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lunes, 3 de octubre de 2011

LITERATURA UNIVERSAL. UNELLEZ. UNIDAD I. EL MUNDO CLÁSICO (2011)


Homero, el genial rapsoda ciego,
patrimonio universal de la literatura.   

Contenido: Hesiodo, Homero, Arquiloco, Safo, Anacreonte, Sófocles, Aristófanes, Virgilio, Dante y Bocaccio (texto de Isaías Medina López)

Contexto de la Grecia Clásica: la literatura griega antigua se vincula con la actual República de Grecia, pequeña nación euro-asiática situada en la Península del Peloponeso y extendida a numerosas islas en el Mar Mediterráneo. Su periodo abarca entre los siglos XIII a.C. y el año 146 a.C. cuando se produce la conquista por parte de Roma. La Antigua Grecia se considera la madre de la civilización occidental, dejó aportes de suma importancia como: los juegos olímpicos, la introducción del alfabeto y la escritura moderna, la filosofía y la democracia. En literatura los géneros, los concursos y los estudios literarios y la mítica Biblioteca de Alejandría. En su momento de mayor esplendor, tuvo en Alejandro Magno (356 a. C. -[323 a. C.), un carácter de imperio extendido a Egipto y casi toda Asia, conocido como “cultura helenística”.

1.- LA MITOLOGÍA GRIEGA: Hesiodo y el Mito de las edades
Los mitos de la Antigua Grecia surgen con la figura del titán Kronos, hijo de Gea (la Tierra) y Urano (el Cielo). Kronos (dios de las cosechas) tuvo tres hijos Zeus (padre de los dioses y los hombres); Hades (dios del Inframundo, de los muertos y de la riqueza) y de Poseidón (dios del Mar y de los terremotos). Estos mitos los recopiló el gran poeta  Hesiodo, quien vivió en la segunda parte del silo VIII a.C., pastor de ovejas y campesino de condición humilde. Su rígida formación paternal le dio acceso a los mitos más antiguos de su tiempo, reflejadas en su obra Los trabajos y los días, de la cual extraemos este documento titulado EL MITO DE LAS EDADES: 

“De oro fue la primera raza de hombres perecederos creada por los Inmortales, moradores de las mansiones olímpicas. Existían en tiempo de Crono, cuando este reinaba en el cielo. Igual que dioses vivían, con el corazón libre de cuidados, lejos y a salvo de penas y aflicción. La mísera vejez no les oprimía, sino que, pies y manos siempre inalterables, se gozaban en festines, exentos de todos los males. Una vez que la tierra cubrió esta raza, desde entonces ellos son, por voluntad de Zeus supremo, los Genios buenos, terrestres, guardianes de los mortales hombres, los que vigilan sentencias y perversos actos, y vestidos de bruma se extienden por toda la tierra —distribuidores de riqueza: tal es la dignidad real que recibieron.”

Hesiodo, por su formación campesina asociaba  a Kronos con las bondades de la vida, y por ello este deidad era glorificada en todos los pueblos de la antigüedad, posteriormente,  aparecerá otro dios de nombre similar Chonros (dios del Tiempo) al que suele confundírsele con Kronos. La edad dorada es la edad de la abundancia, sin padecimientos de ningún tipo. Una vez muertos, los hombres de la edad dorada, se convierten en los, también, denominados “daimón” (duendes o custodios de los hombres y de las tierras). Lo terrible se hace presente:

“Una segunda raza, con mucho inferior a la primera, la de Plata, fue después creada por los moradores del Olimpo. Ni en forma ni en espíritu semejaba a la de Oro. Durante cien años, el niño, al lado de su madre buena, crecía entre juegos, en plena infancia y en su hogar. No querían servir a los Inmortales, ni ofrecer sacrificios en los santos altares de los Bienaventurados, como es ley entre los hombres repartidos por moradas. A estos luego Zeus Cronión los sepultó furioso, porque no daban honores a las felices deidades que el Olimpo habitan. Desde que la tierra cubrió también esta raza, ellos son llamados por los mortales "Bienaventurados del Infierno", Genios de segunda fila; pero aun así también a ellos algún honor les acompaña.”

La participación de Zeus, revelará el terrible carácter de este dios, cuyos defectos más que divinos parecen ser humanos, con sus mismos caprichos, defectos y virtudes. Esta visión es tomada de la actitud de los dioses en los poemas La Ilíada y La Odisea, de Homero, anteriores en por lo menos cincuenta años a este trabajo de Hesiodo. El texto continúa así:

“Y Zeus Padre creó a su vez la tercera raza de mortales hombres, la de Bronce, en nada parecida a la de Plata. Hija aquella del fresno, terrible y fuerte. Se ocupaban en las obras luctuosas de Ares y en las osadías. No comían pan; de duro acero tenían implacable corazón, e inspiraban miedo. Grande era su fuerza, invencibles sus brazos, que en los hombros se aplicaban sobre robustos cuerpos. Sucumbieron aquellos por sus propios brazos, y marcharon a la pútrida mansión del escalofriante Hades, privados de nombre. La negra Muerte los cogió, a pesar de que eran temibles, y abandonaron la esplendente luz del Sol.”

