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miércoles, 1 de julio de 2020

Cultura Unellez-VIPI 21. Cuando Manuela salvó a Simón Bolívar (Arístides Rojas)


La vida de Simón Bolívar siempre emociona nuestros corazones. 
Imagen en el archivo de Samuel Omar Sánchez

Hablemos de la noche del 25 de septiembre de 1828. Por una casualidad, Manuela, que con frecuencia vivía en palacio, estaba algo indispuesta en la tarde del 25, y no había salido de la casa que habitaba. Sintiéndose el Libertador enfermo manda a llamarla, al anochecer, pero ella se excusa por no hallarse bien. Instada por aquél, y juzgando que podría serle útil, se abriga, y como había llovido se pone doble calzado, queriendo evitar la humedad. Al llegar a la mansión del Libertador se impone de que todo el mundo estaba indispuesto, comenzando por Bolívar y continuando por su sobrino Fernando, el edecán capitán Ibarra, el mayordomo Palacios, y ausente, por estar igualmente indispuesto, el edecán coronel Ferguson. Fuera de la pequeña guardia de ordenanza, nadie más estuvo de facción al cerrarse la puerta de palacio, ni temores inmediatos abrigaba el Libertador, quien después de un baño tibio durante el cual le leía Manuela, se entregó al descanso. Bolívar no había dado oído a las repetidas denuncias de una conjuración, aunque creía que iba a reventar una revolución, y contando quizá con su buena estrella no tomó precauciones.

Las doce de la noche serían cuando los perros de palacio ladran, y tras éstos se sienten ruidos en la puerta del edificio. Era el momento en que los conjurados, en posesión del santo y seña y contraseña, después de engañar a los centinelas, bregaban por la entrada. Manuela despierta a Bolívar, y le instruye de lo que presiente. Bolívar se arroja del lecho, toma su espada y una pistola, y se encamina a la puerta de la sala para abrirla.

Manuela le contiene y le aconseja vestirse, lo que ejecuta con denuedo y prontitud, y no encontrando de pronto las botas se calza los zapatos dobles de la favorita.

—Bravo –dice Bolívar a la favorita–; vaya, pues, ya estoy vestido ¿y ahora qué hacemos? ¿Hacernos fuertes? del volumen secuestrado. Reciba este amigo nuestro agradecimiento. No creemos pasen de tres los ejemplares salvados de tan rico acopio de documentos referentes a los años de 1826, 1827 y 1828.

Dirígese por segunda vez a la puerta, hacia la cual se aproximaban los conjurados. Manuela lo detiene y le señala el balcón bajo del palacio que cae a la calle lateral.

—¡Al cuartel de Vargas! –exclama Manuela. —Dices bien –contesta Bolívar, y avanza hacia el balcón.

Pero Manuela le detiene por tercera vez, pues siente que pasa gente; y tan luego como queda la calle silenciosa, abre el balcón y sin tiempo ya para ayudarle a salvarse ni para cerrar las hojas de aquél, sale al encuentro de los conjurados que, sedientos de sangre, la agarran y la interpelan.

—¿Dónde está Bolívar? –preguntan los invasores.

—En el Consejo –responde Manuela con serenidad.

Lánzanse sobre el primer dormitorio, pasan al segundo y al ver el balcón abierto, exclaman “huyó, se ha salvado”.

—No, señores, no ha huido, está en el Consejo –dice Manuela con voz clara y con ademán resuelto.

—¿Y por qué está abierta esta ventana? –replican los conjurados.

—La abrí –contesta Manuela–, porque deseaba conocer la causa del ruido que sentía.

La heroína comprende que ha pasado ya tiempo suficiente para que Bolívar se escape y alimentando la esperanza de los conjurados, los interna, les habla de la casa nueva llamada el Consejo, donde estaba Bolívar, mito con el cual pudo entretenerlos. Chasqueados y enfurecidos los conjurados agarran a Manuela, se la llevan, cuando el grupo tropieza con el edecán Ibarra que al abrir la puerta de su dormitorio, ya armado, avanzó sobre los invasores y fue herido por uno de éstos.

—¿Con que ha muerto el Libertador? –preguntó el joven edecán a Manuela.

—No, no –contesta Manuela imprudentemente–, el Libertador vive.

Al escuchar esto, uno de los conjurados toma por el brazo a Manuela, la interroga de nuevo y no pudiendo saber nada, la lleva a las piezas interiores; y después de situar centinelas en las puertas y ventanas, todos huyen.

Entretanto, Manuela acompaña a Ibarra y lo hace acostar en el lecho del Libertador, donde iba a ser atendido por los médicos. En esto se escuchan pasos de botas herradas por la calle: era Ferguson que, a pesar de estar enfermo, quiso venir en solicitud del Libertador. Manuela abre el balcón, y el edecán la reconoce a los rayos de espléndida luna.

—¿Dónde está el Libertador? –pregunta Ferguson a Manuela.

—No sé –contestó ésta (quizá por no informar a los centinelas.) No

entre, Ferguson, porque lo sacrifican –agrega la favorita.

—Moriré cumpliendo con mi deber –contestó el valeroso inglés.

A poco suena un tiro: era el pistoletazo que descargaba Carujo sobre su íntimo amigo Ferguson en los momentos en que éste llegaba a las puertas del palacio. Como por encanto las guardias abandonan entonces sus puestos, y soldados y jefes huyen. Tras éstos sale Manuela en solicitud del doctor Moore para que curara al edecán Ibarra. El doctor, salvando peligros, llega a la alcoba del Libertador, en tanto que Manuela llama a Fernando, el sobrino de Bolívar, y acompañada de él toman el cadáver de Ferguson y lo conducen al dormitorio del mayordomo José que se hallaba gravemente enfermo.

