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jueves, 13 de agosto de 2020

Cultura Unellez-VIPI 30. Leyenda de Marco Aureliano y el Cantor Desconocido (Encarnación Rivero)

 

De sus dotes como cantor llanero presumía Marco Aureliano.

Imagen en el archivo de Ofelia Rodríguez Pérez



Yo le contaría un cuento. Lo que pasa es que es largo. Pero es’ pulío’… aunque esto no es cuento; es cuento porque yo  lo estoy contando… Yo estaba muy muchacho, y había unas fiesta por ahí en esos campos. Ahora se presentó que un señor de Puerto Palacio,  llamado Rogelio Ríos, se enamora de una muchacha de Barbacoa, y él le dijo que si conseguía casarse con esa muchacha, a los cantadores que fuesen –ahí papá y varios cantaban–les daba el gusto de que si querían beber guarapo de caña, o si querían comer pavo horneado o cochino, lo que fuera, él lo compraba. Se llegó el día que la muchacha dijo que sí. Se presenta el matrimonio. Llegaron todos los cantadores de estas regiones; y ahí iba mi papá. ¿Está escuchando, señor, el cuento? El, temprano, me acostó. Él se ocupaba de vender casabe y dulce y queso. El me acostaba y me dejaba los medios de casabe picados y las lochas de queso. ¡Imagínese  una locha de queso! Cuando eso, no había tanto ladrón como ahora.

Bueno, está un señor de aquí, de Zaraza. Usted sabe, pero ese era el cuento: que a ese señor lo llamaban Marco Aureliano, así se llamaba él, y él era de Zaraza y se robó unos reales. Lo llevaron preso para Calabozo, que era la capital. Después lo soltaron y se cansó el hombre, se vino pa’ donde llaman Guanipa, más acá de Palenque; allá se alzó una muchachita, lo volvieron a llevar. Lo soltaron y se fue a vivir para Barbacoa, donde nadie lo conocía. Ya había dejado transcurrir él muchos años; nadie conocía la historia. Ese era uno de los cantadores que estaban en la parranda.

Entonces este Marco Aureliano estaba triunfando. Fue el mejor cantador. Se llevó diecisietes cantadores, ande entraba mi papá.

Ya la última noche, como a la una de la madrugada, llaman a los cantadores y a los músicos a comer. Un hermano del músico cogió el arpa y se puso a puntearla. Se presentó un hombre en un burrito con un sombrero de esos que salían antes, que decían que eran de casabe, de pajita. Empezó el hombre, cogió los capachos y empezó a cantar. Don Marco Aureliano, viendo que el hombre está cantando sabroso y que el tiempo apremia, se apareció.

Ahí llega Don Marco Aureliano y le quitó los capachos y sale con aquello que dice:

¿Quién es este cantador

que canta aquí en poblado?

Parece- animal ajeno

que yo tenía amarrado.

 

Ahora le contesta el hombre, el hombrecito; le dice, amurrungaíto porque está  asustado:

Yo estoy cantando aquí, Don marco,

porque cantando llegué

y ahora quiero que me diga

cantando quién es usted.

 

Le contesta Don Marco como un fierón:

Yo soy Don Marco Aureliano,

relancino en el cantar,

el que arroja a los cantores

a lo profundo del mar.

 

El pobre hombre abrió los brazos y dice:

¡Aonde me acordaba yo

de Don Marco, el cantador!

El que lo tuvieron preso

por ladrón y forzador.

 

Ese hombre, cuando lo lastimaron sacándole la historia vieja, se quedó abismado. Hacía como cincuenta años de eso y se quedó así;  pero, como cantador de fama, de chispa le dice:

 

Negrito sombrero blanco,

alabancioso embustero,

serías tú aquel esclavo

y te robaste el dinero.

 

Le contesta el negro sin más concha:

Don Marco, si soy esclavo,

eso no es cuestión de usté,

usté que no me ha comprado

Porque no tiene con qué.

 

Sale Don Marco, que no hallaba qué hacer, sale con esa rabia y le dice:

Negrito sombrero blanco,

amí no me digas nada;

que me hace calentá

y te rompo las narices;

porque Don Marco Aureliano

sabe cumplí lo que dice.

 

Ahí le contestó el hombre sin más concha, arrinconao:

Don Marco, si usté lo intenta,

darme una bofetada,

se le cae la caña a pedazos,

porque soy cosa sagrada.

Ahí le quitaron el arpa, perdió el premio. Eran cien bolívares que había. Se lo dieron al hombre, después de estar tres días cantando. Se lo llevó el hombre del burro. Y así suceden las cosas.

Valle de La Pascua (estado Guárico), 1977.

 

(*)Textos tomados de: El  héroe en el relato oral venezolano, (1992), de Pilar Almoina de Carrera. Caracas: Monte Ávila Editores.


martes, 19 de mayo de 2020

Cultura UNELLEZ-VIPI 10. Catorce cuentos breves llaneros (varios autores)



Cada historia, cuento o leyenda es un camino en el Llano.  
Imagen del archivo de Elkin Cardozo. 


Los siguientes desarrollos narrativos fueron concebidos en diferentes talleres literarios impartidos en la UNELLEZ-San Carlos, institución de la que egresaron la totalidad de los participantes involucrados. El objetivo de esta compilación es mostrar diversas historias que enriquecen la narrativa tradicional llanera. Doce de los catorce textos presentados son propuestas colectivas de tres o más participantes. En su labor, los participantes, se vincularon con temas patrimoniales de familias o comunidades del Llano cojedeño.  Al final de cada enlace se ubican los datos de los diferentes participantes (26 mujeres y 2 hombres), así como algunas personas asesoras de estos talleristas que suministraron sus identidades.

Gracias por su visita.


Prólogo, selección y notas de Isaías Medina López.   

 

 

CON LA MUJER NO PUDO NI EL DIABLO.  Las historias del encierro del Diablo dentro de una botella, aluden al peligro de liberar al rey de los demonios y también al oscuro don de la palabra de quien allí lo sometió. En la literatura universal existen, con el mismo título-motivo, una pieza de Robert Louis Estevenson (1850-1894), varias versiones populares mexicanas y, en Venezuela, la del cojedeño José Guevara, de Macapo. En este caso, se trata, además, de un cuento dentro de otro cuento, al estilo de los viejos narradores orales del Llano en un efecto de metaficción. Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/con-la-mujer-no-pudo-ni-el-diablo.html

 

 

EL BRUJO DE PLATANAL. El tema de los falsos brujos sacude desde siempre el corazón de los llaneros casi en idéntica proporción al tema de los reales poderes de la hechicería. En las comunidades tradicionales y hasta en los centros urbanos modernos, los hechiceros mantienen su vigencia de siglos atrás. Este texto se involucra en ese submundo tan apasionante, enlazado con el destino fatal de otro de los pueblos fantasmas del Llano. Lea completa esta breve historia en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/el-brujo-juan-camacho.html

 

 

EL JINETE SIN CABEZA. Otro relato sobre tan afamado espanto. En las referencias internacionales, destaca la versión de Washington Irving: Sleepy Hollow, de 1820. Los cuentos venezolanos, en especial la presente historia datan de 1812, durante el asedio de San Carlos, hecho por Domingo Monteverde y la traición de Juan Montalvo, líder del célebre Batallón de Caballería de El Pao, en la Guerra de Independencia. Hay otra versión, muy notoria, que solía contar Juan Ignacio Vilorio (1934-2008), fijada en Tinaco, con el mismo extraño motivo: el amor en los tiempos del conflicto independentista.   Lea completa esta breve historia en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/el-jinete-sin-cabeza.html

 

 

LA VENGANZA DEL ÁNIMA DE TUCURAGUA. Para los seguidores del culto a los espíritus custodios no hay peor transgresión que buscar, sin el debido consentimiento, los tesoros que algunos entes del más allá protegen. Pero, las necesidades humanas, muchas veces, sobrepasan esas precauciones, y los transgresores pueden perder sus almas y sus vidas, sin distinciones entre quienes lo hacen por codicia o por resolver un grave problema. Aún los más inocentes y mejor intencionados caen sin alternativas, en las redes de estos misterios inexplicables que sacuden los Llanos de Cojedes. Lea completa esta breve historia en:


EL JINETE SIN CABEZA Y EL AHORCADO DEL SAMÁN. En este relato se integran dos ejes argumentales de la narrativa oral llanera: El Jinete sin Cabeza y El Ahorcado del Samán. El encuentro de ambos espectros, se tiñe de verosimilitud en la temática americana de la Guerra de Independencia (conflicto en el que todo lo imposible se tornó realidad) y, más aún,  en las pasiones amorosas que rebozan los límites de la misma muerte. Lea completa esta breve historia en:


MARÍA DE LOS TORMENTOS. En esta otra historia sobre el Jinete sin Cabeza, se suma un intenso protagonismo femenino y tres elementos de la religiosidad popular: la práctica de la hechicería indígena; la reverencia a los santos y; el comercio de los milagros. Su ubicación cronológica es la Guerra de Independencia, hecho de armas en la participaron humildes llaneros, algunos, con rango de verdaderos héroes nacionales, pero cuyos anónimas identidades solamente sobreviven en los breves relatos que se narran en las llanuras. Lea completa esta breve historia en:


LA MUERTE ERA UNA ROSA. Los relatos sobre las mujeres que, una vez muertas, se convierten en espantos vengadores inflexibles, mantiene una gran atracción en cualquier ámbito cultural. En la narrativa tradicional del Llano, ese prototipo de personajes, desencadena una tragedia directa a otros involucrados, generalmente, por causa, de la peligrosa mezcla sin límete  del orgullo y la lujuria. Su perfil se adscribe al extenso conjunto de leyendas venezolanas centradas en la temible Sayona. Lea completa esta breve historia en:

EL ABUELO, EL GALLO CANAGUEY Y JUAN TENORIO. En esta narración se marcan tres viajes simbólicos: el de Marta hacia sus raíces ancestrales, encarnadas en la figura del viejo contador de historias. El viaje evocativo que realizará ese anciano contador de la historia  hasta la Costa venezolana desde las llanuras de Tinaco y, quizá el más trascendente: el viaje desde este cuento hacia otro cuento, en un proceso de metaficción que le da un doble espacio a la fabulación tradicional.  Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/los-misterios-de-la-costa.html

 

 

EL HOMBRE QUE LE VENDIÓ EL ALMA AL DIABLO. Esta pieza es otra forma de relatar los sucesos que acontecen cuando se producen los pactos con el Diablo, desencadenante literario de numerosas y famadas historias en todo el planeta. El texto se expande en la psicología de los personajes y proyecta las pesadillas de intentar salvar el alma de un poseído esta vez con ayuda de un rezandero, y  no con los auxilios de la ciencia y la religión clásica. Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/el-hombre-que-le-vendio-el-alma-al.html

 

 

EL SALVAJE DE LA SIERRA. Este corta historia se inscribe dentro del imaginario fabulador de los amores de La Bella y La Bestia, considerado,  como tema destacado de la literatura oral presente en todas las culturas, según Antonio Rodríguez Almodóvar. Tan calificada acotación resalta la figura de uno de los espantos más clásicos del Llano cojedeño, presente en diferentes versiones teatrales, poemas y éxitos discográficos de ayer y hoy.   Lea completo este  breve  cuento en:


 

 

MELÁNCOLÍA TORMENTOSA. “La noche anterior las estrellas se metieron en la oscurana del cielo, hasta que los pensares y los recuerdos la apresaron en su mente. El aguacero  se acercaba, ya tenía avisos desde muchas horas atrás, los truenos casi se metían en la casa y el rugido del miedo se adueñó de su vista paralizándola. En un santiamén su mundo cambió, no podía abrir los…” Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2013/08/melancolia-tormentosa-narrativa.html

 

A UN PASO DE LA NADA. Nuevamente se hace presente  el Diablo como eje de esta narración llanera tradicional de Cojedes; una de las figuras favoritas del imaginario universal, en esta ocasión, seriamente obsesionado con un ser inocente, incluso desde aún antes de que naciera, quedando a "un paso de la nada". Es un destino marcado por la codicia y, a pesar de los esfuerzos de la heroína su tragedia se cumple con rigurosa crueldad e incremento dramático. Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/las-almas-del-mas-alla.html


 

LA SEQUÍA DE GARABATO. En este cuento confluyen tres elementos clave de la literatura oral: la ruina ambiental que marca la sequía; el encuentro de varios objetos misteriosos y malignos y; el secreto causante de la locura de Victoria, que rige, como eje temático la presente narración. El tópico del enigma  enloquecedor se extenderá a este poblado, ignorante de su aciago destino, casi hasta convertirlo en uno más de los otros muchos pueblos fantasmas de los Llanos.   Lea completo este  breve  cuento en:

http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/02/la-sequia-de-garabato.html

 

EL ESPANTO DE QUEBRADA SECA.  Muestra la disputa entre una joven maestra y los ambiciosos ganaderos  que pretenden convertir a los estudiantes de una escuela rural en sus sirvientes, recurriendo al respeto ancestral a los fantasmas y de las tradiciones en la comunidad sede de esta historia. La tensión entre la maestra, los pobladores y los que quieren apoderarse de la voluntad de los escolares, le da un inusitado argumento dentro del Teatro de Estampas propio de la cultura llanera. Lea completa esta estampa criolla en: http://letrasllaneras.blogspot.com/2012/07/el-espanto-de-quebrada-seca-guion.html


miércoles, 21 de marzo de 2012

El Llano en Voces (Presentación de Héctor López. ULA)

(Nota: Obra tomada de El Llano en Voces Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de  otras soledades, publicada por la UNELLEZ-San Carlos, Cojedes. Compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno, 2007)

Es grato celebrar la edición de un libro, pero es más  importante y  significativo reseñar la reedición de un buen ejemplar. En este caso, el libro de los amigos y profesores universitarios: Isaías Medina López y  Duglas Moreno, quienes cumplieron con el cometido de una investigación propuesta a la Universidad de Los Llanos (UNELLEZ). Me refiero a “El Llano en Voces Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de  otras soledades”, libro que recoge notables textos, aparte del rico y esclarecedor estudio introductorio aportado por los compiladores.
El libro sin lugar a dudas  aporta al acervo cultura de la nación y me atrevería a decir, del  continente, esa voz fantástica y otra que devela, guarda y muestra nuestros miedos ancestrales, nuestras creencias y mitologías como pueblos, nuestras  voces de lo otro, de lo extraño, del testimonio y la enseñanza que como  forma pedagógica los pueblo y las culturas tienen de poder decirnos y  advertirnos sobre los peligros que entraña la noche, la impunidad, la  injusticia, el actuar desaforado sin reglas sociales, del exceso de nuestra  conductas.
Esos relatos lo tenemos presentes en esta edición como voces de lo  colectivo, como voz de la oralidad, de la trasmisión de un parecer y creer  que funda y sostiene elementos de la justicia y las creencias más allá de la  formalidad de unos tribunales y unos juicios marcados por la dinámica  social. Estos sentencias y actos, estas voces y espantos nos dicen, nos  gritan que el hombre posee y manifiesta un alma, y que más allá del castigo
físico, está el moral, el castigo del alma, la que se puede perder por nuestros excesos, nuestros pecados, nuestros caprichos inhumanos e injustos.
Esta es una de las lecciones que recojo de estas humildes páginas, porque fueron registradas, contadas como historia, relatos y leyendas del llano, en  realidad, es del ser humano. Aquí debo contar la anécdota que nos refiere el  poeta brasileño Vinicius de Moraes en su libro “Para una muchacha con una  flor” (Buenos Aires, Ediciones la Flor, 1977), en el que nos narra un  “Cuento Carioca”, que estoy seguro, al leerlo junto a  nuestros poetas, ni  usted, querido lector, ni yo pudiésemos distinguir sí la historia es de
Brasil o de cualquier rincón del llano venezolano, no sabríamos decir cuál es el nuestros.
Otra hermosa y aleccionadora experiencia, con este singular libro la tuve en  las aulas de la Universidad de Los Andes, tanto en la Facultad de  Humanidades, como en la Arte y de Medicina, al leer estos relatos con mis  alumnos, esperaba que lo encontraran como viejas historias de muertos y  aparecidos, pero no, cada relato despertó el diálogo, la correlación de una  historia semejante, incluso de alguna referencia que en el seno de las
familias de los jóvenes estudiantes estos habían heredado; tanto fue así que cambié la estrategia pedagógica y en vez de mostrar y ejemplificar sobre los  distintos géneros literarios, realice talleres de creación y reescritura de  los cuentos contenidos en ese necesario, justo, fundamental y básico libros  “ El Llano en Voces. Antología de la Narrativa Fantasmal Cojedeña y de otras soledades”, donde  usted encontrará “Palabras de la noche”, “Las voces de la tierra”, el  estudio introductorio, una buena bibliografía y un vocabulario que,  indiscutiblemente usted apreciará.
Es por ello que no se puede sino celebrar, contentarse por el bien  nuestras raíces culturales, de nuestro patrimonio, festejar esta   edición. Ojalá el nuevo recorrido que este libro emprende encuentre manos y  ojos más amables que los míos. Manos que lo carguen de valores y enriquezcan  sus historias, mitos, leyendas, anécdotas, relatos, es decir, las voces  de lo otro, de la fantasmal, las voces de nuestra conciencia, esas que nos  recuerdan las historias que recibimos de nuestros abuelos y padres, de  sucesos que quizás pertenecen a nuestra cuadra o a nuestra familia. Queda en
sus manos esta construcción de nuestra historia y nuestro pueblo, queda en  sus manos un memorable libro y una muy grata lectura. 
Prof. Héctor López.
Universidad de los Andes. Instituto de Investigaciones Literarias “González Picón Febres”.  Mérida, 10 de Mayo de 2007.

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LEYENDAS DEL LLANO

viernes, 16 de marzo de 2012

Misterios y fantasmas Clásicos de la Llanura (Isaías Medina López y Duglas Moreno)

 (Nota: Obra tomada de El Llano en voces: Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades, publicada por la UNELLEZ-San Carlos, Cojedes. Compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno, 2007)

     El Llano es leyenda, horizonte, camino de andar  y venir con los espantos.  Es un mundo lleno de supersticiones, de encantos, fantasmas, abismos y misterios que sólo el llanero conoce y tiene además los elementos  para los imprescindibles conjuros.  Un hombre de viajes por la llanura, Orlando Araujo (1985) nos dejó escrito en  las sabanas del llano literario  que  éste era inmensidad, soledad de aguas, espejismo, distancia y lejanía.  El Llano es referencia mítica, presencia “irreal tal vez, pero que se siente aún vivo en su música y su poesía, en la visión de mundo y de vida.”(Febres Rodríguez, 1995; 10).  Esta realidad nos lleva a realizar algunas conjeturas sobre lo fantástico en las creaciones literarias, es decir, la otredad.  Para María Luisa Rosemblat (1997) lo fantástico se manifiesta en los discursos  de la literatura, no en  esos  eventos extraordinarios, sino  en la manifestación  de otros fenómenos  que revelan ese otro orden oculto y misterioso.  Con lo fantasmal se alude a lo extraño, a otra lógica, es una realidad que “emerge de la realidad asimbólica, con su  naturaleza  imprevisible y  no codificada, sobre  el  mundo de símbolos” (Yurman, 2000; 12 que seguramente comparte un gran número de personas.
     Lo fantástico en el relato se encuentra en  esa multiplicidad de voces de lo alterno. Víctor Bravo (1986) refiere que desde Julio Garmendia (en 1927 se publica su libro La tienda de Muñecos, volumen donde se encuentra su famoso texto El Cuento Ficticio) se viene desarrollando una “estética de lo fantástico”; aunque Sandoval (2000) asegura que desde 1841,  los venezolanos escriben cuentos donde esta temática es abordada.  Pero planteada no por la imagen, lo figural, sino por el discurso mismo de la ficción. Allí lo fenomenal radica en la escritura, ya que el afuera de lo real es el adentro de lo fantasmal.
     En esta investigación lo fantasmal está en la sombra que viene del espectro como corporeidad; esa figura  o “aparición inmaterial”  que nos asoma Mercedes Franco (2001;  52) en su Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela.  Es por eso que en el llano (Silva,  2003) las sombras buscan su cuerpo. Dice Cortázar (1997;.382) que uno de los más ardientes deseos de un fantasma es “recobrar por lo menos un asomo de corporeidad”. Lo fantasmal se encuentra en esa sombra que es complemento del hombre o de otros seres.  No debemos  olvidar que lo bestiario, imágenes teriomorfas presentes  en la narrativa espectral llanera,  está sólidamente instalado “tanto en el lenguaje, en la mentalidad colectiva, como en  el sueño “ (Montiel Acosta, 1995).   Plantea Rank (1976) que la sombra es el coequivalente del alma humana.  Los fantasmas son sombras en sí mismos. Aquello que carece de sombra,  lo fantasmal asume su figura.  Es eso tan cierto que en dos islas situadas en el Ecuador,  sus habitantes “nunca salen de sus casas al mediodía, porque en esa ubicación su sombra desaparece y temen perder el alma junto a ella” (Rank, 1976;  91).
     Para Franco (2002; 9) en los escenarios del Llano,  lo fantástico está en “las manos impalpables de la brisa, en el halo rojo de la luna, en la infinitud del paisaje y se hace sombra errante, costumbre inveterada”.  Cada “relato  que  se  deja  oír  en  la  sabana, es  el   eco  de  otros relatos que   van  bien  lejos  en  el  infinito; pero  que  todavía  nos  llegan  como  espejismo” (Moreno y Medina, 2003; 455).
    
