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jueves, 19 de noviembre de 2020

Cultura Unellez VIPI 42. Leyendas venezolanas. Mercedes Franco (entrega 3)

 

Mujer llanera. Imagen de Santos Kiroga en el archivo e Cultura Unellez Vipi



Todos los textos de esta entrega pertenecen a Mercedes Franco, escritora venezolana de prestigio internacional,  ganadora del Concurso Nacional de Cuentos y Relatos: Misterios y Fantasmas Clásicos de la Llanura "Ramón Villegas Izquiel", organizado por la UNELLEZ-San Carlos, en 1999.

Gracias por su visita

Isaías Medina López

Coordinador.




LA MONJA DE LA BUENA SUERTE (Mercedes Franco)

Hay un fantasma que la gente en Falcón ansía ver. Se trata de Sor Lérida, la Monja de la Buena Suerte. Según la tradición, esta monjita vivió en Coro en el siglo diecinueve. Amaba a los animales y al ver a un capataz golpeando a un pobre burro con un enorme garrote, Sor Lérida intervino.

No se sabe si fue adrede o por accidente, pero la buena mujer recibió sobre su cabeza el golpe dirigido al asno y falleció en el acto. Poco tiempo después un hacendado la vio, y desde ese día, su hacienda prosperó. Contaban que todo aquel que la veía obtenía instantáneamente una increíble buena suerte. Desde entonces los coreanos anhelan poder ver algún día a Sor Lérida, la Monja de la Buena Suerte.

 

 

MAYO (Mercedes Franco)

Mes de los fantasmas en el Llano. Las lluvias comienzan, los largos chubascos sabaneros comienzan a hacerse reverdecer el paisaje. Sin embargo, en todo el llano comienzan a oírse anécdotas: “A Juan García le salió el Maute embrujado”, “Pedrito Silva vio como un celaje, cerca de la laguna”. Y es que mayo es en el llano el mes de los fantasmas y las apariciones sobrenaturales.

En el llano venezolano, mayo es el mes de los pasos invisibles. La cruz de mayo relumbra en el cielo, en las noches más claras, mientras entre las hierbas altas deambulan sombras espectrales. El Silbón deja oír en Portuguesa su llamado, confundido con el canto de la “pavita”. Y cerca del Arauca, el Fin-fin lanza en la brisa sus golpes invisibles.

En Cojedes el Jinete sin Cabeza galopa en las noches de mayo. Y también el bravo Ezequiel Zamora, que por oscura traición perdió su vida. En el Guárico un becerro espectral persigue a los trasnochadores, con un bramido demoníaco. Y ¿qué decir de nuestros Llanos Orientales, donde el oscuro caballo de Piar galopa por los caminos sabaneros?

“Las lunas llaneras perturban el juicio”. Lo decía el maestro Don Rómulo Gallegos. Quien allá contemplado la luna de Barinas lo sabe bien. Esa luna de oro, alta y agorera, parece un sol nocturno entre los chaparrales. Esa luna de mayo alborota a la gente y a los animales, que empiezan a salir de sus madrigueras. Y alborota también a los fantasmas.

 

MÉDANO BLANCO (Mercedes Franco)

En la península de Paraguanà hay un extraño lugar llamado Médano Blanco. Refiere la tradición que quien pasa la noche en ese lugar, se quita la vida. Pareciera que existen allí fuerzas malignas, que perturban a la persona y lo llevan a atentar contra sí mismo. Los numerosos casos de suicidio en ese lugar parecieran confirmar tan curiosa creencia.

 

MOMOYES (Mercedes Franco)

Son los inquietos duendes de los Andes, que habitaban nuestras montañas mucho antes de la llegada de los conquistadores. Quienes han logrado verlos los describen como pequeños hombrecitos, de no más de 40 centímetros. Visten hermosos trajes a la usanza india, hechos con hojas y flores del monte. Usan penachos de coloridas plumas y en la mano llevan una rama verde, a manera de bastón.

Los Momoyes pueblan las lagunas y ríos de Mérida y Trujillo. Se les ha visto en la Laguna Negra del Páramo de Niquitao y en la laguna del Páramo de Guaramacal. Hacen sentir su presencia de mil maneras. Cantan bellas canciones, silban y hacen travesuras a viajeros y excursionistas: esconden los fósforos, botan los alimentos y extravían las cosas. Pero son duendes ecologistas y cuidan las lagunas andinas, así como la flora y la fauna de los páramos.

En Mérida se hablaba de un furioso Momoy que azotaba con su bastón a los que acampaban en el Páramo de La Culata, sobre todo si dejaban basura en el lugar. Incluso se cuenta que un excursionista descuidado lanzó una lata de refresco a una laguna y vio con asombro cómo aquel objeto contaminante del ambiente le fue devuelto violentamente por un Momoy.

Estos incansables duendes indios son alegres y benévolos, pero si te fastidian sus travesuras y quieres ahuyentarlos definitivamente, bastará con ignorarlos. Es algo que no pueden soportar.