¿Dónde estaba el Libertador en aquellos instantes en que sus tenientes, unos tras otros, le buscaban por todas partes? Escuchemos el relato que nos ha dejado el general Posada en sus Memorias:

El Libertador, que al arrojarse por la ventana, dejó caer su espada, tomó la dirección del Monasterio de las Religiosas Carmelitas, oyendo tiros por todos lados y el grito de “¡Murió el tirano!”. En tan imponderable agonía tuvo un auxilio providencial: un criado joven de su confianza se retiraba al palacio y oyendo el fuego y los gritos corría resuelto a donde su deber lo llamaba, y viendo un hombre que a paso acelerado caminaba en la dirección que he indicado, le siguió y conociéndole, él, llamó, nombrándose. Bolívar con esta compañía consoladora, procuraba llegar al puente del Carmen para tomar la orilla izquierda del riachuelo llamado de San Agustín, que toca con el cuartel de Vargas, a fin de incorporarse a los que por él combatían; pero al llegar al puente, el criado le hizo observar que aunque los tiros se oían en diferentes direcciones, el fuego era más activo en la plazoleta del convento por donde habrían de pasar. En efecto, Bolívar llegaba al puente en momentos en que los artilleros se replegaban y los de Vargas salían del cuartel. Una partida de artilleros en retirada, seguida por otra de Vargas y tiroteándose, se replegaba precisamente por la orilla del riachuelo que Bolívar se proponía seguir; se oían mezcladas las voces de “Murió el tirano” y de “Viva el Libertador,” y perseguidos y perseguidores se acercaban, sin poderse juzgar quiénes serían los primeros y quiénes los segundos. El momento era crítico, terrible: “Mi general, sígame; arrójese por aquí para ocultarle debajo del puente,” dijo el fiel criado; y sin esperar la respuesta se precipitó de un salto y ayudó al Libertador a bajar, casi arrastrándolo tras sí. Un minuto después pasaron artilleros y Vargas por el puente, continuando el tiroteo, hasta que alejado, quedó todo en silencio por aquel lado.

¡Qué noche! Toda la ciudad se puso en vigilia desde el momento en que los conjurados se apoderaron del palacio. Por todas partes se escuchaban gritos y disparos. Las compañías del batallón Vargas perseguían a los artilleros sublevados, y eran las calles de la ciudad el dilatado campo de batalla. A las repetidas voces de los conjurados, Muera Bolívar, Muera el tirano, contestaban los sostenedores del orden con las de Viva el Libertador, viva Bolívar.

Poco a poco van extinguiéndose los gritos sediciosos, y sólo uno que otro tiro se oye en lontananza. La conjuración estaba vencida. Grupos de oficiales y ciudadanos a pie y a caballo recorren las calles, y aclamaciones atronadoras de Viva el Libertador, Viva Bolívar, herían los aires. Han pasado una, dos y tres horas de angustia: la conjuración ha sido vencida, pero el Libertador no aparece. ¿Dónde está Bolívar? Es la pregunta que sale de todos los labios.

Sólo éste y el criado fi el que le acompañaba lo sabían. La angustia se apodera de nuevo de los defensores. Entonces el general Urdaneta, ministro de Guerra, dispone que partidas de infantería y de caballería saliesen en todas direcciones en solicitud del Libertador. Espléndida luna iluminaba aquel campo de desolación. Entre tanto, dice Posada:

Bolívar agonizaba en la más grande incertidumbre bajo el puente protector: partidas de Vargas pasaban gritando: ¡Viva el Libertador! Y temía que fuese una aclamación alevosa para descubrirlo.

Después de casi tres horas de ansiedad, oyendo los pasos de unos caballos que se acercaban, y los gritos que se repetían de “Viva el Libertador”, mandó al criado que le acompañaba que saliese con precauciones, arrimándose a una pared, a ver quiénes eran los que venían: eran el Comandante Ramón Espina, hoy general, y el Teniente Antonio Fominaya, Edecán del general Córdova, que conocidos por el muchacho, le anunciaron que estaba salvo. Salió, pues, con dificultad de la barranca, se informó de lo que pasaba, y en aquel momento, llegando el general Urdaneta con otros Jefes y Oficiales, el reconocimiento y el hallazgo hicieron derramar lágrimas a todos. En pocos instantes supo la ciudad la fausta noticia, por mil gritos repetidos en todas direcciones. El Libertador, mojado, entumecido, casi sin poder hablar, montó en el caballo del Comandante Espina y todos llegaron a la plaza, donde fue recibido con tales demostraciones de alegría y de entusiasmo, abrazado, besado hasta del último soldado, que estando a punto de desmayarse, les dijo con voz sepulcral; ¿queréis matarme de gozo acabando de verme próximo a morir de dolor?

Cuando Bolívar, ya en el palacio, después de haber recibido numerosas felicitaciones de nacionales y extranjeros, quiso reposar y conciliar el sueño, como lenitivo a tantas angustias, quedó acompañado de la favorita, pero ni el uno ni la otra pudieron descansar: ambos estaban febricitantes y bajo el peso de horrible pesadilla. En estos momentos fue cuando Bolívar dijo a la favorita: TÚ ERES LA LIBERTADORA DEL LIBERTADOR: título de gratitud con el cual ha pasado a la historia esta mujer original.

Antes de que el Gobierno de Colombia, en vista y conocimiento de cuanto acababa de suceder, tomara medidas enérgicas como la demandaban las circunstancias del momento, la primera inspiración de Bolívar fue noble y generosa: deseaba el perdón de los conjurados; mas tan elocuentes ideas no tuvieron el resultado que él deseara. La política tiene sus necesidades; es exigente, para lo cual apela en la mayoría de los casos al cadalso.

El proceso de la conjuración fue abierto, y víctimas y persecuciones fueron la recompensa de los principales culpables. La ley se impuso y condenó: no así la favorita que supo desplegar nobleza de alma a la altura de la obra meritoria, de la cual descollaba como heroína. Aun faltando a los fueros de la verdad, Manuela arrancó víctimas al cadalso, y devolvió la paz y el contento a muchos hogares.

