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jueves, 13 de agosto de 2020

Cultura Unellez VIPI 29. Las señas del marido. Estudio y varios poemas. Pilar Almoina de Carrera

 

Por muchos años, la casada, aguardó el retorno de su marido. 

Imagen en el archivo de Fernando Parra.

Antecedentes (fragmentos).  Este romance es uno de los más conocidos y abundantes en la tradición popular hispana. Menéndez Pidal (1953), destaca que este romance proviene de una canción francesa documentada ya en el siglo XV y al  que califica de “romance-cuento”: “…en 1605 se publica el último pliego suelto, en el cual se incluye un nuevo romance-cuento, Caballero de lejas tierras. Todos estos hechos nos dicen que hacia 1600 ha empezado una nueva época para la tradición oral, la época moderna en la que el romance novelesco de asunto completo es lo estimado corrientemente, una vez olvidado el gusto fragmetarista” (p. 160). Así, para Menéndez Pidal es “el primer romance de la tradición oral moderna”. (p. 194)

Wolf y Hofman ofrecen dos versiones del mismo asunto (1945): la publicada por Timoneda y la de Juan de Ribera, de 1605, Caballero de lejas tierras. Esta última, será la versión que dará origen a la tradición popular oral de más arraigo en España y América. Aun cuando se presentan variantes, que Menéndez Pidal explica por la fuente francesa: “Entre las muchas versiones de Las señas del marido se destaca una francesa, documentada ya en el siglo XV (mientras la española se publicó por primera vez en 1605), la cual esta asonantada monorrima en é, lo mismo que el romance, y en ella, supuesta la fluida variabilidad de la poesía tradicional, hallamos explicada una variante en que algunas versiones modernas española difieren de la publicada en 1605 y de otras de las actuales.” (p. 318-319)

El romance de Las señas del marido se recoge en Venezuela en amplia proporción. Casi todos los investigadores del folklore venezolano lo han recolectado, y a veces a partir de un surgimiento espontaneo, sin proponérselo propiamente.

La primera versión inédita incluida la colectamos, junto con otros investigadores, entre los cantos de la Parranda de San Pedro, en Guarenas, Estado Miranda. En esta variante, lo mismo que en todas las venezolanas hasta ahora recogidas, la esposa envía recuerdos  al esposo que está lejos, aprovechando la buena disposición expresa de un incognito viajero, que en este caso parte hacia Francia. Se utiliza en el texto la palabra memoria, en lugar de los saludos o la carta que generalmente aparece en otras versiones hispanoamericanas y venezolanas. Se mantiene el arcaísmo muerto es con relación al cual Menéndez Pidal destaca que se conserva en América en mayor número de versiones que en España (p. 353). Curiosamente, en este caso el supuesto matador del marido es el mismo francés de quien se dice que le regalo el caballo. De otra parte, es de notar la intensidad dramática y narrativa de esta variante, que elimina todos los elementos accesorios, manteniendo los indispensables del romance. Se advierte, por último, la conservación del tradicional asonante é.

                I

 Señora, me voy pa Francia;

señora ¿qué manda usted?

Mi marío que está allá,

memoria me le da usted.

No conozco su marío,

ni lo quiero conocer.

-Es un mocito bajito,

Sombrerito a lo holandés,

anda en un caballo rucio

que le regaló el francés.

-Ese señor que usted dice

siete años de muerto es,

en una mesa de juego

lo mató  el mismo francés.

-Siete años he esperado,

siete  años esperaré;

y si acaso no viniera,

a monja me meteré.

Y seis hijas que tengo

muy bien las repartiré.

Una dejo en el convento

para recuerdo de él.

-¡Vaya una mujer tan firme,

vaya una mujer tan fiel!

Esas son mis seis hijas

y mi querida mujer. (Informante: Justo Tovar. Colectores: Pilar Almoina de Carrera, Gustavo Luis Carrera y Abilio Reyes.  Guarenas, estado Miranda)

 

La versión II, inédita, me fue proporcionada por el profesor Efraín Subero, recogida en la Isla de Margarita. Aquí, el lugar de destino no es Francia, sino España; circunstancia al parecer poco común. También se observa el uso del término de memorias en el sentido de saludos; y por contrapartida, la pérdida del arcaísmo muerto es y su sustitución por la forma: “por muerto lo deje ayer”. Un aspecto a destacar en esta versión es la parte en que el marido trata de despertar los celos de la esposa: Doce galanes lloraban / y las mujeres también, / la más  que lo lloraba / la hija del rey francés.