 

MONO (Mercedes Franco)

Animal que puede personificar al Diablo. Generalmente se atribuye al mono facultades de imitador. Y se dice que el demonio es el gran imitador de Dios, que se presenta al hombre pretendiendo semejarse en poder y rango a su Creador. Cuentan que hubo en Valencia un hombre que se burlaba cruelmente de su madre cuando ésta le oraba al Sagrada Corazón de Jesús. Las burlas del hombre aumentaban cuando se embriagaba, lo cual era frecuente.

Un día, después de insultar a su madre y al Corazón de Jesús, se fue a dormir en su hamaca. Entonces vio frente a sí la imagen del Sagrado Corazón, en tamaño natural. El hombre enmudeció, y casi se desmaya de miedo cuando vio aquella imagen transformarse en un mono grande que le hacía horrendas muecas. Entonces corrió y se refugió en el regazo de su madre. Rezó a Dios junto a ella y se arrepintió de sus burlas.

Pero desde entonces debió dormir abrazado a un crucifijo, porque cada vez que se acostaba en la hamaca, por las cabuyeras de su hamaca comenzaba a bajar un mono pequeñito que sólo desaparecía al mostrarle la cruz.

 

 

MONSTRUO DEL ÁVILA (Mercedes Franco)

Muchos campesinos aseguran que en el Ávila existe un monstruo y que sus rugidos pueden escucharse algunas noches. La causa de esta leyenda es un misterio total. Sin embargo, los temores de los campesinos pudieran estar relacionados con un médico alemán que vivió en Galipán durante el pasado siglo y que según cuentan, conservaba momificadas a toda su familia a medida que morían, pues era un experto embalsamador. Desarrollaba experimentos que apuntaban a prolongar la vida después de la muerte.

Al morir el doctor su ayudante lo momificó y le inyectó el  suero experimental sobre el cual el alemán trabajaba. Dicen que el viejo doctor volvió a la vida en una especie de estado catatónico. No puede morir y recorre la montaña en las noches lamentando su destino.

 

MULA MANEADA (Mercedes Franco)

Esta extraña aparición data del siglo diecinueve. Es una mula espectral, con las patas amarradas. Resopla furiosa, lanzando llamaradas por el hocico. Cuenta la tradición que una mujer perversa llamada doña Ramona Esqueda, tenía una mula entrenada para dar mortales coces. La usaba para castigar a sus esclavos. La mula se fue volviendo cada vez más peligrosa. Fue preciso “manearla”, es decir amarrar sus patas para evitar las terribles patadas.

Comenzó la guerra de Independencia y la hacienda fue quemada. Los animales huyeron, menos aquella mula, que por estar maneada no pudo escapar. Concluida la guerra, comenzó a aparecer en los bloques la mula infernal, aterrorizando a los pacíficos campesinos que reiniciaban sus siembras devastadas por la larga lucha.

 

ENCANTADOS (Mercedes Franco)

Los encantados o encantadas del agua son espíritus fluviales de los ríos y pozos de montañas. Se habla de ellos en la Cordillera de la Costa, en los Andes y en todas las regiones montañosas de Venezuela. Se supone que cautiva a las jóvenes incautas y a los viajeros para llevarlos al fondo del agua, a vivir con ellos en sus palacios de cristal y espuma. Se presentan en forma de hermosas doncellas que se bañan y juegan alegremente en nuestras aguas dulces, al igual que las ninfas del agua en la mitología grecolatina. Si se les encuentra por casualidad, nunca debe dárseles algún regalo. Y si preguntan el nombre, hay que decirlo al revés, sólo así logrará escapar.

 

AVES DE MALA SUERTE (Mercedes Franco)

Hay, multitud de aves considerabas de mal agüero en Venezuela, como la Pavita, la Piscua o Pezgua, el Chaure, el Ches y el Guineo. Su canto se supone que anuncia la muerte de alguien cercano o la desgracia. Algunas personas extienden estas propiedades hasta el Cristofué.

Este tipo de pájaros son generalmente ahuyentados rápidamente cuando cantan cerca de alguna casa. Estas creencias parecieran venir directamente de la España medieval, en la cual había pájaros de canto agorero. En el Poema del Cid las huestes “oyeron la corneja siniestra”, significa que el ave cantaba a la izquierda, claro indicio de desgracia.

 

QUEBRADA DEL JASPE (Mercedes Franco)

En nuestro estado Amazonas, cerca del kilómetro 273, se revela una de las maravillas de nuestro país: La Quebrada del Jaspe, un lugar mágico donde la piedra roja, semipreciosa, colorea las aguas y las hace parecer de sangre. El sol golpea de lleno la impetuosa cascada. Un gran arcoíris se derrama sobre las rocas.

Esta quebrada tiene una rara leyenda: mucha gente en el lugar asegura que desde aquí comenzara el Apocalipsis.