En la mayoría de los infortunios humanos está el triunfo del corazón.

Los odios, las rivalidades, la envidia, la venganza; todo, todo desaparece ante la noble generosidad que inspiran el dolor, la miseria, el infortunio, que siguen al desborde de las pasiones tempestuosas; y es la generosidad en estos casos como el iris después de la borrasca, nuncio de paz y de perdón. Bolívar y Bermúdez lloraron al abrazarse. Los jefes, oficiales y soldados al ver salvado a Bolívar, en la noche del 25 de setiembre de 1828, después de vitorearlo y aun besarlo desde el último soldado hasta el primero de los tenientes, lloraron también, y todavía a los veinte y más años de estar en el sepulcro las víctimas y victimarios de aquella noche terrible, Garibaldi y Manuela Sáenz se enternecen al despedirse a orillas del grande Océano en 1850. El llanto tiene mucho del cielo, porque tras la lágrima está el corazón plácido y el espíritu inspirado por las grandes virtudes, don de Dios a la criatura. ¿Cómo podremos hoy juzgar a la mujer que se conoce en la historia con el título de Libertadora del Libertador?

Como mujer, como esposa, la justicia ha fallado y la condena. Como heroína generosa, la historia la admira.


Cultura Unellez-VIPI 19. Ezequiel Zamora y la batalla de Casupo, Tinaquillo, Cojedes (Argenis Agüero)


Muchos hechos de armas se convierten en sensibilidades regionales y nacionales. 
En la gráfica de Samuel Sánchez desfile en conmemoración de la muerte de Ezequiel Zamora, 
en San Carlos, Cojedes.  

José Antonio Páez – alzado contra el gobierno de José Tadeo Monagas-  invadió por Coro  el 2 de julio de 1849 y avanzó por tierras yaracuyanas hasta llegar a predios cojedeños; estando allí fueron perseguidos por las tropas del gobierno al mando de los comandantes Julián Castro, Nicolás Silva y Ezequiel Zamora, produciéndose un enfrentamiento bélico en el sitio de “Casupo”, al norte de Tinaquillo. Después de ser derrotado en ese combate, Páez se movió al caserío de Vallecito y luego se desplazó hacia Macapo, donde el 15 de agosto firmó su rendición ante el General José Laurencio Silva en el sitio denominado “Macapo Abajo”, el cual después sería conocido con el nombre de “Campo Monagas”. Veamos los hechos ocurridos en los días previos a esa capitulación.

El 13 de agosto de 1849 tuvo lugar en el sitio o caserío “Casupo”, cerca de Tinaquillo, un hecho de armas que ha sido reseñado documentalmente como la “batalla de Casupo”, un enfrentamiento entre las fuerzas insurrectas del General Páez y las fuerzas defensoras del gobierno del General José Tadeo Monagas, que en este caso estaban bajo la suprema comandancia del General tinaquero José Laurencio Silva.

Es interesante analizar la participación en esta batalla del entonces Comandante Ezequiel Zamora, quien tuvo un activo papel protagónico al servicio de la denominada oligarquía liberal, la misma contra la que él se había levantado en armas tres años antes, donde  precisamente uno de sus férreos perseguidores había sido Julián Castro, quien participó en la campaña contra la denominada insurrección campesina dirigida por Francisco J. Rangel y Ezequiel Zamora (1846- 1847), derrotando a Zamora en el sitio de “Los Leones”, cerca de Guigue, estado Carabobo, sin embargo ahora, en este caso, aparece como su principal aliado en la defensa de la oligarquía “monaguista” anteriormente combatida por Zamora.

 En aquel momento luego de ser apresado por el gobierno de Monagas a Zamora le fue perdonada la vida y entonces saltó de posiciones y se sumó a las tropas del gobierno, participando desde ese momento en defensa de sus intereses.

En el Boletín N° 100, (publicado en la Gaceta de Venezuela N° 962, 19 de agosto de 1849) Ezequiel Zamora (en su condición de segundo jefe de la División Auxiliar de Carabobo, en las fuerzas gubernamentales) el 13 de agosto, desde el sitio de “Carache” le envió un oficio al Gobernador de Carabobo (el sancarleño Joaquín Herrera), en el cual le dijo:

“Ayer como a las cuatro de la tarde pernoctamos yo y el primer jefe de la División en el sitio de Laguna Alta, con disposición de haber batido al enemigo que debíamos encontrar allí. Efectivamente nuestros espías nos anunciaban que bajarían al mencionado punto, pero los facciosos resolvieron quedarse en el sitio de Casupo, y a las seis de la mañana del día de hoy le exigí al primer jefe de la División me los dejase batir, lo que al punto conseguí. Emprendí la marcha a esas horas con la brava columna de Carabobo, al llegar a las alturas de Casupo me encontré con las fuerzas facciosas que ya se movían por el mismo camino que yo traía. Al divisar mis avanzadas retrocedió al mencionado sitio de Casupo y tomó camino de Carache. Entonces dispuse el plan como debía batirle, y después que él encumbró el alto nombrado de Casupo, le encimé las fuerzas de mi mando, y volviendo ellos cara trabamos un combate que por lo menos duró tres horas largas. La columna la dispuse en formación de guerrilla, y los oficiales que las mandaban se disputaban unos a otros la vanguardia. El pabellón tricolor flameaba entre la espesura de las columnas de humo que el fuego de la fusilería de parte y parte formaba. Las cajas y cornetas reanimaban el combate, y los soldados aseguraban un triunfo esplendido como el que consiguió. Serían las nueve de la mañana cuando se rompieron los fuegos, y como a las doce del día ya nuestras tropas victoriosas en el campo probaban otra vez más con víctores (sic) al Presidente de la República y a la libertad, que son incapaces de sufrir la oligarquía y a su tirano caudillo, el cobarde y traidor Páez.