La edad de bronce debió concluir, hacia el año 1200 a.C., y  coincide con lo indicado como la posible fecha de la Guerra de Troya. Hesiodo señala que los hombres de la edad de bronce tenían el corazón de acero, bastante afín para las honras dedicadas al dios  Hares  (deidad de la Guerra):   

“Luego que la tierra cubrió a su vez esta raza, Zeus Cronida creó sobre la gleba nutricia aún otra, la cuarta, más justa y más valiente, la raza divina de los Héroes, que llaman Semidioses, la generación que nos precedió en la infinita tierra. Y a estos los hizo morir la maldita guerra y la lucha cruel: a unos, bajo los muros de Tebas, la de Siete Puertas, en el país Cadmeo, combatiendo por los rebaños de Egipto; a los otros, más allá del gran precipicio del mar, en Troya, donde la pelea los llevó en las naves, por culpa de Helena, la de lindos rizos. Allí los envolvió la muerte en su final. A otros, Zeus Cronida y Padre los estableció lejos de los hombres, instalándolos en los confines de la tierra. Allí viven ellos, en las islas de los Afortunados, en los bordes del voraginoso Océano, felices héroes a quienes la fecunda tierra da tres veces al año dulce y floreciente fruto.”

Las islas de los afortunados son una especie de Paraíso donde los héroes eran recibidos, con extremas atenciones por los dioses. Desde esos lejanos se toman así a las actuales  islas de Azores, Madera y Canarias, en la salida del Mar Mediterráneo hacia el Océano Atlántico. Ahora veamos su ironía contra sí mismo y nosotros:    

“¡Ojalá no me tocara vivir a mi vez entre los hombres de la quinta raza! ¡O muerto antes, o nacido después! Pues ahora es la raza de Hierro. Ni de día cesarán de sufrir fatigas y miserias, ni dejarán de consumirse por la noche, en que los dioses les darán insoportables angustias. Ningún valor tendrá el juramento, ni la justicia, ni el bien, y honrarán más al ejecutor de crímenes y violencias. El derecho estará en la guerra y la conciencia no existirá. Atacará el cobarde al varón valiente, hablándole con torcidas razones, a las que pondrá falso juramento. A los infelices hombres, sin excepción, los acosará la Envidia de siniestros ecos, gozadora del mal, la de odiosa faz. Entonces será cuando, en busca del Olimpo, abandonando la Tierra de vastas rutas, en blancos velos envueltos sus hermosos cuerpos, Conciencia y Vergüenza subirán junto a la progenie de los Inmortales, huyendo de los hombres. Solo tristes dolores quedarán para humanos mortales: contra el mal no habrá defensa.”

El final de este texto se asocia con la visión profética de Hesiodo. Sus lúgubres descripciones son tomadas como señales de un final desastroso para nuestra especie, nosotros; los hombres de la edad del hierro. 

2.- LOS POEMAS HOMÉRICOS: LA ILÍADA Y LA ODISEA

La literatura caballeresca de grandes hazañas, ideales nobles, sobredimensión humana por vía de las armas y extraordinarias aventuras, son los temas de la  épica, la cual partirá de la Ilíada (de más de 15.000 versos)  y la Odisea (de casi 12.000 versos), atribuidas a  Homero, cuyo nombre significa “el que no ve”. Homero fue un poeta oral de increíble memoria, muy anterior a la introducción de la escritura en la antigua Grecia. Se cree que vivió en el siglo VIII a.C. y su oficio era el de cantar sus poemas de pueblo en pueblo. A Homero le compete la excepcional visión de tomar los antiguos relatos de la Guerra de Troya y convertirlos en esta poesía trascendental; fuente de donde han brotado relatos, novelas, películas, dibujos animados y piezas teatrales, con nombres de mujeres legendarias como Helena de Troya y Penélope de Ítaca.

La Ilíada, es una de los textos más famosos de la historia, debido, en parte, al enorme poder metafórico que contiene; abundante en sitios, nombres de héroes y dioses, epítetos y descripciones detalladas de enorme calidad pictórica. Está dividida en 24 cantos. Su nudo argumental son los días finales de la Guerra de Troya, conflicto de diez años de duración que debió ocurrir en el siglo XIII a.C., y en la que los griegos (aqueos) capitaneados por el rey Agamenón junto a los reyes Menelao, Néstor, Odiseo y Ayax intentaron tomar el reino de Ilión (Troya) defendida por el rey Príamo y los príncipes Héctor, Paris y Eneas, todos ellos al mando de grandes ejércitos provenientes de distintas naciones, pero además recrea la llamada “Guerra de los dioses”, quienes participaránn de manera decisiva. Por el bando de los griegos estaban Zeus (dios del cielo y rey de los dioses); Poseidón (dios de los mares); Hermes (mensajero de los dioses); Hefestos (dios del fuego y de  los metales); Heras (diosa del matrimonio) y Tetis (madre de Aquiles). Por los troyanos actuaban: Apolo (dios de las flechas y las profecías); Ares (dios de la guerra); Afrodita (diosa del amor y la belleza); Atenea (diosa de las artes); Leto (diosa de la noche) y Artemisa (diosa de la caza y de las fieras).