 

RAPTOS MÁGICOS (Mercedes Franco)

Muchas personas aseguran haber sido raptadas por duendes y fantasmas. Una jovencita en Falcón afirmaba haber sido secuestrada por un Cereton que intentaba seducirla. Ella logro escapar y lo alejo embadurnando su cuerpo con  sangre de pescado, animal que parecen detestar los duendes. Otra muchacha de Barcelona, en el estado Anzoátegui, afirmaba haber sido sacada de su habitación durante la noche por una fuerza invisible, que la llevó a una montaña. Allí se encontró sola, en la oscuridad, pero una voz amable la tranquilizaba. Se durmió en brazos del desconocido. Al amanecer pensó que vería al fin el rostro de su gentil raptor, pero solo encontró miles de flores a su alrededor.


REBULLONES (Mercedes Franco)

En la novela Doña Bárbara, nuestro gran escritor Rómulo Gallegos habla de los Rebullones. Eran extraños pájaros portadores de la desgracia y la muerte, sedientos de sangre de vaca en el techo de la casa, para que bebieran.


viernes, 10 de julio de 2020

Cultura Unellez-VIPI 23. Leyenda de la Virgen del Carmen (Isaías Medina López)



La Virgen del Carmen en San Carlos, Cojedes.
Imagen en el archivo de Samuel Omar Sánchez

Hace 3.000 años, un hombre agobiado por el sol abrasador cruza el desierto donde ha vivido siempre, al igual que sus ancestros. Su calzado y su vestido están hechos de piel de animales. Es tan pobre que Dios debe encargarse de su protección: le oculta en un pequeño oasis en el que solo los cuervos le llevan pequeños bocados de comer. Se trata de Elías, un profeta que no puede cambiar las condiciones de su existir, pero, está a punto de realizar actos que  modificarán la vida de muchos hasta el presente.

El reino de Israel, al que pertenece Elías,  padece años enteros por la falta de lluvias, sus campos están resecos, animales, plantas y personas mueren de sed.  Para resolver este mal el Supremo le encomienda a Elías la tarea de hacerle ver al rey Acab y a muchos israelitas que le siguen, el grave error cometido al desconocer a su Creador y adorar a Baal, divinidad de los filisteos; esa es la causa de su castigo.  Elías, sin temor alguno, lanza un reto público al irreverente rey Acab y a 450 profetas de Baal en la cumbre del Monte Carmelo, con todos los israelitas como testigos y árbitros.


La Virgen del Carmen, pintura sobre madera. San Carlos, Cojedes. 
Imagen en el archivo de Maritza Torres Cedeño


Elías hace erigir en esa montaña dos altares, con abundantes troncos y un toro sacrificado. En uno, los profetas de Baal intentan encender la hoguera que les corresponde invocando a su divinidad, pero fallan. Elías en el altar consagrado a Dios vierte agua sobre los leños e invoca al Supremo, quien de inmediato da fuego a la humedecida madera. Los 450 derrotados profetas del falso dios Baal son sacrificados por el propio profeta  Elías.


Escapularios de la Virgen del Carmen. San Carlos, Cojedes. 
Archivo de Maritza Torres Cedeño


No satisfecho con esa demostración, Elías anuncia el fin de la sequedad que padece Israel. Confiando en la promesa que Dios le hiciera, le pide  al avergonzado rey Acab  que coma en la cumbre del Monte Carmelo. Desde esa cima, Elías le pide a uno de sus seguidores que  vigile el cercano mar en busca de una señal divina. A la séptima ocasión de estar asomado hacia las aguas, el asistente le dice que solo divisa una pequeña nube blanca y azul no más grande que la palma de una mano. Al posarse sobre los allí reunidos, la pequeña nube o estela de color azul y blanco cambia su inocente apariencia y se transforma en benéfica lluvia que irriga los campos, sacia los ríos y aplaca la sed de los israelitas que han vuelto sus corazones a Dios. Es un espíritu absoluto ajeno a la corrupción de la carne.

A los días, el lugar de este suceso bíblico,  el Monte Carmelo,  se convierte en  refugio para muchos creyentes de semejante milagro y serán conocidos como la Orden del Carmen y al tiempo Orden de los Carmelitas Descalzos, mientras que la dama que salva a Israel pasa a ser venerada como la Virgen del Monte Carmelo, abreviado a Virgen del Carmen, de inmaculada pureza y enviada por el mismo Dios para remedio de males de esa nación. Además será protectora de quienes viven del mar -de cuyo cielo proviene-.

Los Carmelitas Descalzos  habitan las cuevas de esa montaña con votos de castidad y pobreza. Los que de allí emigran relatan ese y otros milagros de la Virgen del Carmen que iban en constante aumento, su fama, se extiende así por pueblos del mar Mediterráneo,  África, Europa y después Asía, Oceanía y América.

Pero, no solo la Virgen del Carmen se ocupa de interceder ante Dios por los que padecen enfermedades o por quienes piden protección de sus cosechas o rebaños, también, se le asume como salvadora  de las almas que están en el Purgatorio, para alcanzar tan extraordinario  logro su vía más notoria, además de la oración y la fe serán los escapularios, portento de fama mundial, como lo fue su primera aparición en el Monte Carmelo y que le será revelado en esta ocasión, mediante un sueño,  al prior de los Carmelitas Descalzos: San Simón Stock, en la fría Inglaterra del siglo XIII, agobiada por pestes, invasiones y guerras. Según queda en la historia los que fallezcan portando los escapularios de la Virgen del Carmen no serán condenados al infierno.