Este fragmento también lo hemos encontrado, en forma equivalente, en otra variante venezolana, publicada por Enrique Planchart (1921) y recogida en el estado Miranda:   Mucho lo sintió la reina, / y mucho lo sintió el rey, /y mucho más lo ha sentido / la hija del genovés. Estos versos, que corresponden a la versión del siglo XVII de Juan de Ribera, se han perdido en la tradición española, y en la americana solo conozco estos dos ejemplos. El mismo Menéndez Pidal dice que solo sabe de una versión de las Canarias en que se conserven: “las versiones peninsulares y americanas sustituyen esa provocación a los celos por un mal encargo del presunto muerto: en el testamento deja/que me case con usted” (p. 356). Este pasaje con el encargo del marido solo aparece en dos versiones venezolanas, una de Cazorla, estado Guárico, y otra del estado Zulia.

Como cosa curiosa, en este texto se eliminan las señas que la esposa da del marido. De otra parte cabe subrayar la introducción de un claro elemento regional en los nombres de aquellas a quienes la esposa  piensa dar a sus hijas: Una le daré a Ña Ana / y otra a Ña Juana Isabel. Al final del romance aparece el nombre de la esposa, que aquí es de doña Ana, a diferencia del más frecuente de Catalina. Por último, sobresale el vínculo de antigüedad al mantenerse a todo lo largo el característico asonante é.

              II

Mañana voy para España

 

-Mañana voy para España,

¿qué manda a decir usted?

Memorias a mi marido,

Memorias si usté lo ve,

-No conozco a su marido,

Ni lo quiero conocer.

En una mesa de juego

por muerto lo dejé ayer.

Doce galanes lloraban

y las mujeres también,

la más que lo lloraba

la hija del rey francés.

-Doce años lo he esperado

y doce lo esperaré.

y si a los siete no llega

a monja me meteré.

Tres hijitas me dejó

luego las repartiré:

una le daré a Ña Ana

y otra a Ña Juana Isabel,

la más chiquita me queda

por ser parecida a él.

Voy a comprarle un rosario

para que ruegue por él.

Doña Ana oyendo esto

Muerta se quedó a sus pies.

-Yo soy tu propio marido

y tu mi propia mujer. (Informante: José Elías Villarroel. Las Piedras de Juan Griego, Isla de Margarita).

 

La versión III fue publicada por Rafael Olivares Figueroa procede del estado Guárico. Aquí como en todas las variantes venezolanas, la mujer encarga saludos al esposo, quien se ha criollizado hasta el punto de que es un zambito, hecho muy significativo con relación a los procesos de adaptación y “naturalización” característicos de la transculturación a nivel de la tradición popular.

Se conserva el arcaísmo de muerto es: mientras la nacionalidad del fingido matador del esposo cambia  por completo: ahora es un inglés, caso singular dentro de las versiones que conocemos. El nombre de la esposa es Mariquita, introduciéndose un elemento de vivo sabor criollo en el epíteto que le caracteriza: la flor del araguaney, el árbol nacional de Venezuela: ¡Mariquita, Mariquita,/ linda flor de araguaney!  Permanece el asonante é, que solo aparentemente se pierde al comienzo, ya que es evidente la falta del verso cuarto.

      III

-Señora, me voy Francia,

Dígame qué manda usted.

-Señor, yo no mando nada.

………………………….

Una carta a mi marido

que por allá debe ver.

-No conozco a su marido,

ni pretendo conocer.

Si quiere que lo conozca,

deme una señita de él.

-Mi marido es un zambito,

en el hablar muy cortés:

anda en un caballo rucio

que le regalo un francés.

-Por las señas que me da,

su marido muerto es.

Que lo mataron jugando

en la casa de un inglés.

-Siete años ha que lo espero,

y siete lo esperaré.

Si en otros siete no viene,

a monja me meteré.

Tres hijitas que de él tengo,

esas las repartiré:

una la daré a doña Ana

y la otra a doña Merced;

la mas chiquita la dejo

para recordarme de él.

-Búsqueme sus tres hijitas

que las quiero conocer.

¡Mariquita, Mariquita,

linda flor de araguaney,

estas  son mis tres hijitas,

tú mi querida mujer!