A la Ilíada la conocemos en español por su traducción en prosa, de allí la apreciación errada de estar frente a una novela. Desde el primer canto avistamos el carácter bélico  de la obra, la participación de los dioses y el desenfreno trágico del más grande los héroes griego, el legendario Aquiles:

“Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.”

La cólera de Aquiles, es tema del campo literario de la “caballería”. Aquiles, logra la liberación de Criseida, prisionera del rey Atrida (Agamenón), pero este a cambio le quita a su cautiva y amante Briseida. Aquiles molesto por la deshonra frente a las tropas, decide no regresar a la batalla, su primo Patroclo, lo suplanta y Héctor, el caballero campeador de Ilión le da muerte. Aquiles, el “de los pies ligueros”, devotamente acude a los dioses y con su ayuda asesina a Héctor, el “Domador de Caballos”, para lavar con sangre su honra. Conmovido por el anciano Príamo, luego permite las honras fúnebres a Héctor y con esa acción culminará este poema. Aquiles y Héctor procedían en defensa de su dignidad, de sus ancestros y de la palabra empeñada, el apego a las armas que portaban y  la constante búsqueda de poder y renombre -incluso a costa de sus vidas- códigos de honor claves de la literatura caballeresca.

Una importancia capital de este poema es la generación del llamado “Ciclo de Troya” o “Troyano”, conjunto de poemas y dramas teatrales en los que aparecerán una serie de leyendas ahora difundidas de manera conjunta, principalmente, en el cine. La más famosa de esas recreaciones será el célebre “Caballo de Troya” la cual citará, mucho después,  el mismo Homero en la Odisea. En la Etiópida, atribuida a Arctino de Mileto (alumno de Homero), continuará el asedio de Troya con la muerte de Aquiles flechado por París y la aparición de las temidas guerreras amazonas a favor de los troyanos. Giorgias en Elogio de Helena, del siglo IV, narrará la temática del secuestro (¿o seducción?) de Helena a manos de París.  En el poema de Estacio; la Aqueleida (siglo I) se narra que la invulnerabilidad de Aquiles, obedece a que al nacer fue sumergido en la laguna Estigia y que solo podía ser herido en el talón, de allí también la popularidad  del “Talón de Aquiles”.  La influencia de la Ilíada y la Odisea se notará,  de manera directa, en Hesiodo, Aristóteles y Virgilio, considerados entre los grandes maestros de la literatura universal. 
Tanto la existencia real de Homero y la de Troya fueron cuestionadas durante mucho tiempo. Entre  1870 y 1876, el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann (1822-1890) descubrió tanto la localización exacta de la antigua ciudad Troya, como de otros sitios de la gesta homérica. Estos hallazgos imponen que la Ilíada y la Odisea se consideren en parte leyendas (literatura basada en hechos reales) y en parte mitología (hechos de los dioses en épocas inmemoriales).        

La Odisea, es otro el poema fundamental de Homero y al igual que en la Ilíada, tendrá su inicio con la consabida evocación a Musa (diosa de la Poesía):
                           
                                     “Cuéntame, Musa, la historia del hombre
de muchos senderos, que anduvo errante
muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros.
Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo,
pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas,
¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron,
y en tal punto acabó para ellos el día del retorno.
Diosa, hija de Zeus, también a nosotros,
cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.”

Homero desde el inicio cuenta las numerosas peripecias del héroe Odiseo, rey de Ítaca (actuales islas Jónicas), en los diez años que le toma retornar a casa. Pasa a ser esta obra pionera del llamado género de aventuras; mérito, capaz de ubicar a Homero como uno de los creadores literarios más influyentes de la historia. Veamos este párrafo:   

“Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas.”

Otro carácter interesante del relato de aventuras, legado por La Odisea,  es la aparición de un reto descomunal, dividido en una serie de riesgos que debe sortear el héroe de aventuras, como parte de un destino dibujado por los dioses. El héroe no sólo debe poseer valor y fuerza, debe tener la astucia suficiente para sortear con éxito todo atentado contra su travesía, la cual puede considerarse como una prueba cuya recompensa será la inmortalidad, cantada por los poetas, o en caso contrario el rotundo olvido. Odiseo para rescatar a su amada Penélope  usa la misma estratagema empleada en la caída de Troya: llega encubierto. Sustituye esta vez al caballo de madera por un disfraz. En la escena final Odiseo y su hijo, Telémaco,  se lanzan contra quienes pretendían arrebatarles el reino y a Penélope, lo hicieron con tal furia que Zeus debió intervenir por intermedio de su hija Atenea, quien alterada  les gritó que terminaran la lucha, ellos obedecen,  entonces:      

“Esta se dirigió a Odiseo: «Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo rico en ardides, contente, abandona la lucha igual para todos, no sea que el Cronida se irrite contigo, el que ve a lo ancho, Zeus.»
Así habló Atenea; él obedeció y se alegró en su ánimo. Y Palas Atenea, la hija de Zeus, portador de égida, estableció entre ellos un pacto para el futuro, semejante a Méntor en el cuerpo y en la voz.”