Tres siglos después, de su aparición a San Simón Stock, en la España de  1562,  dos de las figuras más importantes de la literatura hispánica Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, darán nuevo auge y renovado perfil de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Estos afamados poetas compartirán sermones, cartas y proclamas que exaltan las bondades de la Virgen del Carmen como enviada sublime de Dios mismo, generoso padre todopoderoso.

Treinta siglos luego de su prodigiosa aparición en el Monte Carmelo su culto es uno de los más antiguos de la humanidad. La Virgen del Carmen es considerada Patrona de países como Chile y de ciudades en España, Costa Rica, Perú, Ecuador, Panamá, Nicaragua, México, Guatemala, Puerto Rico, Venezuela, Uruguay, Argentina y Bolivia. Incontables templos, santuarios, capillas, altares  y  cofradías le recuerdan en canciones, desfiles devotos, muestras artesanales de los más diversos materiales, y prendas de vestir, en las que resalta la confección de sus escapularios.    

También le invitamos a leer:

 

Poética de la Virgen del Carmen (versos, reseñas y fotografías)

http://letrasllaneras.blogspot.com/2014/06/poetica-de-la-virgen-del-carmen.html

 

FESTEJOS A LA VIRGEN DEL CARMEN (versos y fotografías) http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/06/festejos-la-virgen-del-carmen-versos-y.html

 


LA VIRGEN DEL CARMEN: RESEÑAS, ORACIONES, CANTOS Y POEMAS

http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/04/la-virgen-del-carmen-resenas-oraciones.html

 

Gracias por su visita. Isaías Medina López


martes, 2 de junio de 2020

Cultura Unellez-VIPI 15. Fiestas de San Antonio (y un cuento) Isaías Medina López

San Antonio de Padua en su natal Lisboa.
Imagen en el archivo de Maritza Torres Cedeño


Las fiestas en homenaje a San Antonio de Pauda, el 13 de Junio, que puede abarcar días previos y posteriores,  tienen como epicentro nacional los estados Lara, Falcón, Yaracuy y Portuguesa, con registros, también, aun cuando  de menor intensidad en Cojedes, Barinas y Zulia. El patrono de la recuperación de los objetos perdidos, guardián de la salud, proveedor  de buenas parejas y de prodigiosas cosechas, tiene diversas formas de culto dentro de amplitud la religiosidad popular, centrados, principalmente,  en el pago de promesas por los favores recibidos.

Procesión de San Antonio, en el archivo de Gerardo Rodríguez

En su realización destacan los rezos, el engalanado de altares, procesiones, entrega de ofrendas, repartición de alimentos, despliegue de fuegos artificiales, sonar de campanas, igualmente, significativas muestras de poesía, cantos, bailes, la destreza de los juegos de garrote, así como la vivacidad de cuatros, maracas y tambores, que rebasan la notoriedad del tamunangue, su componente artístico más significativo, pero no el único.  

San Antonio en el templo. Imagen en el archivo de Gerardo Rodríguez

Otro elemento muy vistoso son las vestimentas de los devotos en sus bailes (que pueden durar el día entero, extensible hasta bien entrada la noche y/o el siguiente día): liquilique y sombrero de cogollo, los hombres; faldas largas, con estampado de flores, blusas de faralaos, flores entre sus cabelleras y alpargatas, las mujeres. En las últimas décadas se ha incrementado la producción artesanal relacionada con la imagen de San Antonio, tallas, estampas, vestidos y hasta bebidas e instrumentos musicales para sus festejos. 

Sobre algunos detalles de la vida y la poesía dedicada a este santo le recomendamos la lectura del siguiente enlace: “SAN ANTONIO ES POESÍA DE VIDA: Fuerza, felicidad y fe” (biografía del santo, poemas y fotografías)

Los afamados "Panes de San Antonio" y otras ofrendas. Archivo de Gerardo Rodríguez

Sobre los pueblos y ciudades bautizadas en su honor recomendamos este enlace: 
SAN ANTONIO DE BERRÍO: EL PRIMER PUEBLO FUNDADO EN COJEDES (Argenis Agüero)

De los cuentos que generan sus milagros, le proponemos  la lectura de una pieza del famoso escritor venezolano  Rufino Blanco Fombona:


Canto, música y poesía al patrono. Imagen en el archivo de Gerardo Rodríguez
                     

                       EL CANALLA SAN ANTONIO
Se llamaba Casimiro Requena, y nació en una aldehuela de los Valles de Aragua. Su profesión consistía en vender agua a domicilio. Muy de mañanita se le encontraba a horcajadas en el anca de su burra pelicana: Gracia de Dios, como él la llamaba. Gracia de Dios, cargada, además, con dos barriles, tomaba el camino de un manantial vecino, donde el agua pura, cristalina, semejaba el agua de un filtro.