Los señores Comandantes Joaquín Sandoval y León Malpica guardaron sus puestos en esta nueva lid con toda la frescura de un militar de honor. Después de la acción violentamente mandé a explorar el campo y tuvimos la fatalidad de haber perdido al muy liberal y patriota Teniente de la Compañía de Flanqueadores Patricio Torres y cuatro soldados. También tuvimos de nuestros valientes soldados el número de quince heridos, y de la parte facciosa solo se contaban en el campo treinta y tres muertos y dos prisioneros, uno holandés y otro de la provincia de Coro. Muchos son los heridos que según informes ellos llevan, entre otros el traidor José Celis, pirata en otro tiempo.

Cuando me preparaba para seguir la derrota, después de haber andado acto continuo como medio cuarto de legua, fui alcanzado por el Comandante Castro y su columna que según me dijo les venía picando la retaguardia. La caballería inspeccionaba el combate en el llano de Laguna Alta con el primer Comandante Nicolás Silva, sin poder tomar parte a más del miedo que les hacía con solo su presencia a los insurrectos. Los ayudantes Paulino Toledo, Gregorio González y Félix María Moreno, llevaban mis órdenes, con toda intrepidez en lo más vivo del combate, como también el señor habilitado Martin Franco.

Los facciosos mandados por el Nerón Páez, y como en número de trescientos entre corianos y holandeses, fuera de jefes y oficiales, fueron batidos solamente por la columna de Carabobo compuesta de cuatrocientos infantes, porque tomó como cincuenta más estos eran del momento agregados del Tinaquillo, que sin armas pidieron voluntariamente los agregaran para tomar el armamento en el campo de batalla, lo que efectivamente sucedió, pues le tomamos al enemigo cuarenta y cinco fusiles, muchas bayonetas, y bastante pertrecho.

Los facciosos en su fuga se dirigieron hacia Vallecito, camino que sale al Tinaco, y sigue picándole la retaguardia el Comandante Castro con su columna, y el General Silva con su potente División de Caballería e Infantería salió con dirección al Tinaco con la idea de cortarlos, y yo marcho por la misma vía según se me ha ordenado.

Adjunto a esta comunicación incluyo a US el cuadro de los jefes y oficiales que tan dignamente han defendido el día de hoy a nuestro gobierno y a nuestras instituciones patrias, dejando en parte castigado el ultraje hecho a la nación venezolana.

          Soy de US atento y seguro servidor

                                                     Exequiel Zamora”

“Cuadro de los señores jefes y demás oficiales de la columna Carabobo al mando de los señores Comandantes Nicolás Silva y Exequiel Zamora

PRIMER COMANDANTE: Joaquín Sandoval

SEGUNDO COMANDANTE: León Malpica

CAPITANES: Socorro Laya                    

                      Manuel Corao                                                 

                      N. Rondón                                                   

                      Francisco Alcántara                                 

                     Jacinto Álvarez                                         

                      Manuel Felipe Barrio                               

TENIENTES: Gregorio González                                 

                      Patricio Torres                                         

                      Luis S. Mariño                                         

                      Joaquín Rodríguez                                 

                      Cecilio Del Valle                                     

                      Cosme Briceño                                       

                      Calixto Bilche                                          

                      Mauricio Barrio

SUBTENIENTES: Paulino Toledo

                            Félix María Moreno    

                            Martin Franco

                            Manuel González

                            Carmen González

                            Algimiro Fagundez

                            Ignacio Chávez

                            Cerjio Quevedo

                            Manuel Piñero

                            Nicolás Machado

                            Gregorio Mendoza

                            José Guadarrama

                            Juan Félix Díaz

                            Bonifacio Franco

Nota: los ciudadanos Francisco Muñoz y Vicente Franco tomaron parte en la acción haciendo las veces de unos valiosos oficiales”.

En la misma Gaceta de Venezuela N° 963, del 27 de agosto de 1849, aparecen publicados los informes respectivos de Nicolás Silva y José Laurencio Silva, allí se inserta la nómina de los oficiales de caballería que estuvieron bajo órdenes de Nicolás Silva, entre los cuales destaca el Comandante Julián Ramos, un paoeño que en septiembre de 1864 fue designado como el primer presidente del recién creado Estado Cojedes.


De este autor le invitamos a leer: 


La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita (Argenis Agüero)

http://letrasllaneras.blogspot.com/2017/03/la-virgen-del-socorro-aparecida-de-la.html

 

SAN ANTONIO DE BERRÍO: EL PRIMER PUEBLO FUNDADO EN COJEDES (Argenis Agüero)

http://letrasllaneras.blogspot.com/2018/04/san-antonio-de-berrio-el-primer-pueblo.html




miércoles, 17 de junio de 2020

Cultura Unellez Vipi- 18. Más fotografías Fiestas de San Juan Bautista y San Juan Niño



Imagen de San Juan bautista bajo custodia de Fredy Sosa 

Saludos. Este enlace cubre un recorrido fotográfico de las fiestas dedicadas a San Juan Bautista y San Juan Niño. Las gráficas que usted verá pertenecen al Proyecto de Servicio Comunitario "Conservación de la Literatura Oral y la Religiosidad Popular del Sector Cerro San Juan", desarrollado por la UNELLEZ y la Fundación San Juan Bautista Niño, junto a distintas cofradías, instituciones culturales, cultores populares y vecinos, en San Carlos, Cojedes, rincón llanero de Venezuela. De antemano nuestro agradecimiento a los numerosos estudiantes, cultores y amigos que nos hacen llegar estas gráficas.


Niños tamboreros integrantes de la Cofradía de San Bautista Niño. 2007

Bailarinas unellistas y de la cofradía de San Bautista Niño. 


Universitarias reciban la "Bendición de las aguas de San Juan". 
Museo Casa La Blanquera



San Juan Bautista Niño recién preparado para los festejos en su honor.