Como vemos el final de la travesía, no es el encuentro con la amada Penélope. El héroe épico de caballería finalizaba su accionar con un combate en el que su valor sea suficientemente demostrado. Sus dificultades y victorias son posibles solo  con la intervención de los dioses. El encuentro amoroso, será una consecuencia, supuesta por el receptor literario, el final será un hecho de armas enunciado como culminación de la obra.    

3. La lírica griega antigua. Arquiloco, Safo y Anacreonte

La lírica (expresión del yo) griega surge casi en paralelo con la épica (canto de grandes hechos). Es inexacto afirmar que una es negación de la otra, pues ambas pretenden recrear sensaciones humanas ocultas por medio de la palabra. A medio camino, como un cuerpo de enlace, hay un valioso conjunto de himnos y elegías, vinculados a dichas propuestas; tanto es así que se registran poetas con piezas en esas tres estéticas, entendiéndose que lo diferente no quiere decir distante; son aguas de distintos ríos unidas en un recorrido común. Ciertamente, los textos líricos tienden a una  menor extensión de versos y al protagonismo del poeta en el texto, difieren de los extensos poemas épicos dedicados a grandes héroes y elevados dioses. Su tono trivial y familiar, no debe apartarnos de la sinceridad y belleza de sus composiciones, tan válidas como las obras del ciclo troyano o la mitología clásica.
Para aproximarnos a la lírica griega repasamos con apoyo en Segundo Serrano Poncela a dos  poetas de polémicas vidas (tal como lo ha sido la de varios artistas): Arquiloco de Paros,  Safo de Lesbos y Anacreonte de Teos, ligeramente menores a Homero y Hesiodo.

Arquiloco de Paros, fue un mercenario servidor de varios amos, de carácter violento, adultero, cuyas imágenes poéticas llevaron a la muerte a su amante Neobulé y el padre de esta joven. Conocido como el “Poeta del odio”, aparece en sus poemas para despreciar a quienes le criticaban su labor guerrera:

Un enemigo se regocija, ahora, con la posesión de mi escudo
Arma intachable que abandoné junto a una mata.
Pero escapé a la muerte que acaba con toda pretensión
¡Que se pierda ese escudo! Puedo comprarme otro mejor.

Igualmente fue mordaz y satírico con su propia condición humana y la de su tiempo. Jamás escatimó su desprecio por quienes, a la par de criticarle se adjudicaban triunfos que no les correspondían:
Honra y fama se olvidan pronto en la memoria ciudadana.
Vivimos apurados por conseguir sus favores
Y después de muertos nos desplazan, simplemente.
…/…
Diez muertos se pudren al sol
Mañana serán diez mil sus matadores envanecidos

Sus breves poemas, están despojados de sutiles metáforas, se orientan directamente hacia el punto del conflicto, muy apetecido por este poeta y que lograra con una excepcional economía de palabras, de versos cincelados casi al borde del hermetismo.

Safo de Lesbos, es famosa aún entre quienes no la conocen, ya que sus nombres  dan pie a la categorización que designa el amor sensual entre las mujeres (safismo y lesbianismo). Sus aventuras eróticas le valieron la expulsión de distintas ciudades y el desprecio de alejandrinos y romanos. Esa polémica, sin embargo, no le resta méritos a su notable manejo de la musicalidad poética y al poder descriptivo que permite a su intimidad  sumarse al objeto de su deseo:  

Amada, ese mancebo que a tu costado reposa
es igual a los dioses. Tu habla suave y tu risa le concedes.

Yo te contemplo muda, mi corazón se ahoga,
no halla voz mi garganta y se traba mi lengua.

Fuego ardiente circula por mis venas, las imágenes
huyen de mis ojos en vagar incierto, me zumban los oídos.

Y el sudor humedece mi piel  que más verde que la hierba
se vuelve. Un temblor y un suspiro a la muerte me acercan.

No es un error asignarle un papel justo como precursora del romanticismo que se impondrá en Europa y América veinte siglos después. Su influencia, en la búsqueda del amor huidizo, en la rivalidad ante el otro amante, aún los apreciamos en los más insignes poetas del presente.   

Anacreonte, apodado el Viejo de Teos, es un claro ejemplo de cómo aprovechar la crítica adversa para difundir su poesía. Es irónico, pero sus oponentes más jóvenes (y a la larga simples  imitadores), le divulgaron en demasía y le permitieron alcanzar el prestigio y la fama que todavía disfruta. Véase este poema en el cual se mofaba de los saberes que podían privarle de su consabido gusto por el vino y las mujeres:
   
¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica?
Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos
que en nada me aprovechan?
Será mejor que me enseñes a saborear
el néctar de Dionisios
y a hacer que la más bella de las diosas
aun me haga digno de sus encantos.
La nieve ha hecho en mi cabeza su corona;
muchacho, dame agua y vino
que el alma me adormezcan
pues el tiempo que me queda por vivir
es breve, demasiado breve.
Pronto me habrás de enterrar
y los muertos no beben, no aman, no desean.

Las burlas a su propia vejez y a lo breve de la vida ante la certeza de la muerte, dan lustre al rico balance de su poesía, y que le signa como un maestro facultado para abordar diversos temas en la corta extensión de sus versos. Su capacidad para unir tantos extremos es poco igualada, incluso en el presente, y mucho menos superada por sus imitadores a lo largo de la  literatura.
      