Allí se echaron los brazos,

Y volvieron a querer. (Informante: Benito Gutiérrez Carchidio. Altagracia de Orituco, estado Guárico).

 

El texto IV, publicado por Francisco Monroy Pittaluga, procede de la zona de los Llanos, al igual que el anterior. Entre las señas que la esposa da del ausente esta de llevar en el puño de la espada las armas del rey, aspecto que no aparece en ninguna de las variantes venezolanas que conocemos. También la esposa envía memoria, reafirmando un rasgo que puede conceptuarse como una costumbre. El fingido matador del esposo es aquí genovés; y es esta una de las versiones venezolanas donde aparece que el encargo del marido para la esposa es volverse a casar: y por herencia dejó / que me case con usted.

Al final, a semejanza de la otra versión llanera, se destaca el claro elemento criollo en la invocación a dos pájaros de los más característicos y hermosos de Venezuela, uno de ellos, el turpial, destacado con el símbolo de pájaro nacional: ¡Turpial de serranía,/ sabanero Cristofué, / abre los brazos, esposa, /que tu marido aquí ves! Por último, la conversación de la más firme tradición al mantener el asonante é.

 

      IV

-Señora, me voy  a Francia.

¿Qué manda a decir usted?

-Memorias a mi marido,

si lo llega a conocer.

-Señora, no lo conozco;

deme una seña cuál es.

-mi marido es mozo y blanco,

en el hablar muy cortés;

en el puño de su espada

lleva las armas del rey;

anda en un caballo rucio

y se viste a lo francés.

-Por las señas que me da,

por el dolor pasaré

de contarle que su esposo,

sin que se sepa por qué,

en una mesa de juego

le dio muerte un genovés

y por herencia dejó

que me case con usted.

-Caballero, eso no lo hago:

Siempre a mi esposo amaré;

hace seis años lo aguardo

y seis más lo aguardaré

y si todavía no llega

sola yo me quedaré;

las dos hijitas mayores

al convento meteré:

la más chiquita la dejo

por ser retrato fiel.

¡Turupial de serranía,

sabanero Cristofué,

abre los brazos, esposa,

que tu marido aquí ves! 

 

El último de los textos que incluimos, el V, publicado por Olivares Figueroa, procede de Maracaibo, estado Zulia. De allí que el fingido viajero que parte para Francia y se ofrece a la esposa, use la forma regional zuliana “querés”, ello como una nueva muestra de la fuerza del natural proceso de adaptación al medio, que es capaz de valer aun frente a la obligante tradición y el rigor conservacionista que caracterizan la permanencia del romance. Así mismo, es de observar en la esposa el raro nombre Arcalina.

De otra parte, reaparece el arcaísmo muerto es: mientras el fingido matador se identifica con un nombre: Lucas Francés, quizás vinculado con la forma presente en la versión venezolana I: “lo mató el mismo francés”. Esta variante zuliana es la segunda venezolana en que el testamento del marido ordena que la esposa se case con el viajero: y en el testamento manda / que me case con usted.  También es de observarse que en ella se mantiene a todo lo largo el característico asonante é. 

       V

Arcalina, Arcalina:

cara de rosa y clavel,

mañana parto pa Francia,

dime, mujer que querés.

-Si vieras a mi marido,

mil saludos me dés.

-No conozco a su marido:

Dígame las señas dél.

-Mi marido es chiquitico,

Bien vestido a lo francés

anda en un caballo pardo;

elegante y muy cortés.

Arcalina, Arcalina,

cara de rosa y clavel,

por las señas que me has dado,

tu marido muerto es:

en una casa de juego

lo mató Lucas Francés

y en el testamento manda

que me case con usted.

-Tres años lo he esperado,

tres años lo esperaré:

si a los tres años no viene,

a monja me meteré.

Las tres hijas que del tengo,

esas las repartiré:

una le daré a Doñana

y la otra a Doña Isabel;

la más pequeña, la dejo

para recordarme dél.

-¡Calla, calla, mi Arcalina,

Cara de rosa y clavel,

Todas tres son mis hijitas,

Y tú mi honrada mujer!   (Colector Olivares Figueroa. Maracaibo, estado Zulia)

 

 

Bibliografía citada:

Cadilla de Martínez, M. (1933). La poesía popular en Puerto Rico. Madrid: Universidad de Madrid.