Fredy Sosa, capitán de la cofradía San Juan Batista Niño.


Niños de la Cofradía de los Diablos Danzantes de Corpus Christi.


Fiesta en el barrio San Juan en homenaje a su patrono.



Las bailarinas "despejan el camino al santo patrono con sus banderas".


Universitarios y sanjuaneros esperando el arribo del patrono.


Las tortas decoradas con flores y rellenas con chocolate fundamenta 
la tradición gastronómica de este festejo.


finaliza el recorrido de los santos por su barrio y alrededores.


 Tamboreros de diferentes cofradías descargan su homenaje a los santos patronos. 


Universitarios y pueblo celebran con baile de tambor hasta el amanecer


viernes, 5 de junio de 2020

Cultura UNELLEZ-VIPI 17. Visión de la Batalla de la Mata Carmelera (Francisco Aguiar)

Pueblo de paz sometido a diversas luchas. 
Imagen en el archivo de Ninex Méndez Pieters 




Texto tomado del ensayo: “Rescoldos en la Mata Carmelera: testimonio de la caída del último de los caudillos llaneros” de Francisco José Aguiar, obra ganadora del Concurso de Ensayo 114 Aniversario de la Batalla de la Mata Carmelera (MPPC)


EL ARTE DE ALCANZAR EL MANDO
Después de cada batalla quedan rescoldos, queda el recuerdo de que existió fuego y humo. Pasada la guerra de la independencia nuestro país se vio plagado de guerras civiles. La paz en el siglo XIX era un armisticio, un momento de preparación para continuar combatiendo, para continuar muriendo, para seguir derramando sangre. Caudillo, tras caudillo, a fuerza de plomo y machete, se hacía del poder. La masa crítica de nuestro país, era esta, esta era la forma de gobernar. María Aquilina Torres ─ madre de Joaquín Crespo ─ lo sabía. Todas las madres de la época sabían que criaban a sus hijos para la conflagración y como era de esperarse Joaquín Crespo tiene contacto con la vida militar desde su adolescencia. Su carrera la inicia al lado del general Manuel Borrego (guerrillero federalista), si no se lo llevaba él, se lo llevaban los godos. Ser reclutados por uno u otro bando era el destino de los hombres de la Venezuela de ese siglo. Nuestra patria sufrió los embates de la barbarie por largo tiempo. No obstante, la guerra galardonaba a los que resistían, a los que mostraban cualidades de mando, a los que salían vencedores. El último de los caudillos llaneros, es un ejemplo cabal de esto que afirmo. “El Taita”, a fuerza de perspicacia, aguante, sudor y sangre, se hace notar y llega a las altas esferas de la política. Debido a su poca instrucción académica tiene que apañárselas, tiene que aprender un arte, el arte de alcanzar el mando.
En el siglo XIX, el poder pasó de mano en mano entre llaneros centrales y corianos. José Antonio Páez, gobernó un cuarto de siglo, José Tadeo y José Gregorio Monagas, once años, Antonio Guzmán Blanco dieciocho y Joaquín Crespo, once años. (1997, p 14)

EL MÁS LEAL DE LOS GUZMANCISTAS SE ENCARGA DE GUARDAR EL PUESTO
La escuela de Crespo fue el campo de batalla, apenas sabía leer y escribir, pero sabía escuchar consejos y sobre todo, sabía como conducirse en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Como hombre perspicaz, practicaba la doctrina “del que a buen árbol se arrima, buena la sombra lo cobija” Guzmán Blanco era ese árbol, ese escalón que lo conduciría a la regencia del país. Por ello le guardaba una gran lealtad. Crespo admiraba a su mentor profundamente, veía el él las cualidades necesarias para gobernar un país tan efervescente como lo era el nuestro y va avanzando poco a poco, va ganando jerarquías.  A los 22 años es ascendido a General de Brigada  de los ejércitos federalistas por el Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, a los 29 es proclamado por Guzmán Blanco como General en Jefe por su labor destacada  en la Revolución Azul, en ésta Revolución muestra un valor y disciplina notable, esto le hace ganar el aprecio del “Ilustre Americano”, poco después, en el año de 1871 triunfa en la batalla de San Juan de Payara a orillas del río Arauca y es exaltado como el Héroe de Caño Amarillo. Debido a la lealtad que le profesa a su mentor, sigue la premisa de guardar el puesto a Guzmán Blanco, en este contexto declara lo siguiente: “Yo no le entregaré la Presidencia sino al general Guzmán” cosa que en el periodo que le tocó gobernar, cumple a cabalidad.
“La presencia política de Joaquín Crespo tiene dos etapas, marcadas de manera contradictoria por su relación con Antonio Guzmán Blanco: mientras durante el primer período estuvo a la sombra de su mentor y sus acciones tuvieron como objetivo preservar para éste el poder, en la segunda fase se diferenció rotundamente del guzmancismo, propuso un cambio en el Partido Liberal y logró un espacio propio”. (S/f, p 139).
En los últimos meses del Septenio, Guzmán Blanco lo designa como Ministro de Guerra y Marina, para que con carácter y mano dura, contenga las revueltas que se venían llevando a cabo a lo largo y ancho del territorio nacional. Crespo, convertido en el guardián del guzmancismo, se hace acreedor de un gran prestigio y por esto, el Consejo Federal el 07 de abril de 1884 lo designa por unanimidad.  A los 43 años ─ el que un día fue un campesino humilde ─ es elegido presidente de la República de Venezuela.
“Para suceder a Antonio Guzmán Blanco en el bienio de 1884 a1886 aparecen las candidaturas del doctor Juan Pablo Rojas Paúl y de los generales Venancio Pulgar y Joaquín Crespo. El Consejo Federal, por recomendación del “Ilustre Americano”, elige por unanimidad a Crespo, cuya lealtad hacia Guzmán Blanco había sido ampliamente comprobada durante los combates de la “Revolución Reivindicadora”, de 1878-1879. Crespo asume la Presidencia de la República el 27 de abril de 1884, mientras Guzmán Blanco sale investido con el cargo de Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante varios gobiernos europeos. Los 24 meses de su gobierno se desenvuelven bajo presiones de una fuerte crisis económica mundial que repercute sobre Venezuela, manifestándose  a través de déficit presupuestario que paraliza el tren administrativo mientras disminuye la producción de café y se estanca el comercio” (1998, I, p 930)
           