4.- ÉPICA ROMANA: VIRGILIO (LA ENEIDA)
Contexto: El imperio romano tuvo su origen en Roma, capital de la actual Italia. Fue el primer gran imperio universal con dominios en Europa, Asia y África. Sus orígenes se remontan a los días de Homero, en el siglo VIII a. C., su ocaso concuerda con la aparición de los primeros relatos sobre el rey Arturo, en el siglo V de nuestra era. Roma invade a Grecia (146 a.C.) de la cual tomará los mayores refinamientos de su cultura. Además del latín, idioma padre de las lenguas occidentales y el alfabeto latino, se debe a Roma la difusión, traducción y enseñanza de la literatura clásica griega y el pensamiento literario cristiano. Sin los aportes de Roma las lenguas y las literaturas de Europa y América serían muy distintas a las de hoy.

La Eneida, es, junto la Ilíada y la  Odisea, un logro mayor del Ciclo troyano. Narra las aventuras de Eneas, un héroe clave de la literatura  por ser el más importante noble troyano sobreviviente a la caída de su nación. Esta monumental obra, fue escrita primero en prosa y consta  de unos 10.000 versos. Su autor es el poeta Virgilio, (70 a. C. - 19 a. C.), estudioso de las ciencias, también maestro, protegido de Cayo Mecenas, admirado por anteponer el logro literario a su endeble salud. Su obsesión por perfeccionar este logro agotó sus últimos diez años de vida y le lleva a morir cuando recorría las trayectorias legendarias de Eneas. Al presentir que su obra quedaría inconclusa o, al menos, sin su revisión final, ordena su destrucción, pero el emperador Augusto lo evita. La calidad de esta pieza y el gesto romántico de Virgilio le valen adquirir el rango de Poeta Oficial de Roma y la Eneida el de Canto Nacional del imperio.  
   En este poema Eneas es padre de Ascanio, fundador de Alba Longa (luego ciudad de Roma), por lo tanto su asunto principal es el génesis glorioso y heroico de esa nación. La Eneida, al igual que los otros textos de la épica, comienza con la invocación a Musa, el culto caballeresco a las armas  y el asunto a tratar, es decir, las aventuras de Eneas:

“Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya
llegó el primero a Italia prófugo por el hado y a las playas
lavinias, sacudido por mar y por tierra por la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,
tras mucho sufrir también en la guerra, hasta que fundó la ciudad
y trajo sus dioses al Lacio; de ahí el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas.
Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen
o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente
a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?”

A lo largo del poema, igual que en la Odisea, Eneas cuenta sus peripecias. Tal característica puede tomarse como un homenaje a los narradores  orales y poetas de quienes Homero y Virgilio toman préstamos literarios (intertextualidad). En la fórmula de Virgilio, las travesías de Eneas (cantos I- V) van de primero y luego su acción bélica en tierra firme (cantos VII-XII), invirtiendo así el orden de Homero. El canto VI es de genialidad suprema, además de dividir en dos la obra marca el destino Eneas y el trazo fundacional de Roma, que Eneas conocerá al descender al Averno (el Infierno), rodeado de fantasmas y enigmáticas visiones, luego retomadas por el poeta Dante. El tema religioso de la intervención de los dioses también destacará aquí. Juno (diosa del matrimonio), junto a Eolo (dios de los vientos) y las Furias hacen bando contra Eneas, mientras que Venus, Cupido y Vulcano actúan a favor de este héroe, pero también se mezclan otras deidades, hasta que Júpiter(rey de los dioses), en el canto IX, convoca una “asamblea” de dioses para evitar más enfrentamientos. El poema concluye cuando Eneas vence al rey Turno, pero sin aclarar su paradero posterior:

“Eneas volviendo los ojos y frenó el golpe de su diestra;
estas palabras habían empezado a inclinar sus dudas
cada vez más, cuando apareció en lo alto de su hombro
el desgraciado tahalí y relucieron las correas con los conocidos bullones
del muchacho, de Palante, a quien Turno abatiera vencido
por su herida, y llevaba en sus hombros el trofeo enemigo.
Él, cuando se le fijó en los ojos el recuerdo
del cruel dolor y su botín, encendido de furia y con ira
terrible: «¡A ti te gustaría escapar ahora revestido
con los despojos de los míos! Palante te inmola con este golpe,
y Palante se cobra el castigo con una sangre criminal.»
Así diciendo le hunde furioso en pleno pecho
la espada; a él se le desatan los miembros de frío
y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.”
 
Gran parte de la popularidad de la Eneida obedece a que Eneas, es un semidiós, hijo de Venus, diosa del amor muy adorada por numerosos pueblos. A la par de héroes como  Aquiles (el implacable); Héctor (el patriota), Odiseo (el astuto) y Eneas (el fundador), se conformarán   perfiles literarios a personajes que la literatura hoy nos ofrece en fantásticas recreaciones bajo el lema de “súper héroes”, pero sin calzar, nunca, la dimensión manifiesta de los antes nombrados.        

  5.-EL TEATRO GRIEGO
5.1 LA TRAGEDIA. SÓFOCLES (EDIPO REY)
Contexto: El teatro en la antigua Grecia alcanza su apogeo en el siglo V a.C., con obras presentadas en los festivales a Dionisios (dios del Vino), y en las que se basa el concepto de unidad de espacio, acción y tiempo, señalado por Aristóteles. Se empleaban las técnicas heredadas por el cine, la televisión y la radio: los efectos especiales, adaptación de vestuarios y maquillaje, ingeniería de sonido, los afamados premios y el cuido por la perfección del actor. El teatro se dividía fundamentalmente en tragedias y comedias.  

La tragedia más notoria es Edipo rey, sus trágicos sucesos enlazan, por una interpretación inexacta del Oráculo  de Delfos, el parricidio que cometerá Edipo contra su padre (Layo) y el incesto con su madre (Yocasta). Su autor fue Sófocles (496 a.C.-406 a.C.), afamado atleta en su juventud, considerablemente adinerado y exitoso dramaturgo. Desde su comienzo los graves sucesos acechan al rey Edipo, quien recibe las inquietudes de su pueblo:      

       “Sacerdote: Tebas, como tú mismo lo estás viendo, se halla profundamente consternada por la desgracia; no puede levantar la cabeza del abismo mortífero en que está sumida. Los brotes fructíferos de la tierra se secan en los campos; perecen los rebaños que pacen en los pastizales; despuéblase con la esterilidad de sus mujeres. Un dios que trae el fuego abrasador de las fiebres, la execrable Peste, se ha adueñado de la ciudad, y va dejando exhausta de hombres la mansión de Cadmo, mientras las sombras del Hades desbordan de llantos y de gemidos”.

Edipo, al estilo de las actuales novelas policíacas, investiga el  origen de aquellos males, pero al darse cuenta que él es el causante, se saca los ojos y abandonará su trono, para aquedar vagando por los caminos. Presa de su miseria, de inmediato su preocupación se vuelca hacia sus hijas y hacia la dependencia que éstas enfrentan por su herencia matrimonial:

Edipo: No puedo ya veros; pero lloro con vosotras pensando en la dura vida que tendréis que vivir el resto de vuestros días, en contacto con los hombres. ¿A que asambleas de tebanos, a qué fiestas iréis, sin que volváis al hogar con los ojos bañados en lágrimas en vez de asistir a sus pompas sagradas? Y cuando hayáis alcanzado la época del matrimonio, ¿quién se presentará; quien, ¡oh hijas mías!, correrá el riesgo de cargarse con todas las tachas que permanecerán como una vergüenza para mi descendencia, así como para la vuestra? ¿Qué desgracia falta, en efecto, a vuestros males? ¡Vuestro padre ha matado a su padre; ha fecundado a la que lo había concebido, aquella misma de quien había nacido, y os ha hecho nacer del mismo seno en el cual fue concebido!”.

Una vez mancillado el ideal caballeresco de Homero, aun cuando no sea su voluntad, y aplicado su auto-castigo los infractores, apreciamos como el Coro (voz de la razón) nos da su voz de reflexión sobre este singular hecho:

                    CORO: Habitantes de Tebas, mi patria, ved a este Edipo, que había sabido adivinar los famosos enigmas. Era un hombre muy poderoso; ningún ciudadano podía sin envidia posar los ojos en su prosperidad. Y ahora, ¡en qué sima de terribles desgracias ha sido precipitado! De modo que hasta esperar su último día, no hay que proclamar feliz a ningún mortal antes que haya llegado, sin sufrir ningún mal, al término de su vida. FIN”

Este modelo de historias dramatizadas sobre miembros de la realeza  y su incapacidad para escapar al destino, trazará moldes de realización a lo largo de los venideros siglos, caso que aún se dan con mucha frecuencia, en otro orden temático, en el teatro de príncipes, reyes y hadas del teatro infantil, en las del malvado Herodes, así como en  obras de Willian Shakespeare (Hamlet) y Calderón de la Barca (La vida es sueño), entre otros.
En el plano de la ciencia el personaje de Edipo rey sirve de base para formular la categoría denominada “Complejo de Edipo”, atribuida al  sabio Sigmun Freud (1856-1939), quien detecta en esa fórmula la inclinación amorosa sexual hacia la madre y la aversión homicida hacia el padre. Aún cuando es, sin duda, una peligrosa inclinación obsesiva, no es menos cierto que se aprecia en distintas expresiones como: “Madre hay una sola; padres hay muchos”, matiz sutil y casi encantador de esta singular obra, que se evidencia muchas creaciones populares literarias de la oralidad y de la escrituralidad. También consideramos oportuno agregar que el complejo de Edipo tiene su par exactamente opuesto en el Complejo de Electra, hipótesis hecha por unos de los alumnos de Freud: Carl  Gustav Jung (1875-1961).
    