     El texto fantasmal es una  formidable ruptura, una transgresión  al estructura lógica del discurso.  La  otredad  es  lo nictomorfo, lo otro sombrío y tenebroso, es decir,  la alteridad. Ésta  tiene un  vínculo con lo siniestro. La otredad (Castañeda, 1998) es una dimensión del Uno, es un  internarse en nosotros mismos, es como su presencia nos “deshabita: nos hace salir de nosotros para unirnos con ella; su ausencia nos habita: al buscarla por los interminables espejos de la ausencia, penetramos en nosotros mismos" (Ibíd., 3).
      El núcleo de la narraciones fantasmales “reside en un instante de incertidumbre que debe ser común  tanto a personajes como al lector” (Bravo, 1993; 114). La alteridad, según  Cragnolini (2004) es “presencia” de la otredad en la mismidad como opacidad que no puede ser nunca reducida a la propia mismidad, es decir,  todo aquello que es una verdad,  al menos para los sentidos,   tiene su sombra irreal, irresoluta.  Sin duda, el ámbito diegético en el que se desarrollan los relatos o cuentos fantasmales tiene el signo de la alteridad.
     No obstante,  en el Llano, a decir de José León Tapia (2003; 27), queda “la nostalgia, el recuerdo, queda la música, queda ese cuento que  pasa de padre a hijo para que no se lo lleve el olvido”. El llano es una mirada de sabana, una copla,  una  lejana sombra que camina y se nos pone  como en el alma. El llano también es literatura, es oralidad,  es encuentro en puertas y patios, es  escritura del asombro. Por todo eso, el llano necesita que lo entendamos.
     Partimos de un axioma inexplicable: la literatura es reivindicación de la realidad.  Lo narrado no ha de ser más que un simulacro.  ¿Qué es lo que existe: lo dado como realidad o lo  encontrado con la mirada desde lo otro o lo buscado con el espíritu de otredad?  Todavía podemos agregar las  interrogantes de Guillermo Martínez Rubio (1998; 5): “¿de qué depende, entonces, la credidibilidad del cuento?: ¿de lo que se cuenta?, ¿del reconocimiento como creíbles del espacio y del tiempo en los que sucede el hecho contado?, ¿de la credulidad del lector?” O tal de todos estos supuestos interrelacionados.  Jorge Luis Borges (1980), en su relato Emma Zunz, asegura que la irrealidad es un atributo de lo  infernal.  Todos los aparecidos y fantasmas que desandan por los palmares del llano no son muy amigables que se diga.  Son espectros, cosas del maligno como dicen los viejos.
     Si lo real es lo dado”,  el sucederse, lo fortuito, entonces lo enigmático  y  el azar no dejan de tener significación.  Ningún misterio debe sometérsele  a la rigurosidad de una auscultación científica, porque esta intención por muy aderezada tecnológicamente que se presuma, no tendrá éxito alguno.  Las figuras del espectro deben dejárseles  en esa condición, tratar de desmenuzarlas es andarse buscando lo que no se nos ha perdido. Lo fantástico correlaciona la existencia de otra realidad: lo real.  Entonces, lo ficticio y lo imaginario devienen, siempre en transfiguraciones de lo real o en un continuo misterio a descubrir.  Lo real tiende siempre a ser dado aquí como un supuesto más.  Nada existe sin lo inasible.  Lo literario es un pretexto para  mostrar lo otro,  ese íntimo rostro que nunca hemos visto.  Hay espantos que son una suerte de celaje, como el Silbón.  Esa sombra de huesos larga, espeluznante, gigantesca que recorre los parajes del llano venezolano, llevada a la literatura por Dámaso  Delgado (1998).
     Con este último autor y la compilación de textos orales de esta antología, se plantea el interesante caso de la  oralidad  en cuanto a su  vigencia dentro del sistema cultural del llanero y sus vinculaciones con  el texto escrito y oral.  Almoina de Carrera (2000; 4) señala: la literatura oral “respondía –y responde- a un canon estético; es decir, que había  -y hay-  una preceptiva no escrita”; e igualmente tradicional, cuyo análisis debe considerar sus formas expresivas como verdadera literatura, no sólo como un precedente anecdótico de un remoto pasado. De hecho “ya no se discute en la actualidad que la oralidad es un sistema anterior a la escrituralidad” (Ibíd.). Lo más importante en relación a la investigación literaria es que; “el estudio de la literatura oral se plantea en la actualidad como una problemática formulada en una perspectiva contemporánea”. Es una oralidad ficticia (Ostria González, 2001; 76) donde se reproducen ficciones o formas que no son exactamente expresiones orales sino representaciones o figuras de la oralidad como hecho ficcional. Aclaratorias que excluyen innumerables referencias bibliográficas y discusiones hoy superadas.
     En primer término,  al decir un estado, entendemos que la realidad es una infinitud, un abismo insondable; al menos una entidad de lo posible.  Para  Jorge Luis Borges (1985), toda realidad  se  disuelve ante la presencia de un infinito.    Por  otra parte, tenemos que el lenguaje, y aquí aludimos a lo del referente, es un elemento creador o fuente ilimitable de realidades.  Con el lenguaje se confeccionan los enunciados de la ficcionalidad  o de lo  imaginado. 
     En concordancia a todo esto,  José Balza (1988; 25)  reseña tajantemente que una de las necesidades para la ficción, allá en sus remotos orígenes milenarios, fue el deseo de cubrir la realidad.  Así  el mandato de todo texto literario será el de ser ficticio,  es decir, encubrir un segmento de lo que existe, entonces develará otra realidad,  otra existencia, otra partícula extraña,  ciertamente; pero, propia de esa gran significación que es el universo; apostará por la alteridad.
     Lo fantástico es una condición literaria que contraviene el modelo de la realidad.  Esto puede ser atestiguado por la presencia en el llano de La Sayona, La Llorona, El Carretón y la Bola de Fuego. La obra literaria es una ficción ineluctablemente irreal  que establece de  manera inexorable, un margen, un espacio entre lo imaginado y los hechos reales, donde se genera.  Sugiere un distanciamiento entre aquellos que le sirven de referencia contextual y los que soportan el hecho literario.  La noción de lo ficcional nos lleva a considerar a la obra literaria como una suerte de metáforas epistemológicas, en tanto que sugieren interpretaciones alternativas de la realidad  o lenguaje de engramado significativos  o significancias; donde lo fantástico –dentro de la narración y lo narrado- es sólo un paso de ciénaga, una vía de mucho suspenso y con miles de  sorpresas al acecho.  Si el llano ha sido espacio prolijo para los espantos, igualmente ha parido los hombres dignos de enfrentar a  estas sombras de la otredad.

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LEYENDAS DEL LLANO
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