EL NUEVO COLOR ES BLANCO
Pasado el bienio de su mandato su popularidad crece enormemente. En el terreno político pisa firme, pero los antiguzmancistas hacen mella en todo el país. Los “periodiquitos” pululan por doquier, en estos “periodiquitos”, sagaces opositores publican artículos para mostrar las enormes fallas de la gerencia nacional. Uno de los de mayor resonancia de la época es el “Yunque”.  Obviamente, el descontento popular se extiende y en Crespo se enquista la idea de alcanzar el poder. El “Ilustre Americano” en su afán de perpetuarse, utiliza como única estrategia dejar encargados; personas que lo secunden mientras él mantiene su estadía en Francia. La estrategia de gobernar por medio de cartas y mensajeros no le funciona por mucho tiempo.  
En 1888 las políticas antiguzmancistas que propicia Juan Pablo Rojas Paúl, hace que Crespo viaje a la isla de Trinidad. Desde allá encabeza una invasión pero falla y con sus seguidores, es arrestado a bordo de la goleta Ana Jacinta, el 2 de diciembre de 1888 y trasladado a la Rotunda. Al salir de prisión, huye del país para volver en 1890 y en ese mismo año es elegido senador por el estado Guárico (1890 – 1892). Desde su hato, el hato el Totumo se alza en armas. Como toda revolución armada hay saldos de muertos, hay dolor y lamentos, según Manuel Landaeta Rosales, un investigador de estos enfrentamientos, afirma que, de 150 hechos violentos hubo más de 2.600 heridos y 4.500 muertos. Antes de alzarse tuvo que esperar pacientemente la señal necesaria, la que lo llevaría a levantarse en armas. La señal es la  carta del general Ayala, en dicha carta venía la siguiente contraseña: “Ejecute el plan Maracay” y se da inicio a una nueva Revolución, una que será “legalistas vs continuistas” y por ende “El Héroe del Deber Cumplido” para diferenciarse de Andueza Palacio (su adversario) y del partido liberar amarillo, abandona la bandera que lo cobijó por mucho tiempo. . . Ahora, el nuevo color es blanco, color que es ondeado a su llegada a Caracas por su caravana de guerrilleros, como señal del triunfo legalista el 6 de octubre de 1892.
“Bajo la dirección de Crespo, la insurgencia adopta el nombre de “Revolución Legalista”, ya que su objetivo declarado es el restablecimiento de la “legalidad constitucional” y logra, de hecho, una fusión entre liberales amarillos y conservadores “azules” que se evidencia en el uso por parte de los revolucionarios de la bandera blanca, símbolo de la unión, en oposición al pabellón amarillo enarbolado por las tropas del gobierno” (1988, III, p 401)

FRAUDE ELECTORAL CIERRA EL SIGLO
La chispa que produce el incendio es el fraude electoral que sufre  José Manuel Hernández, candidato carismático y de enorme popularidad. Le llamaban afectuosamente (El Mocho), pues carecía de dos dedos de su mano derecha, dedos que perdió en el combate de “Los Lirios” cerca de Paracoto, cuando tenía 17 años de edad. A esa edad Hernández pertenecía a las fuerzas del ejército azul y combatió contra el régimen guzmancista. Eran cinco los candidatos para las elecciones del 1 de septiembre de 1897 y esto despertaba el júbilo de la población. Cinco candidatos era algo sin precedentes, cada uno defendía lo propio. Estaba el General Ignacio Andrade quien fue elegido por Crespo para ser sucesor de su causa, el famoso Mocho, quien por medio de su capacidad persuasiva logró hacerse de un nuevo partido ─ el Liberal Nacionalista ─, él en su estadía en los Estados Unidos, aprendió la forma de hacer campaña electoral y por ende tenía un montón de adeptos que sin duda, lo harían vencedor en las elecciones. También aspiraba al poder el expresidente Juan Pablo Rojas Paúl, el general y escritor Tosta García  y Pedro Arismendi Brito, quien era el candidato del Partido Popular. Estas elecciones representaban para los venezolanos una esperanza, de pronto, la población venezolana creyó en la democracia, creyó que para alcanzar la presidencia sólo era necesario el voto y no las balas. Erróneamente creyeron esto pues en estas elecciones se gestó un enorme fraude. El Mocho Hernández sólo recibe unos 2.000 votos y el candidato de Crespo, (Andrade), 406.610 y esto es una cifra desorbitante pues el grueso de la población no apreciaba al candidato que fue proclamado ganador.
“El 1ero de septiembre de 1897 se celebran las elecciones. Crespo hizo imprimir su voto en cartulina amarilla, destacando en el texto la nacionalidad del candidato: “Voto por el venezolano general Ignacio Andrade”. Grupos de gente armada por el gobierno y que ostentaban divisas amarillas ocuparon desde la noche anterior al día de las elecciones los lugares en donde se debía celebrar la votación a fin de impedir que los electores nacionalistas se acercaran a las urnas. La suma de los votos otorgó al general Andrade la condición de candidato vencedor. Fue un trágico  simulacro electoral que tuvo como respuesta inmediata la guerra civil; la solución armada de siempre”. (2005-2006, II, p 107)