5.2 LA COMEDIA. ARISTÓFANES  (LA PAZ)
Al otro lado, paralelo a de la tragedia, discurrirá la comedia. Sus creaciones  no tratan sobre  las virtudes nobles y caballerescas de la tragedia, sino de los defectos y vicios del ser humanos, como calco de los dioses cuya exageración provocará  la risa reflexiva de los espectadores. Se ha deducido que comedia, es un término originado de “Komos”, especie de marcha de comparsa con danzas de enmascarados que representaban personajes  de cierta importancia, a quienes se les hacia mofa.
En la obra La Paz, este marco-símbolo y valor universal se convierte en un personaje mudo perseguido por otros personajes, que también ostentan una simbología propia y muy marcada,  como son La Guerra y El Estrago y defendida por Trigeo y Cosecha. Esta alegoría política es obra de Aristófanes (444 a.C.-385 a.C.), rico propietario, político del bando conservador y de visionario de alta educación, a quien se le atribuye la creación de este género.
Al inicio las reverencias al poderoso Zeus, rey de los dioses,  se transan en burla, como reflejo de la constante amenazas de guerra que padeció este pueblo y sus sufridos habitantes: « ¡Oh Zeus!» ¿Qué intentas? Deja la escoba; no vayas a vaciar a Grecia con tus escobazos.» Posteriormente, se hace una mofa a quienes ofrecen sacrificios a los dioses y ofertan copas a los sacerdotes pero nunca se las entregan:  

“La negra nube de la odiosa guerra
Disipamos así, y en dulce abrazo
Estrechando a la Paz, cien sacrificios
Le ofrecimos gustosos.
Cuando el fuego devoró de las víctimas las piernas
Nosotros sus entrañas consumimos
E hicimos libaciones: dirigía
La fiesta yo: mas nadie presentaba
al adivino la brillante copa.”

Luego se evidencia una reivindicación hacia el humilde escarabajo que se alimenta de los excrementos, elegido en preferencia sobre el mítico Pegaso, caballo divino dotado de alas que le permitían llegar a la morada de los dioses, apreciemos ese detalle:  

“LA NIÑA.-Pero, padre, ¿cómo se te ha ocurrido irte hasta los dioses montado en un escarabajo?
TRIGEO.-Las fábulas de Esopo dicen que es el único animal alado capaz de haber llegado hasta los dioses.
LA NIÑA.-Eso es un cuento increíble, querido padre, ¿Cómo ha podido llegar hasta los dioses un animal tan inmundo?
TRIGEO.-Subió por la enemistad que tuvo con el águila, y se vengó haciendo una tortilla con sus huevos.
LA MUCHACHA.- ¿No sería mejor que montases al alígero Pegaso y te presentases a los dioses con más trágico continente?
TRIGEO.- ¿No comprendes que hubiera necesitado el doble de provisiones? Este se alimentará con lo que yo haya digerido”. 


Como argumento Aristófanes plantea el rescate de la Paz, hecho por el anciano Trigeo,  quien se encuentra apresada bajo pesadas rocas, por los partidarios de la Guerra, entre ellos los ricos Herreros, fabricantes de armas. De otro lado la Guerra y Estrago se han apoderado del Olimpo, morada de los dioses que ha sido abandonada por estas divinidades representadas, aquí,  en condición de cobardes. Al liberar a la Paz, escapan con ella Cosecha y Festival (fiesta agrícola para celebrar los frutos de la tierra). Trigeo, luego se casará con Cosecha. Derrotados los traficantes y vendedores de armas, se ven obligados a rematar su funesta mercancía, y en una clara ridiculización el anciano Trigeo, compra armaduras y armas para utilizarlas como sillas o estantillos de su granja y viñedos, consumando una gran venganza “pacífica” la contra los vencidos.     
Las mofas de esta obra no dejan a un lado el grave asunto de su contexto: la beligerancia entre Esparta y Atenas que dividió al mundo griego y acabó por hundirlo, en el excremento del cual se alimentan lo escarabajos, tema profético y drama político profetizado con siglos de antelación al dominio de los macedonios y de los romanos; sin duda, otra gran virtud de Aristófanes.    

6.- LITERATURA MEDIEVAL: DANTE ALIGHIERI  (LA DIVINA COMEDIA)
Contexto: la literatura medieval, llamada también oscurantismo, va desde la caída  del imperio romano (476 d.C.) hasta la aparición de la imprenta de Gutemberg (1450). Las  ciudades, los campos y las personas se sometían a un noble, cuyo poder era negociado con un rey y la iglesia (régimen feudal). Es la “era dorada” de la influencia católica en la literatura. Surgen grandes leyendas (hechos fabulados sobre un suceso real)  convertidas en cantos de gesta: Beowulf  (en visita al palacio El Ciervo, Dinamarca), en el siglo VIII y poema nacional de Inglaterra; la Canción de Roland (duque Roland, muerto en Roncesvalles en el 778), hacia el siglo X y  poema nacional de Francia; el Cantar de mío Cid (sobre Ruy Díaz de Vivar; 1041-1099) en el siglo XI y poema nacional de España; y el Cantar de los Nibelungos (triunfo de Arminio sobre Roma, año 9 d.C.) datada en siglo XIII y poema nacional de Alemania. Son narraciones sobre hechos de armas épicos, en los que los protagonistas mueren en defensa de su patria.  Estas piezas maestras de la literatura oral de creación colectiva (equívocamente llamadas anónimas) fueron divulgadas por poetas conocidos por distintas designaciones: trovadores, juglares, goliardos, bardos, entre otras.  
Clave para entender el vínculo religión-literatura es el poema La  Divina Comedia, planteada en tres fechas distintas de elaboración: Infierno (1308), Purgatorio (1313) y Cielo (1321). Esta obra es considerada una verdadera joya de la literatura universal, con más 14.000 versos agrupados en tercetos que simbolizan Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su autor es el italiano  Dante Alighieri (12651321), político, militar y boticario. En el Infierno, su guía es el poeta Virgilio (autor de la Eneida), quien le mostrará donde se encuentran otros grandes poetas reconocidos por su piezas épicas: Homero (la Ilíada y la Odisea); Ovidio (Metamorfosis); Horacio (Las Sátiras), y Lucano (La Farsalia). La descripción comienza así:   El buen maestro comenzó a decirme: / «Fíjate en ése con la espada en mano, / que como el jefe va delante de ellos”, la narración se aclara de la siguiente manera:   

