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jueves, 13 de agosto de 2020

Cultura Unellez-VIPI 26 EL CONDE LIRIO. Estudios y poemas Compilación de Pilar Almoina de Carrera

 

El antiguo romancero del Conde Lirio tiende profundas raíces en Venezuela, con destacados cultivos en la poesía popular llanera. Imagen en el archivo de Fotollanos


Antecedentes  (fragmentos).  El tema de los amores contrariados y su desenlace trágico, eterno asunto literario y en particular presente en el teatro de todos los tiempos, encuentra viva representación, derivando hacia la mágica transformación eternizadora, en el Romance del Conde Lirio (también: Conde Olinos, Conde Niño, Conde Olivos; y con menos frecuencia: Lino, Aliman, Nuño, Vizcondito, Fernandino, Condolillo, Condolirio). Amor más poderoso que la muerte podría ser la esencia  de este romance, y es el título con que lo incluye Menéndez Pidal (1948) y precisa al respecto: “En un cancionero de finales del siglo XV se halla ya una versión de este romance, por desgracia muy estropeada. La que damos aquí tiene muy en cuenta las versiones modernas, que son numerosísimas lo mismo en toda la península que en América, Marruecos y Oriente. La versión del siglo XV, como una gran mayoría de las modernas, está contaminada con las del Infante Arnaldos. El tema esencial del romance es el de las maravillosas transformaciones de dos amantes perseguidos; tema que se halla lo mismo en las literaturas orientales que europeas. Recuérdese la leyenda de Tristan” (Pp. 130-131). Las versiones venezolanas, por cierto, parecen ajustadas bastante a este arquetipo publicado por Menéndez Pidal.

William J. Entwistle (1951) intenta establecer los posibles orígenes de este romance: “El romance de El conde Olinos es de los más enrevesados, tanto en el conjunto de sus versiones como en cada una de ellas. Son extraordinariamente distintas, y cuando ofrecen parece que viene de diferentes ciclos novelescos” (p. 237). Para Entwistle no se trata de un asunto castellano; y esto ya como resultado del estudio de la métrica y de las melodías. Así en cuanto al mismo nombre del protagonista, Olinos o Aliman entre los judíos. (p. 239). Pero encuentra sobre todo grandes coincidencias en el desarrollo temático y de motivos con los romances fronterizos del Asia Menor. En especial en los llamados tragoudia akritika, donde el clima mágico rodea toda la acción. Concluye Entwistle su estudio afirmando: “Las vías de penetración de Bizancio hacia el Norte son bastante conocidas. Sobre todo después de 1204 no habría dificultad para que un pensamiento griego llegase a Rusia, a Escandinavia, a Francia o a España. El romance internacional contiene más de un tema común en distintas regiones del Norte o del Oeste de Europa, pero con detalles tan disconformes que apenas podemos suponer un movimiento del Norte al Oeste o del Oeste al Norte”. (p. 248)

Menéndez Pelayo (1945) publica una interesante versión asturiana del romance, muy  completa, que es la utilizada por Entwiatle como modelo, en la cual aparecen episodios que no se registran, al parecer, en ninguna otra conocida: se precisa que el Conde Olinos llega a tierra  de moros, ante un castillo en donde vive una reina mora y su hija, la reina manda a su ejército, cien mil moros, a matar al conde; este acaba con todos excepto uno; aparece la princesa convertida en blanca paloma que lo libera.  Estos episodios no se han conservado en el romance, que se ha reducido a cuatro pasajes fundamentales, tanto en las versiones españolas más complejas como en las venezolanas: 1-El conde va a dar agua a su caballo a las orillas de mar, en el día de San Juan. 2-El canto órfico, encanta a la madre y a la hija. La madre cree que es el hechizo de las sirenas. 3-La hija descubre al amante, y es muerta junto con el por la madre. 4-Se efectúa la serie de transformaciones mágicas, primero convirtiéndose en árboles, después en fuentes y rio; o en garza y gavilán o en paloma y gavilán.

Menéndez Pidal (1943), incluye bajo el título agrupativo de Amor fiel, el romance del Conde Olinos con el nombre de Amantes perseguidos, en donde el protagonista es el Conde Niño. Los comentaristas coinciden en afirmar la contaminación de este romance con el del Infante Arnaldos, sobre todo en la parte que dice: “Los peces que andan al hondo, / arriba los hacen andar; /las veces que van volando, / al mástil vienen posar”.

Aun cuando ya no se debería decir que hay contaminación sino asimilación o incorporación definitiva, pues los versos similares que aparecen en el Conde Olinos encajan perfectamente en su estructura. Es natural que se haya  producido este contacto, pues en ambos romances los protagonistas aparecen en el día de San Juan; y ambos encantan con su canción. No es de extrañar, pues, que el canto del Conde Olinos también produzca su mágico efecto los peces y las aves.

En Venezuela, el romance del Conde Olinos es muy abundante, y por lo general se mantiene en forma fiel y completa en toda su parte esencial. Hemos elegido para este estudio ejemplos muy integrales y significativos, tanto de entre los publicados como de los inéditos, agrupados de acuerdo a las zonas geográficas donde fueron recogidos.

La versión I, publicada por José de Onís (1964), solo ofrece como referencia que fue recogida a Julián González, sin precisar más datos, y con el título de Corrido de los pajarillos. Comparando esta versión con la publicada por Juan Liscano en Poesía  popular venezolana (1945), llegamos a conclusiones que nos parecen valederas. En primer lugar ambas se titulan de manera semejante, pues Liscano la recoge con el nombre de Corrido del pajarillo. Segundo, en las dos se presenta una sugerente introducción que no aparece en otras variantes venezolanas, y que esta fuera del contexto natural del romance. La publicada por José de Onís, de trece versos, dice:

Bajando los pajarillos

juntos en una mañana

a esperar que el orizo (unicornio)

meta su cuerno en el agua

y de nada se señala

que el verene no se fue.

Aquel que nada en la albera

es un animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno,

que por él emitió candela

empezole que el artista

con él recordó la vela.

Extraños versos que no tiene sentido claro, aun cuando José de Onís en su trabajo pretende que “la idea central de este trozo es todavía evidente y encaja perfectamente en el resto de la historia” (p. 222). Cree José de Onís que el romance del Conde Olinos fue divulgado en Venezuela por el clero y que la presencia del unicornio con su cuerno mágico se debe a la contaminación con la vida de los santos, en especial con la leyenda de San Huberto y la de San Eustachio. Parece algo apresurada esta conclusión tan definitiva, sobre todo a partir del conocimiento de estas dos únicas versiones venezolanas en que aparece tal  introducción; pues más lógico sería suponer una contaminación con otro romance o historia, y que parece darse sobre todo en una región venezolana. Decimos esto último a partir del análisis de la variante publicada por Liscano, en la cual los primeros diez versos son semejantes:

Bajan todos los pajarillos

Juntos en una mañana,

a esperar que el unicornio

meta su cuerno en el agua.

Apenas la cruz señala

que ya el veneno se fue,

dicen todos a una vez:

¡Jesús que animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno!

Juan Liscano señala la procedencia de esta variante alrededor de Caracas, concretamente Cerro de Las Flores. José de Onís no indica procedencia alguna, aunque en una comparación entre las dos variantes podemos afirmar que deben de ser de la misma zona. Además de la coincidencia en la introducción señalada, el protagonista es en una el conde Olivoa (J. de Onís) y en la otra el conde Olivo (Liscano); en ambas el conde baja a dar agua a su cabello “a las orillas del mar”; mientras oyen el canto la madre y la hija “que vivían junto al mar”. La respuesta de la hija a la madre que ya J. de Onís señala como extraña en la variante que analiza, lo es también en el conjunto de las venezolanas, pero se da exactamente en la de Liscano: “con cariño y con piedad”. También los versos finales son semejantes, como evidencias comparar los siguientes con la versión de J. de Onís que reproducimos completa: “Si matan al conde Olivo/ yo viva no he quedar / a él lo entierran en la iglesia,/ A mi debajo del altar; / de mi saldrá una paloma,/de él un fuerte gavilán”.

De otra parte, cabe destacar, por su evidente significación –sobre todo en consideración de las condiciones propias de la trasmisión tradicional oral-, el hecho de que la aludía y poética “introducción” de las versiones de Liscano y de J. de Onís no se somete a la rima propia del romance y hace pensar en otro tipo de composición, quizás también de origen tradicional, como supone este último autor. En todo caso, no desentona ante el aire mágico y sugerente del romance: 

Bajando los pajarillos

junto en una mañana

a esperar que el orizoño (unicornio)

meta su cuerno en el agua

y de nada se señala

que el yerene no se fue.

Aquel que nada en la alberca

es un animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno,

que por él emitió candela

empezóle que el artista

con él recordó la vela

Ha bajado el Conde Olivos,

la mañana de San Juan,

a darle agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mientras su caballo bebe

se pone el Conde a cantar

Esparcido por el aire

tan pronto era de escuchar

una madre y una hija

que vivían junto del mar.

Le dice la madre a la hija

con cariño y con piedad:

Esas no son sirenas, madre,

ni su modo decantar,

ese es el Conde Olivos,

que a mí me viene a buscar.

Y le contestó la madre

que se supo molestar:

Si viniera el Conde Olivos

lo mandaremos matar.

Y le contestó la niña

con cariño y con piedad:

Si matan al Conde Olivos

yo viva no he de quedar:

que lo entierren en la iglesia,

a mi debajo del altar,

en mi pecho una paloma,

en su pecho un gavilán.

 

Las versiones II y III, que insertamos a continuación, proceden del estado Falcón. En ambas se advierten puntos coincidentes, en especial un aspecto que no hemos hallado en ninguna de las variantes recogidas en Venezuela. Y es que aquí el Conde Lirio no se encuentra a las orillas de mar, sino del Jordán; mostrando el protagonista el mismo nombre que también se da en otras versiones venezolanas. Al final, los amantes se transforman en gavilán y en paloma.

La versión II fue suministrada por Isaac J. Pardo, como parte de los materiales complementarios a su importante trabajo ya citado; y hasta donde sabemos es inédita. Tiene 23 versos, lo que hace en apariencia que al comenzar se pierda el asonante a, pero es evidente la falta del segundo verso: “una mañana de San Juan”;  con el cual el romance se muestra completo. Al respecto, es el interés observar que conocemos tres versiones provenientes de Pueblo Nuevo, estado Falcón y en todas falta el verso señalado.

El ejemplo III también inédito cuenta con 27 versos: es decir con uno sobrante, el quinto, que dice: “y tomando asiento dijo”. Eliminando este, se mantiene el asonante. En este caso, la madre es “la reina” y la transformación final también es un gavilán y en una paloma. De otra parte, es evidente en estos casos la ausencia de la incorporación del característico fragmento del Infante Arnaldos.

 

                       II

Se alevantó el Conde Lirio

[una mañana de San Juan]

a darle agua a un caballo

a las orillas del Jordán

-Alevanta, niña escucha

las sirenas en el mar.

-Esas no son las sirenas

mucho menos su cantar

ese será el Conde Lirio

que a mí me vendrá a buscar

-Si ese fuera el Conde Lirio

lo mandaría a matar.

-De matar al Conde Lirio

yo viva no he de quedar

juntos los mando a matar,

juntos los mando a enterrar,

uno en el altar mayor

otro en el altar mayor

otro en el verde olivar.

Nació una bella paloma,

Nació un bello gavilán;

alzó el vuelo la paloma,

alzó el vuelo el gavilán,

y se fueron a encontrar

a la orden del Jordán (Informante José Primera. Colector Padre J. Gastaminza, Pueblo Nuevo, estado Falcón)

           

 III

Se alevantó Conde Lirio

una mañana de San Juan

a dale agua a su caballo

a la orilla del Jordán

Y tomando asiento dijo:

-“Mientras mi caballo beba

Aquí me siento a cantar”

-Vení, mi niña a escuchar

las sirenas del Jordán…

-esas no son las sirenas

ni tampoco su cantar;

ese será el Conde Lirio

que me ha venido a buscar.

-Pues si ese es el Conde Lirio.

voy a mandarlo a matar.

-Si matan al  Conde Lirio.

yo viva no he de quedar

Juntos nos hará el entierro,

juntos nos ha de enterrar:

uno en pie de la iglesia,

el otro al pie del altar.

Nació la bella paloma

Y nació el cruel gavilán;

y así se acaba el romance

del Conde Lirio del Mar (Colector: Luis Arturo Domínguez, estado Falcón)

 

De los Llanos son los ejemplos IV, V, VI, y esta coincidencia de origen les concede afinidades y aspectos comunes que destacaremos como una reafirmación de interesantes rasgos típicos regionales. La versión IV, publicada por Francisco Monroy Pittaluga, procede de Cazorla, estado Guárico. Mantiene el asonante a, y presenta la generalizada contaminación con el romance del Infante Arnaldos. Aspectos curiosos y que no hemos encontrado en ninguna otra variante, es la alusión a la tercerola, antigua arma de fuego usada por la caballería, un tercio más corto que la carabina. Asimismo la presencia de una moraleja poco común al final del contexto romance: “el que no sabe de amor / no se pone a aconsejar”

La variante V, publicada por Gustavo Luis Carrera, mantiene el asonante a, el Conde Lirio, pasa a ser el Condolillo. También aparece la contaminación con el Infante Arnaldos. Cabe destacar como señalamiento poco frecuente el relativo de los árboles que crecen hasta abrazarse: y como elemento excepcional el tocante al padre que sube hasta la torre a hacer repicar las campanas.

La versión VI, publicada por primera vez por Pedro Montesinos y reproducida por Isaac J. Pardo, la incluimos aquí entre los conjuntos de las de los Llanos, a pesar de ser recogida en el estado Lara, ya que el mismo Montesinos dice que fue tomada “de boca de una niña de ocho años”, “de una joven del pueblo oriunda de los Llanos”. También en este ejemplo se mantienen el asonante en a,  y no aparece el fragmento perteneciente al Infante Arnaldos; aquí no son aves y peces los encantos por el cantar del Conde Lirio, sino los pasajeros. Por los demás, es una versión coincidente en lo básico con las otras provenientes de los Llanos

          IV

Ha bajado el Conde Lirio

a las orillas del mar,

a darle agua a su caballo

la mañana de San Juan.

Mientras el caballo bebe

se pone un rato a cantar:

las aves que iban volando

se pararon a escuchar

salen los peces bromando

del corazón de la mar.

Dice la reina a su hija

que allí entre sueños esta:

-Levántate, blanca niña.

vente conmigo a escuchar

tan bonito como canta

la sirena en el mar.

aquella no es la sirena

que está cantando en el mar.

-Aquel es el Conde Lirio

que ya se me viene a buscar.

porque yo le di palabra

que con el yo me iba a casar

-Si aquel es el Conde Lirio

mandarlo voy a matar:

¡Cojamos la tercerola.

vamos al conde a cazar!

-Si matas el Conde Lirio,

viva no habré de quedar

a él lo entierran en la iglesia

a mí debajo del altar;

de mi salga una paloma,

de él un triste gavilán;

por los campos solitarios

nos abrimos a volar;

el que no sabe de amor

no se pone a aconsejar. (Francisco Monroy Pittaluga. Cazorla, estado Guárico)

            

  V

Se levanta el Condolillo

la mañana de San Juan,

a darle agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mantes el caballo bebe

se sentó así a cantar.

Los pájaros se iban volando

se paraban a escuchar

Los pejes salían del fondo

a las orillas a mirar;

de aquellas lindas voces

del Condillo del mar.

Le dice una madre a su hija:

-Escuchar y levantar,

escucha a las sirenas

Que están cantando en el mar.

-!Madre le pido por dios

que usted me deje casar!

esas no son sirenas

ni su modo de cantar

-!Si el Condolillo viene,

Yo lo mandare a matar!

“Si al Condolillo lo matan,

viva no he de quedan!

La vieja, como agraviada,

siempre lo manda a matar.

Uno lo siembra en la puerta:

otro en el pie del altar.

fueron creciendo uno y otro

hasta alcanzarse a abrazar

El uno se volvió paloma.

el otro gavilán

Y salieron de la iglesia

y se fueron a volar

Monto el padre a la torre

Y se puso a redoblar

…………………………..

y se puso a repicar

Y aquí se acaban los versos

Del Condolillo del mar  (Informante: Pedro Juan Bravo. Colectores: I. Aretz y L.F. Ramón y Rivera. El Baúl, estado Cojedes)

 

                 VI

Se levanta el Conde Lirio

la mañana de San Juan

a dar agua a su caballo

a las orillas del mar,

-  Mientras mi caballo bebe,

yo me sentaré a cantar

Pasaban los pajareros

se paraban a escuchar

tan bonito que cantaban

las sirenas del mar.

Se levantan la reina y dice:

-  Levántate hija mía,

para que oigas la sirena

que está cantando en el mar

-  Esas no es la sirena:

por el modo de cantar

ese es el Conde Lirio

que ya me viene a buscar

-  Si te viniera a buscar

yo le mandare matar

-  Yo me haré una paloma

y él un cirio del altar (Estado Lara)

 

Así tenemos que en las versiones llaneras del romance las características agrupantes son: a) El protagonista tiene el nombre de Conde Lirio (variantes IV Y VI) y su deformación en Condolillo (variante); b) Se mantiene el asonante en a; c) La acción se sitúa la mañana de San Juan y a orillas del mar: d) Presencia del fragmento del romance del Infante Arnaldos (versiones IV y V); e) La transformación final de los amantes es en paloma y gavilán (versión IV y V) y en paloma y cirio del altar (versión VI).

De la región de los Andes venezolanos procede la versión VII de Rafael Olivares Figueroa. Es un ejemplo incompleto, ya que faltan los versos finales. Comparando esta versión con otras de la misma zona geográfica,  encontramos características semejantes. Así, el personaje pasa a ser Condolirio en otras Cordelillo. La acción se desarrolla la mañana de San Juan,  a orillas del mar. El asonante en a, que se manifiesta en la versión VII, también se conserva en general en las andinas. No se presenta la contaminación con el fragmento del romance del Infante Arnaldos, ni en esta ni en otras versiones de los Andes. La transformación final es en paloma y en gavilán, al parecer característica común de los exponentes recogidos en Venezuela

            VII

Se levantó el Condolirio

una mañana ´ e San Juan

a dar agua a su caballo

en las orillas del mar.

Esto dijo el Condolirio

cuando se fue a desmontar

-  Mientas el caballo bebe

aquí me siento a cantar.

Las aves iban pol ´aire

se pararon a escuchar

La reina dice a su hija:

-  Levántate a oír cantar

-  Aquellas no es la sirena

en el modo de cantar:

aquel es el Condolirio

que a mí me viene a llevar

-  Si el Condolirio lo matan

yo viva no he de quedar. (Informante: Emiliano Torres. Colector: Rafael Olivares Figueroa. Valera, estado Trujillo)

 

 

Bibliografía citada:

Bayo, C. (1913).  Romancerillo del Plata. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez.

Cadilla de Martínez, M. (1933). La poesía popular en Puerto Rico. Madrid: Universidad de Madrid.

Carrera, G. L. (1959).  “Folclore Literario”. En Panorama del folclore venezolano. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Entwistle, William J.  (julio-diciembre, 1951). El Conde Olinos. Revista de Filología Española. Tomo XXXV.

Liscano, J. (1945). Poesía popular venezolana. Caracas: Ministerio de Educación.

Menéndez  Pelayo, M. (1945). Antología de Poetas Líricos Castellanos. Tomo IX. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Menéndez Pidal, R. (1943).  Los romances de América y otros estudios. Buenos Aires: Espasa-Calpe

--- (1948). Flor nueva de romances viejos. Buenos Aires: Espasa.Calpe.

--- (1953). Romancero Hispánico. Madrid: Espasa-Calpe.

Monroy Pittaluga, F. (1952). Cuentos y romances tradicionales en Cazorla (Llanos del Guárico). Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.

Moya, I. (1941). Romancero. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires.

Olivares Figueroa, R. (1948). Folklore venezolano. Tomo. I. Caracas: Ministerio de Educación.

Onís, J. de (1964). El celo de los duendes; una variante americana del Romance del Conde Olinos. México: Cuadernos Americanos.

Pardo, I. J. (1955). Viejos romances españoles en la tradición popular venezolana. Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.

Ramón y Rivera, L. F., Aretz, I. (1961). Folclor tachirense. Tomo II. Caracas: Biblioteca de  Autores y Temas Tachirenses.

 (*) Nota del editor: Este ensayo (fragmentos, mejor dicho) fue tomado del texto de nuestra maestra, la doctora Pilar Almoina de Carrera, titulado: DIEZ ROMANCES HISPANOS EN LA TRADICIÓN ORAL VENEZOLANA. Caracas. Edición del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela.  1975

Notas al margen: “Para Menéndez Pidal, este romance proviene de una canción francesa documentada desde el siglo XV y es el primer romance de la tradición oral moderna. Ha sido traducida por diferentes autores en América incluyendo parte de los Estados Unidos. En Hispanoamérica se destacan características especiales como es el arcaísmo de las versiones americanas. En Venezuela se mantiene la esencia de dicho romance.


miércoles, 12 de agosto de 2020

Cultura Unellez-VIPI 25. Bases completas del Concurso de Afiches XLV Aniversario de la Unellez

 


Siguiendo los lineamientos de las autoridades universitarias, encabezadas por el Rector, Doctor Alberto Quintero, se abre la convocatoria del concurso para seleccionar el afiche que será la imagen oficial para el XLV aniversario de la Universidad Ezequiel Zamora.

 1. Pueden participar estudiantes de pregrado y postgrado, docentes, trabajadores administrativos u obreros de los Vicerrectorados, sedes principales y municipalizadas de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora”.

2. No pueden participar miembros del comité organizador, o de la mesa técnica de este concurso, ni sus familiares directos.

3. Cada participante puede concursar con una (01) sola pieza.

 4. En la edición 2020, el tema seleccionado para ser representado en la pieza gráfica estará en correspondencia con el lema “Esperanzas por la vida, salud y familia”. 

 5. El diseño propuesto debe contener: logotipo, nombre completo de la universidad, acrónimo (Unellez) y lema oficial “La Universidad que Siembra”.  Estos elementos tienen que seguir normas institucionales para la identidad gráfica de la Unellez, respetando proporción, color y tipo de letra.  Los archivos vectorizados para su uso en el diseño o propuesta están disponibles aquí.  Para la convocatoria 2020, debe incluirse el texto 1975-2020, 45 años o XLV aniversario.

 7. Los trabajos estarán presentados con  las siguientes especificaciones técnicas:   30 x 60 cms (vertical u horizontal), formato digital .jpg  o .tif (CMYK) y el archivo editable realizado en software apto para imprenta (CorelDraw, Ilustrator, Photoshop o afines) y resolución: 300 dpi.

 8. En caso de que la pieza sea hecha manualmente o con alguna otra técnica, debe ser escaneada o reproducida fotográficamente de manera que se adapte a los parámetros establecidos para el archivo digital especificado en el punto anterior.  En todo caso, se valorará el archivo digital resultante, el cual debe ser apto para su reproducción litográfica o en imprenta.

 9. Las propuestas serán recibidas a través de la plataforma  online en a través del correo concurso.afichesunellez@gmail.com en formato  .jpg o .tif más el archivo editable.

 10. Adicionalmente,  el correo debe contener los siguientes dato: pseudónimo del o la participante, nombres y apellidos, número de cédula de identidad, números  telefónicos  de contacto (fijo y móvil), dirección de correo electrónico alternativa, dirección de habitación, sede de la Unellez donde está adscrito y condición del participante (si es estudiante, carrera y si docente o trabajador,  activo o jubilado).

 11. La recepción de los trabajos se realizará desde el lunes 03 de agosto hasta el lunes 31 de agosto del 2020, a las 5.30 pm.

 12. El autor o autora de la pieza ganadora, acepta el uso de la propuesta gráfica por parte de la Unellez para la reproducción de piezas correspondientes con  la institucional.  Los participantes que no resulten ganadores aceptan el uso de las piezas concursantes para la promoción de la imagen institucional de la Unellez, atribuyendo el respectivo crédito al autor o autora. 

En caso de que algún participante, que no resulte ganador, prefiera no otorgar este permiso a la Unellez, debe manifestarlo al momento de enviar su propuesta, a fin de  tomar las previsiones necesarias para su no difusión.  Esta elección del autor o autora no afectará su participación en el concurso. 

 13.  Las imágenes e ideas presentadas a este concurso no deben estar sujetas a derecho de autor, a menos que hayan sido creadas por el propio concursante, y este autorice a la Unellez para su utilización y difusión con fines institucionales y no comerciales.  Cualquier responsabilidad ética y/o legal sobre el uso de imágenes sin autorización del autor queda bajo responsabilidad del concursante que presente la pieza gráfica.  La Unellez no se encargará de la verificación de los derechos de autor de las fotografías y/o imágenes utilizadas en los diseños.

 14. Para información o consultas adicionales: concurso.afichesunellez@gmail.com

 15. La selección del propuesta ganadora, se hará a través del portal web de la Unellez, donde los artes que cumplan con los requisitos descritos anteriormente, serán expuestos de forma aleatoria y rotativa que los usuarios puedan elegir, entre las piezas en concurso, tres de su preferencia, del 01 al 15 de septiembre del año 2020.

 16. El resultado de las votaciones se dará a conocer el día miércoles 16 de septiembre de 2020 a través del portal web www.unellez.edu.ve, en la sección de Noticias.   Dicho veredicto será inapelable.

17. El concurso no podrá ser declarado desierto.

 18. Al cierre del concurso se declarará una (01) pieza ganadora, que será utilizada para el afiche y material de apoyo institucional, conmemorativos del XLV aniversario de la Unellez. 

 19. El autor o autora de la pieza ganadora será acreedor o acreedora de un premio único en metálicos. 

 20. El premio en metálico, serán entregados una vez recibida y confirmada la información que le sea solicitada al autor ganador.

 21. El autor a autora ganador, recibirá un diploma que acredite su mérito como creador o creadora de la pieza gráfica, conmemorativa del  aniversario de la Unellez en el año de la convocatoria.

 22. Se dará diploma de Reconocimiento para todos los participantes.

 Adicional: Lo no contemplado en estas bases será resuelto de manera inapelable por el Comité Organizador.


jueves, 6 de agosto de 2020

Cultura Unellez-VIPI. 24. Mi amigo Bernabé y otros relatos del deporte (Héctor Nuno González)


Llanera con atuendos deportivos y cerca del río donde vivió Carlitos. 
Imagen en el archivo de Paolyta Torres




CARLITOS, EL 10 DEL PASO LAS NEGRAS

La madrugada de aquella histórica semifinal, su padrastro golpeó a su madre y hermanito. Cada episodio similar dejaba un halo de tristeza y desaliento en Carlitos, el 10 del Paso las Negras, el zurdo que dribla a todos en la sub 14. Sus ojos contenían las lágrimas, de nuevo violencia en casa y, por otra parte, Venezuela perdía 1- 0 ante Uruguay por las semifinales del mundial sub 20, corría el minuto 89 y no parecía haber por dónde.

Estalló en llanto cuando Samuel Sosa clavó en el ángulo aquel tiro libre, no podía gritar y se tragó cada letra del gol, hipeando de alegría y desazón. Vio la prorroga en silencio y lloró con más ganas luego que Wuilker Fariñez tapó el penal que ponía a Venezuela en la final. Se fue a la cama y murmuró plegarias que de nada habían servido hasta entonces, pero que aliviaban su alma atribulada e inquieta.

Carlitos no conoció a su padre ni su padre lo conoció a él, murió luego de un disparo en la cabeza mientras huía de un robo. Lo dejó estando en el vientre de su madre, cuando ella ni siquiera sabía cuidar de sí misma. Vivían en el barrio Paso las Negras de San Carlos, en una piecita triste y llena de cornetas estruendosas.

Carlitos es elocuente dentro y fuera de la cancha, tiene ojos negros profundos y curiosos, piel trigueña y cabello de indio. El profe lo pone de enganche en un 4-2-3-1 dinámico y efectivo, propio para moverse a sus anchas en zona 3, pasar rivales como conos, abrir las bandas con limpidez, tirar un pase al fondo para  provocar un mano a mano y de vez en cuando, solo de vez en cuando porque su placer está en pasarla, meterla en el arco con elegancia y maestría.

Carlitos es de alma noble, incapaz de hacerle daño a nadie. El ambiente que lo rodeaba en casa, lleno de alcohol, drogas y violencia en todas sus expresiones, no transformó su corazón lleno de bondad. Cuando descubrió lo maravilloso de patear una pelota, sus sueños viajaron lejos y, por cada lágrima derramada en casa, se afianzaba más su anhelo de jugar en la Vinotinto. El fútbol es su refugio.

Un día el Club consiguió un amistoso con la selección nacional sub 15 de Venezuela dirigida por Frank Piedrahita. Carlitos no cabía en sí, era su gran chance, el profe le dijo que buscaban un 10 para llevárselo al Suramericano.

El día del partido, Carlitos dio recital en el Barreto Méndez, asistió a dos compañeros y marcó de pelota quieta en el empate a 3 de ambos equipos.

Tras el pitazo final, Piedrahita se le acercó y puso su mano fuerte en sus hombros exclamando: “Carlitos, tú serás el 10 de mi equipo, preséntate en el último modulo que será en Margarita en 15 días, nos vamos al suramericano, serás Vinotinto”.

Carlitos lloraba de alegría, el profe prometió gestionar todos sus permisos, gastos y cualquier dilema que pudiera surgir en su hogar disfuncional.

La mañana que debía viajar, fue al cementerio a visitar la tumba de su padre, esta vez invadido por una sensación de libertad, colmado de un destino del que se sabía dueño. Frente a la lápida exclamó lleno de orgullo: “Puedes estar orgulloso, papá. Siéntete feliz porque, como siempre has querido, no voy a ser como tú, seré el 10 de la Vinotinto”.

 

CHIMOERO

“El cátcher es González”, frase dilecta de las muchas que oí de su voz recia, fuerte y firme, la misma cuales ecos retumbarán para siempre en cada rincón del estadio de Las Vegas. En contraste con su voz y carácter de Sargento, está su figura enjuta y piernas flacas, en su piel morena oscura destacan grandes ojos negros, esos infalibles en los detalles, los que veían poca melodía en un wine up, mala sincronía en un swing, poca elegancia en el fildeo o mezquina entrega en la jugada.

Recuerdo cuando entraba al estadio y saludaba: “Epa, muerto”. Su mano siempre empuñaba un bate lánguido y desvencijado, llamado fongo, ideal para dar elevados y roletazos a sus entrenados.

Chimoero vestía sencillo en cada práctica, mono de pelotero, franela deportiva y gorra medio puesta. Era la misma pinta con la que repartía la correspondencia de la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela, faena a la que dedicó muchos años de su vida.

Luis “Chimoero” Palencia era un lanzador prolijo, un curveador elegante que compitió en la entrañable liga doble A de los 70. Pero el recuerdo más bonito y valioso que Chimoero tiene para su gente, es en su rol de entrenador. Cuánto agradecimiento de varias generaciones de peloteros vegueros y cojedeños para con este personaje.

Chimoero defiende siempre a su manada cuál lobo, una noche, luego de una larga inauguración de un campeonato estadal en el estadio Alfonso Ríos de San Carlos, un raterito arrancó de mi cabeza la gorra del uniforme y se fue en carrera. Chimoero saltó de la pickup en la que estábamos con la agilidad de un acróbata, tomó la primera piedra que alcanzaron sus manos y la arrojó con fiereza al niño que corría victorioso. Fue inútil el esfuerzo, pero me quedó su actitud de padre protector.

Su consejo fue clave para el campeonato nacional que ganamos en Yaracuy en 1999, donde 5 vegueros fuimos parte del roster de la selección de Cojedes; gracias a él Engelberto Caballero repartió leña en cualquier estadio al que fue; su palabra sabia inspiró al poeta Enrique de la Vega a escribir y cantar:

“Coge la bola me decía Luis Chimoero, cuando en el campo la perdía por un error, usa la mente y la malicia que eso es bueno, si en un momento piensas llegar a campeón”. Raiwinson Lameda firmó con Boston Red Sox y desde entonces, lo menciona siempre entre las personas más importantes y decisivas de su carrera.

En cuanto a mi concierne, querido amigo, ya no soy aquel receptor que hiciste capaz de llamar buenos lanzamientos del pitcher ni de fajarse tras el home con la valentía de un espartano. Pero si puedo, al menos eso creo, rendir culto con esta pieza literaria a tu inmortal aporte. Por eso, apreciado Chimoero, te dejo estas líneas capaces de trascender el tiempo y el espacio, como símbolo de agradecimiento y cariño, en nombre de mi generación y de todas las que con esfuerzo y altruismo formaste en el béisbol.

 

MI AMIGO BERNABÉ

Por fonética o sólo para no forzar su garganta, me decía Jeito en lugar de Héctor. Lo conocí en mi alegre paso por la Empresa Socialista Pedro Camejo, la CVA de las máquinas, como la llamaban en el pueblo.

Bernabé es un viejo firme, con ojos verdes de gato astuto, la piel curtida por las sales de la vida y de formas lentas pero confiadas. Era uno de los tractoristas más experimentados de la institución, su acento guaro delata su origen. Llegó al Charcote convocado por la lucha de tierras y allí permanece, ya en otro contexto de la historia.

Bernabé nunca decía no, cigarro en mano me miraba con complicidad y exclamaba: “Usted si j… Jeito”. Cuando algo salía mal y me veía obligado a interpelarlo, se excusaba con una de las frases más tiernas que oí jamás: “Yo toi viejo Jeito”.

Hallaba un apodo para todos, al jefe de seguridad, de apellido Kowalesinski, le decía Kawasaki, al jefe de taller le decía fresita, y a Yurancis, su amada y consentida, la llamaba machito.

Bernabé dice que es malandro, con base en todas las cosas hechas en la vida, una de ellas armar muchas tanganas y amanecer varias veces encanado. Por lo general usa camisa a cuadros, jeans desvencijados, botas vaqueras y gorra medio puesta. Su cabello es blanco y camina arrastrando los pies.

Escribo estas líneas a modo de agradecimiento, no hay cigarros en el mundo para agradecerle la gentileza con la que siempre me trató, especialmente en aquellos días donde me aventuré a prepararme en docencia universitaria en Maracay.

Era época de bonanza y quincenas decentes, Bernabé tenía un carrito azul, que en aspecto era verlo a él con 4 llantas adheridas. Yo tenía que estar muy temprano los sábados en el pedagógico, era imposible salir de Las Vegas antes de las 6 am en transporte público. Él se ofreció para llevarme cada semana al terminal de San Carlos a las 4 de la madrugada. Siempre práctico para argumentar dijo: “Yo casi no duermo Jeito, yo lo llevo”.

Así fue en los 6 meses intensos que duró mi preparación docente, un día olvidé avisarle de una clase cancelada y a las 4 am me despertó un ruido de piedras sobre el techo, era el viejo Bernabé esperando afuera, por la ventana distinguí su sonrisa sincera. Me excusé y respondió sin atisbo de reproche: “Usted si es loco Jeito”.

El mundo dio vueltas y nuestros caminos cogieron rumbos disímiles, hace unos días la causalidad me lo puso enfrente en un lugar del sendero: “Jeeeito”, dijo alargando la e, “usted ta igualito”. Al son de una mirada brillante nos dimos un abrazo fuerte, dimos pormenores breves como buenos sintetizadores y seguimos.

Bernabé estará siempre en mi corazón, es bonito contar con los dedos de la mano a los verdaderos amigos. Bernabé no sabe leer, pero espero se entere que escribí estas líneas como gesto inapelable de cariño. 


Textos tomados del libro "Estamos hechos de recuerdos" de Héctor Nuno González (San Carlos, 2020) publicado por El perro y la rana, Imprenta Regional Cojedes.


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