UNA NUEVA GUERRA CIVIL
El fraude electoral hace que el Mocho Hernández de a conocer la Proclama de Queipa el 2 de marzo de 1898, en una finca del estado Carabobo ─ finca de Don Evaristo Lima. Desde allí muestra la indignación que siente en contra de los ultrajadores de la República (Andrade y Crespo). Esto origina que muchos generales se unan a favor de la causa mochista y es el tinaquero Luís Loreto Lima (alias lanza libre) uno de los generales más representativos; también hay que hacer énfasis en los hermanos Barreto, hombres de armas tomar, quienes dieron a Joaquín Crespo, enormes dolores de cabeza.
“El grito de Queipa causó conmoción en todo el país, empezando por la región de Carabobo y Cojedes, donde el “mochismo” tenía más amigos y Crespo más enemigos” (2011, p 20).
Los pasos de Hernández los realizó en las tierras de Cojedes y Portuguesa. En estos pasos, los generales cojedeños atacan fuertemente las tropas del gobierno. El ejército nacionalista no es muy numeroso, a penas cuenta con 300 jinetes y 400 infantes,  pero tienen la disponibilidad de guerrear  con los batallones crespistas. Por primera vez en la historia republicana de nuestro país, un partido político, el Liberal Nacionalista, se vuelve una seria amenaza contra la hegemonía de 40 años del Liberalismo Amarillo.
“Joaquín Crespo como Jefe de la Primera Circunscripción Militar tiene la responsabilidad de enfrentarse a la rebelión nacionalista. Y como desde hace días viene preocupado, y muchas veces alarmado, por la forma como Andrade organiza el nuevo gobierno, decide abandonar Caracas y marchar al campo de las operaciones militares seguro de que vencerá a Hernández y podrá regresar todopoderoso y sin rival, a imponer condiciones al Presidente Andrade” (S/f, p 177)
Pasaron sólo nueve días de la Proclama de Queipa y ya Crespo se encontraba en Tocuyito en su marcha hacia Cojedes. Está iracundo y tilda a Andrade de débil, de inepto. Para el 14 de abril acampa en Sabana de Arce, el 15 continúa la persecución de los rebeldes, una persecución que parecía nunca acabar, pero los informes de sus oficiales dan a conocer que las fuerzas mochistas están atrincheradas en La Mata Carmelera, en el Hato Carmelero y el 16 de abril en Cojedes, en el municipio Anzoátegui para ser más específico, queda grabada con tinta indeleble la batalla que da fin al “Último caudillo de la centuria”.
“Entre el grupo que defendía las fuerzas del Gobierno se hallaban los Generales Joaquín Crespo, Isidoro Wiedemann, Atilano Viscarrondo y el Coronel José Rafael Núñez, el General Lorenzo Arana, el Coronel Elías Maduro, el Coronel Rafael Carbaño, Martín Muguerza y  Donato Rivero.
De parte de las fuerzas de Hernández se hallaba el famoso guerrillero Luis Loreto Lima, quien las comandaba, los oficiales Froilán, Salvador, Manuel y Teodoro Barreto, además de Evaristo Lima “los hombres de mayor prestigio en la llanura cojedeña”; también Pedro Pérez Delgado, apodado “Maisanta”, Gregorio Matute, Samuel Acosta, Rafael Arteaga, Valentín Pérez y el italiano Antonio Vita y su hermano, quienes vivían en Nirgua y demostraron ser apasionados partidarios del Mocho Hernández, tanto que, siendo ricos comerciantes extranjeros no dudaron en sumarse a la Revolución Nacionalista” (1995, p, 40)
El 16 de abril de 1898 sucede lo inevitable, se dan las condiciones para combatir, ya no hay vuelta atrás. Ambos bandos se ubican a trescientos metros de distancia aproximadamente. La infantería Nacionalista de Loreto Lima, lanza en ristre. La caballería escondida en el barranco del caño Chaguango  y los francotiradores encaramados en los guamales con fúsiles Winchester. El batallón del General Joaquín Crespo cubierto y alineado, presto a batirse en el campo de batalla. . . A eso de las siete de la mañana el “Caudillo de Parapara” apreciando al enemigo dice con alegría: “Aquí pelearemos duro” el humo de pólvora comunicaba en él un valor imprudente, pero a los pocos minutos de aquella mañana, una bala calibre 45, perfora el pecho del gran caudillo, mostrando una vez más que los Goliat pueden caer.
No se debe minimizar a un adversario. El Doctor José Antonio Borjas en una conversación que tuvimos me comentó que leyó esto alguna vez, aunque no recuerda la fuente: “Crespo muere por subestimar a su adversario, él pensaba que los pata en el suelo del Mocho Hernández no tenían fusiles de largo alcance, pensó que estaba a una distancia prudente y que no lo alcanzaría ninguna bala” ─ sea correcta o no, esta aseveración ─ en nada cambia que a tempranas horas de la mañana, a eso de las ocho, muere en campaña el gran caudillo.
“Existen dos posibles autores del disparo que mató al Gral. Crespo. Uno, el que se basa en el testimonio del Gral. Alfredo Franco y afirma que fue un soldado de nombre Jesús Jaramillo. Esta versión es recogida por el doctor José Antonio Giacopini Zárraga y apoyada por el doctor Germán Fleitas Nuñez”.
El Dr. Giacopini Zárraga, afirmó en una conversación el viernes 19 de septiembre de 1997, que las fuerzas del Mocho Hernández comandadas por Luis Loreto Lima, habían escogido seis de los mejores tiradores, los cuales fueron ubicados en las copas de los árboles, entre los que se hallaban Jesús Jaramillo  y Antonio Vita. Bajo los árboles tenían tinajas con agua, con la intención de distraer la visión de los enemigos.
Allí llegó el Gral. Alfredo Franco a beber agua, cuando baja Jesús Jaramillo y le dijo “parece que he matado un jefe”.
La otra versión es recogida por el doctor José Antonio de Armas Chity del señor Pánfilo Cedeño, quien afirmó que Manuel Tortolero, que acompañó a Crespo en la Batalla de Mata Carmelera, contó que lo había matado un francotirador de nombre Antonio Vita” (1997, p, 14)
Al morir “El Taita”, los soldados se desmoralizan y ya no tienen timón, no saben que hacer. De haber aprovechado esta oportunidad Loreto Lima, hubiese destrozado al enemigo, no cabe la menor duda y con respecto a la muerte de Crespo he de destacar que fue instantánea. En una hamaca, bajo fuego enemigo lo sacan del campo de batalla y se dirigen a Acarigua. En Acarigua ya a salvo del fuego “mochista” le realizan a una autopsia para saber las causas del deceso. El médico Julio de Armas Mirabal, concluye lo siguiente:
“Órganos interesados y trayectoria del proyectil: penetra por el segundo espacio intercostal izquierdo, sigue en sedal, de adelante a atrás, de arriba abajo, del pecho a la base del tórax. Atraviesa la arteria pulmonar; cúpula de la aurícula izquierda, lóbulo medio del pulmón derecho, borde y parénquima del lóbulo superior del hígado, para salir destrozando en herida anfractuosa, las tres últimas falsas costillas derechas en su sector medio, desgarrando músculos y piel. Gran hemorragia por los órganos interesados y destrozados. Diagnóstico: muerte súbita por herida de proyectil de arma de guerra. Sangramiento masivo.” (2009, p, 64)
Luego de la autopsia, el general Manuel Modesto Gallegos tiene la misión de evitar que una guerrilla nacionalista asalte la comitiva fúnebre que tiene por misión llevar al “Tigre de Santa Inés” a Caracas. El cuerpo es embalsamado con sal, para que se conserve en el largo viaje. El séquito de soldados al llegar a la Capital, entrega a Jacinta Parejo, (Misia Jacinta), el cadáver de su esposo, para que se hiciera a cargo del funeral y lo enterrara en el Cementerio General del Sur. Misia Jacinta escribe una conmovedora carta al Presidente Constitucional de Venezuela pues su Joaquín ─ como ella lo llamaba ─ no quería ser enterrado en el Panteón Nacional. El no quería ser enterrado allí. Así pues, conforme a su voluntad, fue sepultado el 24 de abril de 1898 en el Cementerio General del Sur.
“El mismo Andrade cuenta que una tarde, ya electo Presidente fue invitado por Crespo a un paseo a caballo. Lo fue llevando hasta el Cementerio General del Sur y allí, fue al mausoleo de la familia, lo hizo jurar que si moría en campaña, sería enterrado con los suyos y jamás en el Panteón Nacional” (1997, p, 14)