Menéndez Pidal, R. (1953). Romancero Hispánico. Madrid: Espasa-Calpe.

Monroy Pittaluga, F. (1952). Cuentos y romances tradicionales en Cazorla (Llanos del Guárico. Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.

Olivares Figueroa, R. (1948). Folklore venezolano. Tomo. I. Caracas: Ministerio de Educación.

Pardo, I. J. (1955). Viejos romances españoles en la tradición popular venezolana. Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.

Planchart, E. (Agosto-1921) “Observaciones sobre el cancionero venezolano”.  Cultura venezolana. Nº 28. Caracas.

Vicuña Cifuentes, J. (1912). Romances populares y vulgares. Santiago de Chile: Biblioteca de Escritores de Chile.

Wolf, F.,   y Hofman, C. (1945) Primavera y flor de romances. Antología de Poetas Líricos Castellanos. Tomo VIII. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

  (*) Nota del editor: Este ensayo (fragmentos, mejor dicho) fue tomado del texto de  nuestra maestra, la doctora Pilar Almoina de Carrera, titulado: DIEZ ROMANCES HISPANOS EN LA TRADICIÓN ORAL VENEZOLANA. Caracas. Edición del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela.  1975.


Cultura Unellez-VIPI 26 EL CONDE LIRIO. Estudios y poemas Compilación de Pilar Almoina de Carrera

 

El antiguo romancero del Conde Lirio tiende profundas raíces en Venezuela, con destacados cultivos en la poesía popular llanera. Imagen en el archivo de Fotollanos


Antecedentes  (fragmentos).  El tema de los amores contrariados y su desenlace trágico, eterno asunto literario y en particular presente en el teatro de todos los tiempos, encuentra viva representación, derivando hacia la mágica transformación eternizadora, en el Romance del Conde Lirio (también: Conde Olinos, Conde Niño, Conde Olivos; y con menos frecuencia: Lino, Aliman, Nuño, Vizcondito, Fernandino, Condolillo, Condolirio). Amor más poderoso que la muerte podría ser la esencia  de este romance, y es el título con que lo incluye Menéndez Pidal (1948) y precisa al respecto: “En un cancionero de finales del siglo XV se halla ya una versión de este romance, por desgracia muy estropeada. La que damos aquí tiene muy en cuenta las versiones modernas, que son numerosísimas lo mismo en toda la península que en América, Marruecos y Oriente. La versión del siglo XV, como una gran mayoría de las modernas, está contaminada con las del Infante Arnaldos. El tema esencial del romance es el de las maravillosas transformaciones de dos amantes perseguidos; tema que se halla lo mismo en las literaturas orientales que europeas. Recuérdese la leyenda de Tristan” (Pp. 130-131). Las versiones venezolanas, por cierto, parecen ajustadas bastante a este arquetipo publicado por Menéndez Pidal.

William J. Entwistle (1951) intenta establecer los posibles orígenes de este romance: “El romance de El conde Olinos es de los más enrevesados, tanto en el conjunto de sus versiones como en cada una de ellas. Son extraordinariamente distintas, y cuando ofrecen parece que viene de diferentes ciclos novelescos” (p. 237). Para Entwistle no se trata de un asunto castellano; y esto ya como resultado del estudio de la métrica y de las melodías. Así en cuanto al mismo nombre del protagonista, Olinos o Aliman entre los judíos. (p. 239). Pero encuentra sobre todo grandes coincidencias en el desarrollo temático y de motivos con los romances fronterizos del Asia Menor. En especial en los llamados tragoudia akritika, donde el clima mágico rodea toda la acción. Concluye Entwistle su estudio afirmando: “Las vías de penetración de Bizancio hacia el Norte son bastante conocidas. Sobre todo después de 1204 no habría dificultad para que un pensamiento griego llegase a Rusia, a Escandinavia, a Francia o a España. El romance internacional contiene más de un tema común en distintas regiones del Norte o del Oeste de Europa, pero con detalles tan disconformes que apenas podemos suponer un movimiento del Norte al Oeste o del Oeste al Norte”. (p. 248)

Menéndez Pelayo (1945) publica una interesante versión asturiana del romance, muy  completa, que es la utilizada por Entwiatle como modelo, en la cual aparecen episodios que no se registran, al parecer, en ninguna otra conocida: se precisa que el Conde Olinos llega a tierra  de moros, ante un castillo en donde vive una reina mora y su hija, la reina manda a su ejército, cien mil moros, a matar al conde; este acaba con todos excepto uno; aparece la princesa convertida en blanca paloma que lo libera.  Estos episodios no se han conservado en el romance, que se ha reducido a cuatro pasajes fundamentales, tanto en las versiones españolas más complejas como en las venezolanas: 1-El conde va a dar agua a su caballo a las orillas de mar, en el día de San Juan. 2-El canto órfico, encanta a la madre y a la hija. La madre cree que es el hechizo de las sirenas. 3-La hija descubre al amante, y es muerta junto con el por la madre. 4-Se efectúa la serie de transformaciones mágicas, primero convirtiéndose en árboles, después en fuentes y rio; o en garza y gavilán o en paloma y gavilán.

Menéndez Pidal (1943), incluye bajo el título agrupativo de Amor fiel, el romance del Conde Olinos con el nombre de Amantes perseguidos, en donde el protagonista es el Conde Niño. Los comentaristas coinciden en afirmar la contaminación de este romance con el del Infante Arnaldos, sobre todo en la parte que dice: “Los peces que andan al hondo, / arriba los hacen andar; /las veces que van volando, / al mástil vienen posar”.

Aun cuando ya no se debería decir que hay contaminación sino asimilación o incorporación definitiva, pues los versos similares que aparecen en el Conde Olinos encajan perfectamente en su estructura. Es natural que se haya  producido este contacto, pues en ambos romances los protagonistas aparecen en el día de San Juan; y ambos encantan con su canción. No es de extrañar, pues, que el canto del Conde Olinos también produzca su mágico efecto los peces y las aves.

En Venezuela, el romance del Conde Olinos es muy abundante, y por lo general se mantiene en forma fiel y completa en toda su parte esencial. Hemos elegido para este estudio ejemplos muy integrales y significativos, tanto de entre los publicados como de los inéditos, agrupados de acuerdo a las zonas geográficas donde fueron recogidos.

La versión I, publicada por José de Onís (1964), solo ofrece como referencia que fue recogida a Julián González, sin precisar más datos, y con el título de Corrido de los pajarillos. Comparando esta versión con la publicada por Juan Liscano en Poesía  popular venezolana (1945), llegamos a conclusiones que nos parecen valederas. En primer lugar ambas se titulan de manera semejante, pues Liscano la recoge con el nombre de Corrido del pajarillo. Segundo, en las dos se presenta una sugerente introducción que no aparece en otras variantes venezolanas, y que esta fuera del contexto natural del romance. La publicada por José de Onís, de trece versos, dice:

Bajando los pajarillos

juntos en una mañana

a esperar que el orizo (unicornio)

meta su cuerno en el agua

y de nada se señala

que el verene no se fue.

Aquel que nada en la albera

es un animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno,

que por él emitió candela

empezole que el artista

con él recordó la vela.

Extraños versos que no tiene sentido claro, aun cuando José de Onís en su trabajo pretende que “la idea central de este trozo es todavía evidente y encaja perfectamente en el resto de la historia” (p. 222). Cree José de Onís que el romance del Conde Olinos fue divulgado en Venezuela por el clero y que la presencia del unicornio con su cuerno mágico se debe a la contaminación con la vida de los santos, en especial con la leyenda de San Huberto y la de San Eustachio. Parece algo apresurada esta conclusión tan definitiva, sobre todo a partir del conocimiento de estas dos únicas versiones venezolanas en que aparece tal  introducción; pues más lógico sería suponer una contaminación con otro romance o historia, y que parece darse sobre todo en una región venezolana. Decimos esto último a partir del análisis de la variante publicada por Liscano, en la cual los primeros diez versos son semejantes:

Bajan todos los pajarillos

Juntos en una mañana,

a esperar que el unicornio

meta su cuerno en el agua.

Apenas la cruz señala

que ya el veneno se fue,

dicen todos a una vez:

¡Jesús que animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno!

Juan Liscano señala la procedencia de esta variante alrededor de Caracas, concretamente Cerro de Las Flores. José de Onís no indica procedencia alguna, aunque en una comparación entre las dos variantes podemos afirmar que deben de ser de la misma zona. Además de la coincidencia en la introducción señalada, el protagonista es en una el conde Olivoa (J. de Onís) y en la otra el conde Olivo (Liscano); en ambas el conde baja a dar agua a su cabello “a las orillas del mar”; mientras oyen el canto la madre y la hija “que vivían junto al mar”. La respuesta de la hija a la madre que ya J. de Onís señala como extraña en la variante que analiza, lo es también en el conjunto de las venezolanas, pero se da exactamente en la de Liscano: “con cariño y con piedad”. También los versos finales son semejantes, como evidencias comparar los siguientes con la versión de J. de Onís que reproducimos completa: “Si matan al conde Olivo/ yo viva no he quedar / a él lo entierran en la iglesia,/ A mi debajo del altar; / de mi saldrá una paloma,/de él un fuerte gavilán”.

De otra parte, cabe destacar, por su evidente significación –sobre todo en consideración de las condiciones propias de la trasmisión tradicional oral-, el hecho de que la aludía y poética “introducción” de las versiones de Liscano y de J. de Onís no se somete a la rima propia del romance y hace pensar en otro tipo de composición, quizás también de origen tradicional, como supone este último autor. En todo caso, no desentona ante el aire mágico y sugerente del romance: 

Bajando los pajarillos

junto en una mañana

a esperar que el orizoño (unicornio)

meta su cuerno en el agua

y de nada se señala

que el yerene no se fue.

Aquel que nada en la alberca

es un animal tan bueno,

me le ha dado la virtud

Dios en la punta de un cuerno,

que por él emitió candela

empezóle que el artista

con él recordó la vela

Ha bajado el Conde Olivos,

la mañana de San Juan,

a darle agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mientras su caballo bebe

se pone el Conde a cantar

Esparcido por el aire

tan pronto era de escuchar

una madre y una hija

que vivían junto del mar.

Le dice la madre a la hija

con cariño y con piedad:

Esas no son sirenas, madre,

ni su modo decantar,

ese es el Conde Olivos,

que a mí me viene a buscar.

Y le contestó la madre

que se supo molestar:

Si viniera el Conde Olivos

lo mandaremos matar.

Y le contestó la niña

con cariño y con piedad:

Si matan al Conde Olivos

yo viva no he de quedar:

que lo entierren en la iglesia,

a mi debajo del altar,

en mi pecho una paloma,

en su pecho un gavilán.

 

Las versiones II y III, que insertamos a continuación, proceden del estado Falcón. En ambas se advierten puntos coincidentes, en especial un aspecto que no hemos hallado en ninguna de las variantes recogidas en Venezuela. Y es que aquí el Conde Lirio no se encuentra a las orillas de mar, sino del Jordán; mostrando el protagonista el mismo nombre que también se da en otras versiones venezolanas. Al final, los amantes se transforman en gavilán y en paloma.

La versión II fue suministrada por Isaac J. Pardo, como parte de los materiales complementarios a su importante trabajo ya citado; y hasta donde sabemos es inédita. Tiene 23 versos, lo que hace en apariencia que al comenzar se pierda el asonante a, pero es evidente la falta del segundo verso: “una mañana de San Juan”;  con el cual el romance se muestra completo. Al respecto, es el interés observar que conocemos tres versiones provenientes de Pueblo Nuevo, estado Falcón y en todas falta el verso señalado.

El ejemplo III también inédito cuenta con 27 versos: es decir con uno sobrante, el quinto, que dice: “y tomando asiento dijo”. Eliminando este, se mantiene el asonante. En este caso, la madre es “la reina” y la transformación final también es un gavilán y en una paloma. De otra parte, es evidente en estos casos la ausencia de la incorporación del característico fragmento del Infante Arnaldos.

 

                       II

Se alevantó el Conde Lirio

[una mañana de San Juan]

a darle agua a un caballo

a las orillas del Jordán

-Alevanta, niña escucha

las sirenas en el mar.

-Esas no son las sirenas

mucho menos su cantar

ese será el Conde Lirio

que a mí me vendrá a buscar

-Si ese fuera el Conde Lirio

lo mandaría a matar.

-De matar al Conde Lirio

yo viva no he de quedar

juntos los mando a matar,

juntos los mando a enterrar,

uno en el altar mayor

otro en el altar mayor

otro en el verde olivar.

Nació una bella paloma,

Nació un bello gavilán;

alzó el vuelo la paloma,

alzó el vuelo el gavilán,

y se fueron a encontrar

a la orden del Jordán (Informante José Primera. Colector Padre J. Gastaminza, Pueblo Nuevo, estado Falcón)

           

 III

Se alevantó Conde Lirio

una mañana de San Juan

a dale agua a su caballo

a la orilla del Jordán

Y tomando asiento dijo:

-“Mientras mi caballo beba

Aquí me siento a cantar”

-Vení, mi niña a escuchar

las sirenas del Jordán…

-esas no son las sirenas

ni tampoco su cantar;

ese será el Conde Lirio

que me ha venido a buscar.

-Pues si ese es el Conde Lirio.

voy a mandarlo a matar.

-Si matan al  Conde Lirio.

yo viva no he de quedar

Juntos nos hará el entierro,

juntos nos ha de enterrar:

uno en pie de la iglesia,

el otro al pie del altar.

Nació la bella paloma

Y nació el cruel gavilán;

y así se acaba el romance

del Conde Lirio del Mar (Colector: Luis Arturo Domínguez, estado Falcón)

 

De los Llanos son los ejemplos IV, V, VI, y esta coincidencia de origen les concede afinidades y aspectos comunes que destacaremos como una reafirmación de interesantes rasgos típicos regionales. La versión IV, publicada por Francisco Monroy Pittaluga, procede de Cazorla, estado Guárico. Mantiene el asonante a, y presenta la generalizada contaminación con el romance del Infante Arnaldos. Aspectos curiosos y que no hemos encontrado en ninguna otra variante, es la alusión a la tercerola, antigua arma de fuego usada por la caballería, un tercio más corto que la carabina. Asimismo la presencia de una moraleja poco común al final del contexto romance: “el que no sabe de amor / no se pone a aconsejar”

La variante V, publicada por Gustavo Luis Carrera, mantiene el asonante a, el Conde Lirio, pasa a ser el Condolillo. También aparece la contaminación con el Infante Arnaldos. Cabe destacar como señalamiento poco frecuente el relativo de los árboles que crecen hasta abrazarse: y como elemento excepcional el tocante al padre que sube hasta la torre a hacer repicar las campanas.

La versión VI, publicada por primera vez por Pedro Montesinos y reproducida por Isaac J. Pardo, la incluimos aquí entre los conjuntos de las de los Llanos, a pesar de ser recogida en el estado Lara, ya que el mismo Montesinos dice que fue tomada “de boca de una niña de ocho años”, “de una joven del pueblo oriunda de los Llanos”. También en este ejemplo se mantienen el asonante en a,  y no aparece el fragmento perteneciente al Infante Arnaldos; aquí no son aves y peces los encantos por el cantar del Conde Lirio, sino los pasajeros. Por los demás, es una versión coincidente en lo básico con las otras provenientes de los Llanos

          IV

Ha bajado el Conde Lirio

a las orillas del mar,

a darle agua a su caballo

la mañana de San Juan.

Mientras el caballo bebe

se pone un rato a cantar:

las aves que iban volando

se pararon a escuchar

salen los peces bromando

del corazón de la mar.

Dice la reina a su hija

que allí entre sueños esta:

-Levántate, blanca niña.

vente conmigo a escuchar

tan bonito como canta

la sirena en el mar.

aquella no es la sirena

que está cantando en el mar.

-Aquel es el Conde Lirio

que ya se me viene a buscar.

porque yo le di palabra

que con el yo me iba a casar

-Si aquel es el Conde Lirio

mandarlo voy a matar:

¡Cojamos la tercerola.

vamos al conde a cazar!

-Si matas el Conde Lirio,

viva no habré de quedar

a él lo entierran en la iglesia

a mí debajo del altar;

de mi salga una paloma,

de él un triste gavilán;

por los campos solitarios

nos abrimos a volar;

el que no sabe de amor

no se pone a aconsejar. (Francisco Monroy Pittaluga. Cazorla, estado Guárico)

            

  V

Se levanta el Condolillo

la mañana de San Juan,

a darle agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mantes el caballo bebe

se sentó así a cantar.

Los pájaros se iban volando

se paraban a escuchar

Los pejes salían del fondo

a las orillas a mirar;

de aquellas lindas voces

del Condillo del mar.

Le dice una madre a su hija:

-Escuchar y levantar,

escucha a las sirenas

Que están cantando en el mar.

-!Madre le pido por dios

que usted me deje casar!

esas no son sirenas

ni su modo de cantar

-!Si el Condolillo viene,

Yo lo mandare a matar!

“Si al Condolillo lo matan,

viva no he de quedan!

La vieja, como agraviada,

siempre lo manda a matar.

Uno lo siembra en la puerta:

otro en el pie del altar.

fueron creciendo uno y otro

hasta alcanzarse a abrazar

El uno se volvió paloma.

el otro gavilán

Y salieron de la iglesia

y se fueron a volar

Monto el padre a la torre

Y se puso a redoblar

…………………………..

y se puso a repicar

Y aquí se acaban los versos

Del Condolillo del mar  (Informante: Pedro Juan Bravo. Colectores: I. Aretz y L.F. Ramón y Rivera. El Baúl, estado Cojedes)

 

                 VI

Se levanta el Conde Lirio

la mañana de San Juan

a dar agua a su caballo

a las orillas del mar,

-  Mientras mi caballo bebe,

yo me sentaré a cantar

Pasaban los pajareros

se paraban a escuchar

tan bonito que cantaban

las sirenas del mar.

Se levantan la reina y dice:

-  Levántate hija mía,

para que oigas la sirena

que está cantando en el mar

-  Esas no es la sirena:

por el modo de cantar

ese es el Conde Lirio

que ya me viene a buscar

-  Si te viniera a buscar

yo le mandare matar

-  Yo me haré una paloma

y él un cirio del altar (Estado Lara)

 

Así tenemos que en las versiones llaneras del romance las características agrupantes son: a) El protagonista tiene el nombre de Conde Lirio (variantes IV Y VI) y su deformación en Condolillo (variante); b) Se mantiene el asonante en a; c) La acción se sitúa la mañana de San Juan y a orillas del mar: d) Presencia del fragmento del romance del Infante Arnaldos (versiones IV y V); e) La transformación final de los amantes es en paloma y gavilán (versión IV y V) y en paloma y cirio del altar (versión VI).

De la región de los Andes venezolanos procede la versión VII de Rafael Olivares Figueroa. Es un ejemplo incompleto, ya que faltan los versos finales. Comparando esta versión con otras de la misma zona geográfica,  encontramos características semejantes. Así, el personaje pasa a ser Condolirio en otras Cordelillo. La acción se desarrolla la mañana de San Juan,  a orillas del mar. El asonante en a, que se manifiesta en la versión VII, también se conserva en general en las andinas. No se presenta la contaminación con el fragmento del romance del Infante Arnaldos, ni en esta ni en otras versiones de los Andes. La transformación final es en paloma y en gavilán, al parecer característica común de los exponentes recogidos en Venezuela

            VII

Se levantó el Condolirio

una mañana ´ e San Juan

a dar agua a su caballo

en las orillas del mar.

Esto dijo el Condolirio

cuando se fue a desmontar

-  Mientas el caballo bebe

aquí me siento a cantar.

Las aves iban pol ´aire

se pararon a escuchar

La reina dice a su hija:

-  Levántate a oír cantar

-  Aquellas no es la sirena

en el modo de cantar:

aquel es el Condolirio

que a mí me viene a llevar

-  Si el Condolirio lo matan

yo viva no he de quedar. (Informante: Emiliano Torres. Colector: Rafael Olivares Figueroa. Valera, estado Trujillo)

 

 

Bibliografía citada:

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Menéndez  Pelayo, M. (1945). Antología de Poetas Líricos Castellanos. Tomo IX. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Menéndez Pidal, R. (1943).  Los romances de América y otros estudios. Buenos Aires: Espasa-Calpe

--- (1948). Flor nueva de romances viejos. Buenos Aires: Espasa.Calpe.

--- (1953). Romancero Hispánico. Madrid: Espasa-Calpe.

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 (*) Nota del editor: Este ensayo (fragmentos, mejor dicho) fue tomado del texto de nuestra maestra, la doctora Pilar Almoina de Carrera, titulado: DIEZ ROMANCES HISPANOS EN LA TRADICIÓN ORAL VENEZOLANA. Caracas. Edición del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela.  1975

Notas al margen: “Para Menéndez Pidal, este romance proviene de una canción francesa documentada desde el siglo XV y es el primer romance de la tradición oral moderna. Ha sido traducida por diferentes autores en América incluyendo parte de los Estados Unidos. En Hispanoamérica se destacan características especiales como es el arcaísmo de las versiones americanas. En Venezuela se mantiene la esencia de dicho romance.