Promocional de las Fiestas de San Antonio

De regreso de la fuente, Gracia de Dios, cimbrándose con sus dos barriles llenos de agua, y con Requena caballero en el anca, atravesaba las mismas calles de siempre, se detenían ante las mismas casas y emprendía nuevamente, cada hora más o menos, el camino de la fontana.
Gracia de Dios parecía una persona, y en opinión de todo el mundo era más inteligente que su amo y señor, Casimiro Requena. Casimiro, de carácter taciturno y mal genio, era asimismo torpe como un cerdo. Pequeño, barrigón, asanchado, semejábase a un tonel. Era bizco, y se afeitaba todo el rostro; pero no se afeitaba a menudo, por donde siempre parecía, a pesar de su lustrosa persona, con aspecto demacrado o aire de enfermo. Lo apodaban el Sacristán, tanto por su cara rasa como por su fervorismo religioso, y porque en sus primeras mocedades fue monago. La fe del Sacristán no era mojigatería. Nunca sentimiento más sincero anidó en el pecho de un hombre. La fe de Casimiro era proverbial. Hasta las mujeres le daban bromas.
A la puerta de la iglesia, y al salir de misa la mañana de un domingo, cierto chusco de un corro, dirigiéndose a Requena:
— Casimiro —le dijo—, ¿quieres comprarme un hueso auténtico del Espíritu Santo?
Todo el mundo se echó a reír; pero Requena iba descuartizando al deslenguado.
— No haga usted caso de ese vagabundo, Casimiro; no se incomode —aventuró alguien con ironía.
— Cómo no hacerle caso —murmuraba Requena—, si viene a burlarse en mis barbas de las cosas divinas. ¡Un hueso del Espíritu Santo! ¡Ignorante! ¡Los huesos del Espíritu Santo los tiene el Papa!
Casimiro era quien vestía las imágenes la víspera de la fiesta patronal, por Semana Santa y por Pascua. Era el primero que tomaba su cirio en las procesiones; era él, además, quien regalaba al cura los pollos más gordos, los marranitos mejor cebados, los nísperos más ricos y olorosos.
Casimiro prestaba todo género de servicios al cura, creyendo servir a la iglesia y, lo que es más, a Dios. Cierta ocasión el cura se valió de los buenos oficios del Sacristán contra “un enemigo de la iglesia”.
Un jovenzuelo del lugar, recién llegado de Caracas, donde se empapó del volterianismo callejero, fundó un periodicucho jacobino, El Rayo, no mayor que un pañuelo. Allí insultó al Gobierno, en la persona del jefe civil, y al Clero, en la persona del cura.
El magistrado era inamovible. Por enfermedad vivía de largo tiempo atrás en aquel pueblo, y como era inteligente, honrado y bueno, todo el mundo lo quería, y el Gobierno no pensaba en sustituirlo. El magistrado, pues, sonreía a los ataques de El Rayo. No así el cura. El cura contestó los ataques al Clero y a la Iglesia en El Mensaje Católico, diario provincial también. Pero sus argumentos no contundían al adversario. El cura se comprendía menos fuerte que su enemigo.
Las opiniones se dividieron en el poblacho “los progresistas”, es decir, los adeptos de El Rayo, contaron la mayoría. El periodista ateo triunfaba del cura. Entonces fue cuando el cura, como último argumento polémico, envió una medianoche a Casimiro Requena para que apalease al periodista.
— Lo mataré, señor cura; cuente usted con que lo mato.
— Matarlo, no, hijo —argumentaba el cura. La muerte es un crimen. ¿Y crees tú que Dios perdonaría ese crimen? Una buena paliza. Con eso basta. Así abandonará el pueblo.
Casimiro Requena volvía a su idea.
— ¿Y si me ataca, señor cura? Si me ataca, lo mato. Lo mato por Dios, y Dios me lo perdonará.
El cura se daba cuenta de la situación. Si aquel animal asesinaba al periodista, él, el párroco, a pesar de sus talares y santas vestiduras, se vería complicado en el crimen. Por eso le pronunció a Requena un discurso espeluznante y decisivo. Sin embargo, cuando Requena partió iba murmurando entre dientes:
— Esta bien, no lo mataré. Pero lo sangraré.
El servicio de agua terminábase a mediodía. Requena aprovechaba la tarde —después de la siesta y antes de la indeclinable partida de bolos— en el corte de hierbas por los campos comarcanos. Esa hierba constituía la cena de Gracia de Dios.
A veces Casimiro se iba al pesebre a ver comer a su burra, su compañera, su amiga, su confidente, su único amor humano, el amor de sus amores terrenales. Se complacía en ver cómo lucía la piel de Gracia de Dios y le pasaba la rasqueta, peinándola como si peinase a una gentil novia. El maíz se lo remojaba en una tina de agua salada. La borrica miaraba aquellos preparativos con miradas golosas, y cuando el Sacristán no se daba prisa a servirla, junntaba las orejas sobre la frente rompía a rebuznar: “¡Vouugh! ¡Vouugh!”.
— Ya voy, golosa; ya voy —respondíale Requena, como si la burra fuese una persona, y mirándola con ojos enamorados.
Un día el Sacristán, según su vieja costumbre, se levantó a la madrugadita; calentó su café, mascó su biscocho y se dirigió al pesebre para enjalmar su burra. Pero su sorpresa fue grande. Gracia de Dios no estaba allí. Requena corrió afuera, a la calle. La puerta estaba abierta. Desde la acera, Casimiro escudriñó la calle profunda, apenas clareante por un presentimiento de aurora. Luego anduvo, anduvo cien, doscientos, trescientos metros más oteando, escudriñando, interrogando las sombras. De pronto se llevó la mano a la cabeza y advirtió que estaba sin sombrero; pensó también que había dejado su portón abierto y regresó. De camino encontrándose con otro madrugador.