LOS RESCOLDOS DE LA HISTORIA
Los rescoldos de la historia nos dejan señales para comprendernos. Hace 114 años, muere en cojedito el último de los caudillos llaneros y esto hace posible que los andinos logren gobernar nuestra nación por largo tiempo, esto hace posible el surgimiento de una nueva hegemonía. La Mata Carmelera se nos muestra incitante, se nos muestra con un dejo de desconcierto, se nos muestra como esa herencia que no debemos desdeñar. Ir al lugar donde se gestó la batalla es no confundir el mapa con el terreno. Recorrerlo es una forma de hacer contacto con un pasado que nos conduce por unos hilos que concatenan cada uno de nuestros actos.
La Batalla de “Mata del Carmelero”, fue un hecho que cambio la historia del país, si Crespo no muere en esta lucha absurda por una bala disparada desde las copas de los árboles, no hubiese habido “Revolución Restauradora” y Castro jamás hubiese pasado de San Cristóbal” (1993, s/p)
Su muerte abre paso a los andinos: Castro, Gómez, López Contreras, Medina Angarita, Pérez Jiménez. Abre paso a una nueva Venezuela, una que a principios del siglo XX deja de ser agrícola y se vuelve petrolera. Ya nada es igual. Contingentes vienen, contingentes van, en una cadena que no se romperá jamás siempre y cuando exista un reemplazo. En la Mata Carmelera ha pasado el fuego, el humo, pero nunca ha de pasar esa huella que nos marca.  Somos el producto de los que fueron y por bien o por mal ─ seremos la materia prima de los que serán.  

BIBLIOGRAFÍA
Agüero, Argenis. Dolor y Amor en la viuda del general Crespo. Las Noticias de Cojedes, lunes, 18 de agosto de 1997.
Borjas, José. Momentos estelares que cambiaron la historia. General Joaquín.  Crespo (II). Las Noticias de Cojedes, domingo, 28 de febrero de 1993.
Botello, Oldman. Tierra Nuestra: 1498 – 2009. Fundación Venezuela Positiva. Caracas - Venezuela, 2009.
Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela, 1988.
García, William. “Cuando yo coja ese mocho, los Barreto beberán más leche si jincan un matapalo”. La Opinión, sábado, 12 de marzo de 2011.
González, Armando. De Queipa a la Mata Carmelera (Joaquín Crespo contra los lanceros de Loreto Lima). Fondo Editorial Tiriguá del Instituto de Cultura del Estado Cojedes ICEC, 1995.
González, Armando. Anécdotas, Dudas e Incógnitas sobre la vida y la Muerte del General Crespo (I). Nuestra Historia. Las Noticias de Cojedes, lunes, 06 de octubre de 1997.
González, Armando. Anécdotas, Dudas e Incógnitas sobre la vida y la Muerte del General Crespo (II). Nuestra Historia. Las Noticias de Cojedes, lunes, 13 de octubre de 1997.
Rostro y Personajes de Venezuela. Joaquín Crespo. Editorial El Nacional. 
Velásquez, Ramón. La caída del liberalismo amarillo. Tiempo y drama de Antonio Paredes.
Velásquez, Ramón. Joaquín Crespo. Biblioteca Biográfica Venezolana. Caracas – Venezuela, 2005 – 2006.


Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ-VIPI). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo.