad del día, regresábamos a dormir a la escuela.
Una noche, serian como las once, la luna estaba clarita y salimos del dormitorio Said Antonio Valdez, Antonio Cedeño, Freddy Colmenárez, Ildemaro García y yo,  atravesamos el puentecito donde estaba la quebrada, donde muchos estudiantes habían visto muchos espectros nocturnos como figuras de enfermeras, hombres vestidos de blanco, marranos y una vaca que era el espanto del que mas oía hablar en el ambiente y cuando ya íbamos llegando a la cerca por donde estaba el hueco por donde solíamos escapar, un ruido extraño y escalofriante nos detuvo, todos nos miramos y exclamamos al mismo tiempo ¡Dios mío!... ¿Qué es eso?. Nos quedamos petrificados y el ruido que se sentía por debajo de la tierra y que estremecía el suelo donde estábamos parados se hizo cada vez más fuerte, era como un animal pesado, lleno de huesos, que bufiaba a la vez que arrastraba una pata de palo. Sentimos que (la cosa) se acercaba cada vez más y, sin embargo, no lo vimos pasar. ¿Cuánto tiempo duro ese ruido desconocido? No lo sabemos pero fueron minutos interminables. Nosotros creemos que lo que nos salvó de un susto mayor fue el vigilante que en ese momento sonó el pito y nosotros recobramos el aliento y pudimos movernos. Yo fui el primero que salió corriendo y los demás me siguieron. De la cerca al dormitorio yo creo que tardamos un minuto. Esa fue mucha carrera. En la mañana siguiente le contamos a Luis Terán, el viejito de la bodega de la esquina, el nos dijo: Esa jue la vaca asocá que les salió, menos mal que no la vieron porque no jueran echao el cuento, la gente que la visto ha quedao privá y muchos, hace tiempo, se murieron del susto.
 Nosotros le preguntamos al señor, por qué la la llamaban la vaca esocada y el nos respondió: Bueno, poco antes cuando esa vaca salía bastante, muchos la vieron y decían que era una vaca escoyuntá. Bueno, ¿Cómo les digo?... una vaca con los huesos dislocaos, que caminaba tirando las patas pa’ los laos. La gente de antes decía que ella salía en el Barrio Abajo y caminaba por toa la calle Principal, pasaba por la plaza y se perdía por los laos de Barrio Nuevo. Ese espanto es muy viejo aquí en Ospino, más bien ya no sale casi porque esa vaca hoy en día se asusta cuando ve a los roba ganao.

 EL ESPANTO DE EL BAJÍO
          Esta historia es muy vieja en el pueblo de Turén. Siempre entre los músicos se acostumbraba después de las tertulias, las serenatas y los "palitos", encargarle a los que debían atravesar casi todo el pueblo para llegar a sus viviendas, que se cuidaran del Espanto del Bajío. El Bajío  es un sector de Turén llamado así porque en épocas de lluvia este terreno se inundaba y era casi imposible transitar por él.
      Es conveniente recordar que en esta época de guerra y guerrillas la gente que tenía dinero acostumbraba en colocarlo en tinajas de barro y enterrarlo, unos porque se incorporaban a los ejércitos convencidos de sus ideales liberales o conservadores y otros, para evitar que esos mismos ejércitos que tenían fama de revoltosos y abusadores pudieran robárselos.
       Wilman Rodríguez, habitante de La Colonia Agrícola de Turén y yerno de María Alibardi de Ruffato, narró que una noche, estando el joven, se fue con unos amigos a dar serenatas en Turén y ya pasada la una de la madrugada tuvo que regresar solo para La Colonia Agrícola de Turén. Como estaba ebrio y caminó mucho acompañando a los amigos, se perdió y de repente vio una luz fuerte que daba diferentes colores. A veces daba visos azules, verdes, morados y reflejos amarillos.  Wilman reflexionó y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba en el sitio llamado El Bajío y la luz que brillaba con diferentes colores estaba, precisamente, en el lugar donde, supuestamente,  existió la antigua ceiba donde, segun la leyenda, en tiempo de Cipriano Castro, un hombre seguidor del General Rafael Montilla, El Tigre de Guaitó, hizo enterrar su fortuna en el pie de esta frondosa ceiba. Este hombre utilizó los servicios de un peón para abrir el hueco y después, temiendo que este pudiera robar el dinero o divulgar su existencia, lo mandó a meter dentro del hueco con pretexto de que acomodara el cajón contentivo de las morocotas de oro e inmediatamente, le dio muerte con el pico y lo enterró junto con el tesoro.
            A Wilman se le paso la borrachera y rápidamente busco la salida hacia el centro del pueblo y de allí el camino para La Colonia, sumamente asustado por todo lo ocurrido. Después de ese incidente fueron muchas las personas que lo aconsejaron a Wilman Rodríguez que volviera al sitio, que ese dinero era para él, pero Wilman no quiere saber nada del Espanto de El Bajío y prefiere seguir siendo el humilde maestro de música que vive de su trabajo.



Otro enlace relacionado: Leyendas del Llano http://letrasllaneras.blogspot.com/p/leyendas-del-llano.html

** Otro enlace de esta autora: CARMEN PÉREZ MONTERO (poemas) http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/04/mujeres-todas-mujeres-y-otros-poemas-de.html