— Fulano, ¿sabes? —le dijo—, se me ha extraviado Gracia de Dios.
— Te la habrán robado más bien.
— No creo; el cabestro parecía mascado; además, no era muy nuevo, y ya sabes, la burra es fuerte.
— Pero tu burra no tiene alas; ¿cómo pudo salirse?.
Y explicándole Requena cómo por endiablada casualidad el portón quedó esa noche abierto, continuaron los dos hombres, a las primeras luces del alba, caminado y hablando a través del pueblucho dormilón.
casimiro tuvo que alquilar una borrica para el servicio de agua. Comprar no quería comprar otra bestia. Él no desesperaba de encontrar un día u otro aquella ingrata pero querida Gracia de Dios. Contaba para ello con San Antonio. Él siempre fue devoto de San Antonio, y no dudaba que el buen Santo le devolvería la burra.
Al San Antonio en su cabecera le encendió velas durante varios días; pero este santito de la casa no le parecía suficiente a Casimiro para tamaña empresa. “El San Antonio de la iglesia es más milagroso”, pensó Requena. El San Antonio de la parroquia, grande como un hombre y dulce como una mujer, era una preciosa imagen tallada en madera. A él fue Casimiro. Le pidió, le rogó y puso un paquete de velas a arder en el altar. Las oraciones y las velas menudearon; pero la burra no aparecía. Casimiro no desconfiaba. “San Antonio no puede sino oírme”, pensó, y creyendo que las ofrendas obligarían al Santo, Requena dio al cura cuantos ahorrillos guardaba en el forro de su catre para que comprase a San Antonio un traje nuevo.
— Con ese dinero puedes comprar otra borrica — le dijo el cura.
— ¡No importa, señor cura! Yo no quiero otra burra; yo quiero mi Gracia de Dios.
A la postre llegó el traje nuevo de San Antonio. La mañana que el Santo estrenaba el vestido, Casimiro, al despertarse, voló al corral. Algo le decía en el corazón que Gracia de Dios estaría allí pastando en su pesebre como si nunca se hubiese ausentado. La desilución de Requena fue grande: Gracia de Dios no estaba allí. Y este milagro fallido le hacía imaginar que esa mañana volvía a perder su burra. Requena empezó a resentirse con el Santo.
“¡Cómo —pensaba— este Santo le hace milagros a todo el mundo y a mí no quiere hacerme! ¿Qué le dan los otros? Una vela, nada. ¿Qué le rezan? Una oración, y se van. Yo, en cambio…
Y por la frente de Casimiro pasaba el recuerdo de los sinnúmero paquetes de velas quemados, del lindo traje nuevo y de las oraciones interminables, de las noches de ruego que él había consagrado al San Antonio aquel, tan olvidadizo, tan ingrato.
Casimiro empezaba a desesperar. San Antonio no quería cumplir el milagro de volver la burra a Requena. El el alma del Sacristán aquella injusticia de San Antonio hizo nacer un sentimiento invencible de repugnancia al Santo; la repugnacia fuese cambiado en rencor con la persistencia de la injusticia, hasta convertirse a la postre en la llama de un odio. Requena odiaba a San Antonio: no al beato del santoral, sino al santo de la parroquia, la imagen de la iglesia, aquel sordo, injusto, despiadado San Antonio del lugar.
En la obtusa cabeza de Requena empezó a germinar la idea de sustituir aquella imagen por otra del mismo santo. ¡Si él pudiera regalar otro San Antonio a la iglesia! Un día, sin más ni más le preguntó al párroco:
— Señor cura, ¿Cuánto vale un San Antonio?
El cura le informó. Un San Antonio costaba muy caro. El Sacristán no podía pagarse el lujo de hacer una revolución en el iglesia y destituir al San Antonio de injusticia recalcitrante.
Una tarde, libre ya de su despacho de agua, tendido sobre la hamaca, se puso a pensar. “Iré al templo, a la puerta, lanzaré un puño de tierra al aire, y en la dirección en que la tierra eche a volar partiré en busca de Gracia de Dios. San Antonio, movido al fin de mi piedad, me envía esta idea. ¿No es verdad, Dios mío?”
Era ya muy entrada la noche cuando Requena regresaba a su casita silencioso, cabizbajo, ceñudo, triste. Gracia de Dios no aparecía. Aquello era una burla de San Antonio. A tal idea, Casimiro espumaba de ira.
A la mañana siguiente, cuando el monaguillo abrió la iglesia para la misa de cinco, Requena espiaba tras los árboles de la vecina plaza. Apenas abrieron entró. Los pasos del monaguillo se perdían en el fondo, bajo la bóveda del templo, cuando Requena se llegó al altar de San Antonio. No se arrodilló ni se signó ante la imagen, sino que dijo, como si hablase con el Santo:
—Tú no eres San Antonio, sino San Diablo.
Dos viejas entraron en ese instante. El chancleteo de los seniles pasos repercutía en el fondo, hacia el altar mayor. La beatas se arrodillaron frente al Sagrario, mascullando sus preces. A poco se sentaron. Requena las miró y luego miró a la calle. La calle se calaraba por segundos. La aurora precipitaba su carrera. Entonces Requena, apresurándose, sacó la vidriera y ya abierta la hornacina, donde triunfa la bonhomía de San Antonio, sacudió al Santo, que rodó por tierra con fracaso.
Y mientras las dos beatas, pavoridas, chillaban, y el monago acudía, blandió a Requena el machete y decapitó al santo.
Y la cabeza del santo rodaba por las baldosas cuando Requena salía del templo diciendo:
—¡Bien sabe Dios que te lo merecías, por canalla!

Del libro: Relatos venezolanos del siglo XX, compilación de Gabriel Jiménez Emán  (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1989)

martes, 19 de mayo de 2020

Cultura UNELLEZ-VIPI 10. Catorce cuentos breves llaneros (varios autores)



Cada historia, cuento o leyenda es un camino en el Llano.  
Imagen del archivo de Elkin Cardozo. 


Los siguientes desarrollos narrativos fueron concebidos en diferentes talleres literarios impartidos en la UNELLEZ-San Carlos, institución de la que egresaron la totalidad de los participantes involucrados. El objetivo de esta compilación es mostrar diversas historias que enriquecen la narrativa tradicional llanera. Doce de los catorce textos presentados son propuestas colectivas de tres o más participantes. En su labor, los participantes, se vincularon con temas patrimoniales de familias o comunidades del Llano cojedeño.  Al final de cada enlace se ubican los datos de los diferentes participantes (26 mujeres y 2 hombres), así como algunas personas asesoras de estos talleristas que suministraron sus identidades.

Gracias por su visita.


Prólogo, selección y notas de Isaías Medina López.   

 

 

CON LA MUJER NO PUDO NI EL DIABLO.  Las historias del encierro del Diablo dentro de una botella, aluden al peligro de liberar al rey de los demonios y también al oscuro don de la palabra de quien allí lo sometió. En la literatura universal existen, con el mismo título-motivo, una pieza de Robert Louis Estevenson (1850-1894), varias versiones populares mexicanas y, en Venezuela, la del cojedeño José Guevara, de Macapo. En este caso, se trata, además, de un cuento dentro de otro cuento, al estilo de los viejos narradores orales del Llano en un efecto de metaficción. Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/con-la-mujer-no-pudo-ni-el-diablo.html

 

 

EL BRUJO DE PLATANAL. El tema de los falsos brujos sacude desde siempre el corazón de los llaneros casi en idéntica proporción al tema de los reales poderes de la hechicería. En las comunidades tradicionales y hasta en los centros urbanos modernos, los hechiceros mantienen su vigencia de siglos atrás. Este texto se involucra en ese submundo tan apasionante, enlazado con el destino fatal de otro de los pueblos fantasmas del Llano. Lea completa esta breve historia en:

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EL JINETE SIN CABEZA. Otro relato sobre tan afamado espanto. En las referencias internacionales, destaca la versión de Washington Irving: Sleepy Hollow, de 1820. Los cuentos venezolanos, en especial la presente historia datan de 1812, durante el asedio de San Carlos, hecho por Domingo Monteverde y la traición de Juan Montalvo, líder del célebre Batallón de Caballería de El Pao, en la Guerra de Independencia. Hay otra versión, muy notoria, que solía contar Juan Ignacio Vilorio (1934-2008), fijada en Tinaco, con el mismo extraño motivo: el amor en los tiempos del conflicto independentista.   Lea completa esta breve historia en:

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LA VENGANZA DEL ÁNIMA DE TUCURAGUA. Para los seguidores del culto a los espíritus custodios no hay peor transgresión que buscar, sin el debido consentimiento, los tesoros que algunos entes del más allá protegen. Pero, las necesidades humanas, muchas veces, sobrepasan esas precauciones, y los transgresores pueden perder sus almas y sus vidas, sin distinciones entre quienes lo hacen por codicia o por resolver un grave problema. Aún los más inocentes y mejor intencionados caen sin alternativas, en las redes de estos misterios inexplicables que sacuden los Llanos de Cojedes. Lea completa esta breve historia en:


EL JINETE SIN CABEZA Y EL AHORCADO DEL SAMÁN. En este relato se integran dos ejes argumentales de la narrativa oral llanera: El Jinete sin Cabeza y El Ahorcado del Samán. El encuentro de ambos espectros, se tiñe de verosimilitud en la temática americana de la Guerra de Independencia (conflicto en el que todo lo imposible se tornó realidad) y, más aún,  en las pasiones amorosas que rebozan los límites de la misma muerte. Lea completa esta breve historia en:


MARÍA DE LOS TORMENTOS. En esta otra historia sobre el Jinete sin Cabeza, se suma un intenso protagonismo femenino y tres elementos de la religiosidad popular: la práctica de la hechicería indígena; la reverencia a los santos y; el comercio de los milagros. Su ubicación cronológica es la Guerra de Independencia, hecho de armas en la participaron humildes llaneros, algunos, con rango de verdaderos héroes nacionales, pero cuyos anónimas identidades solamente sobreviven en los breves relatos que se narran en las llanuras. Lea completa esta breve historia en:


LA MUERTE ERA UNA ROSA. Los relatos sobre las mujeres que, una vez muertas, se convierten en espantos vengadores inflexibles, mantiene una gran atracción en cualquier ámbito cultural. En la narrativa tradicional del Llano, ese prototipo de personajes, desencadena una tragedia directa a otros involucrados, generalmente, por causa, de la peligrosa mezcla sin límete  del orgullo y la lujuria. Su perfil se adscribe al extenso conjunto de leyendas venezolanas centradas en la temible Sayona. Lea completa esta breve historia en:

EL ABUELO, EL GALLO CANAGUEY Y JUAN TENORIO. En esta narración se marcan tres viajes simbólicos: el de Marta hacia sus raíces ancestrales, encarnadas en la figura del viejo contador de historias. El viaje evocativo que realizará ese anciano contador de la historia  hasta la Costa venezolana desde las llanuras de Tinaco y, quizá el más trascendente: el viaje desde este cuento hacia otro cuento, en un proceso de metaficción que le da un doble espacio a la fabulación tradicional.  Lea completo este  breve  cuento en:

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EL HOMBRE QUE LE VENDIÓ EL ALMA AL DIABLO. Esta pieza es otra forma de relatar los sucesos que acontecen cuando se producen los pactos con el Diablo, desencadenante literario de numerosas y famadas historias en todo el planeta. El texto se expande en la psicología de los personajes y proyecta las pesadillas de intentar salvar el alma de un poseído esta vez con ayuda de un rezandero, y  no con los auxilios de la ciencia y la religión clásica. Lea completo este  breve  cuento en:

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EL SALVAJE DE LA SIERRA. Este corta historia se inscribe dentro del imaginario fabulador de los amores de La Bella y La Bestia, considerado,  como tema destacado de la literatura oral presente en todas las culturas, según Antonio Rodríguez Almodóvar. Tan calificada acotación resalta la figura de uno de los espantos más clásicos del Llano cojedeño, presente en diferentes versiones teatrales, poemas y éxitos discográficos de ayer y hoy.   Lea completo este  breve  cuento en:


 

 

MELÁNCOLÍA TORMENTOSA. “La noche anterior las estrellas se metieron en la oscurana del cielo, hasta que los pensares y los recuerdos la apresaron en su mente. El aguacero  se acercaba, ya tenía avisos desde muchas horas atrás, los truenos casi se metían en la casa y el rugido del miedo se adueñó de su vista paralizándola. En un santiamén su mundo cambió, no podía abrir los…” Lea completo este  breve  cuento en:

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A UN PASO DE LA NADA. Nuevamente se hace presente  el Diablo como eje de esta narración llanera tradicional de Cojedes; una de las figuras favoritas del imaginario universal, en esta ocasión, seriamente obsesionado con un ser inocente, incluso desde aún antes de que naciera, quedando a "un paso de la nada". Es un destino marcado por la codicia y, a pesar de los esfuerzos de la heroína su tragedia se cumple con rigurosa crueldad e incremento dramático. Lea completo este  breve  cuento en:

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LA SEQUÍA DE GARABATO. En este cuento confluyen tres elementos clave de la literatura oral: la ruina ambiental que marca la sequía; el encuentro de varios objetos misteriosos y malignos y; el secreto causante de la locura de Victoria, que rige, como eje temático la presente narración. El tópico del enigma  enloquecedor se extenderá a este poblado, ignorante de su aciago destino, casi hasta convertirlo en uno más de los otros muchos pueblos fantasmas de los Llanos.   Lea completo este  breve  cuento en:

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EL ESPANTO DE QUEBRADA SECA.  Muestra la disputa entre una joven maestra y los ambiciosos ganaderos  que pretenden convertir a los estudiantes de una escuela rural en sus sirvientes, recurriendo al respeto ancestral a los fantasmas y de las tradiciones en la comunidad sede de esta historia. La tensión entre la maestra, los pobladores y los que quieren apoderarse de la voluntad de los escolares, le da un inusitado argumento dentro del Teatro de Estampas propio de la cultura llanera. Lea completa esta estampa criolla en: http://letrasllaneras.blogspot.com/2012/07/el-espanto-de-quebrada-seca-guion.html