Es Homero, el mayor de los poetas;
el satírico Horacio luego viene;
tercero, Ovidio; y último, Lucano.

Y aunque a todos igual que a mí les cuadra
el nombre que sonó en aquella voz,
me hacen honor, y con esto hacen bien.»

Así reunida vi a la escuela bella
de aquel señor del altísimo canto,
que sobre el resto cual águila vuela.
  
Por supuesto, el Infierno no puede estar completo sin su amo. Dante lo representa como una figura que disfraza su maldad, haciéndonos creer  que no se trata de tan temible deidad él. De hecho el engaño, parece ser su mayor peligro:

«Mira la bestia con la cola aguda,
que pasa montes, rompe muros y armas;
mira aquella que apesta todo el mundo”

Y aquella sucia imagen del engaño
se acercó, y sacó el busto y la cabeza,
mas a la orilla no trajo la cola.

Su cara era la cara de un buen hombre,
tan benigno tenía lo de afuera,
y de serpiente todo lo restante.

La travesía de Dante y Virgilio en El Purgatorio En la primera estadía (o cornisa) se  purga el pecado de la soberbia, en la segunda el de la envidia, en la tercera la ira, en la cuarta la pereza, en la quinta la avaricia, en la sexta cornisa la gula y en la séptima la lujuria. Así se identifica un purgante de la soberbia:  

De tal soberbia pago aquí la pena;
y aun no estaría aquí de no haber sido
que, pudiendo pecar, volvíme a Dios.

Ya en su ascenso hasta el cielo, el poeta vuelca sus versos hacia la fe más absoluta; su gozo es superior al bien cuidado intelecto que siempre se le celebró y la extraordinaria memoria que lo sitúa como un gran genio de la poesía:

En el cielo que más su luz recibe
estuve, y vi unas cosas que no puede
ni sabe repetir quien de allí baja.

Porque mientras se acerca a su deseo,
nuestro intelecto tanto profundiza,
que no puede seguirle la memoria.

La lectura de La Divina Comedia demanda un variado compás de conocimientos previos, referidos a la simbología religiosa católica, de cierta complejidad y también de historia de la literatura. Dante es uno de los pocos poetas que posee su propia categorización literaria, es así como se habla de poesía dantesca o cuadro dantesco: “Dicho de una escena, de una situación, etc. Que causan espanto”.


7.- NARRATIVA MEDIEVAL: GIOVANNI BOCACCIO (EL DECAMERÓN)
En el mismo contexto, El Decamerón (1361), aún plantea problemas para su estudio, dada su extensión, pues contiene “cien novelas” (en su acepción de “novedad” y no por su larga extensión). Los relatos se narran bajo el ambiente de la terrible peste que arrasó la mitad de la población de Europa. La obra maestra de la narrativa medieval, su temática, igual a La Divina Comedia, tiene tres partes esenciales que en este caso serán: los amores, la astucia del hombre y la fortuna. Su autor, Giovanni Boccaccio (13131375), fue un comerciante de mediano éxito y de sólida formación literaria y filosófica. Se puede considerar esta obra como un primer reconocimiento a la inventiva literaria femenina, según lo evidencia en el plan general de la obra:  

“Por consiguiente, para que al menos por mi parte se enmiende el pecado de la fortuna que, donde menos obligado era, tal como vemos en las delicadas mujeres, fue más avara de ayuda, en socorro y refugio de las que aman (porque a las otras les es bastante la aguja, el huso y la devanadera) entiendo contar cien novelas, o fábulas o parábolas o historias, como las queramos llamar, narradas en diez días, como manifiestamente aparecerá, por una honrada compañía de siete mujeres y tres jóvenes, en los pestilentes tiempos de la pasada mortandad, y algunas canciones cantadas a su gusto por las dichas señoras. En las cuales novelas se verán casos de amor placenteros y ásperos, así como otros azarosos acontecimientos sucedidos tanto en los modernos tiempos como en los antiguos.”

En su gigantesca extensión también comprende la poesía, en los que se recogen poemas muy similares a los que cantaban los trovadores y juglares, pero haciéndolos interpretar desde la óptica femenina, veamos este ejemplo:

“Nadie tan desolada
como yo ha de quejarse,
que triste, en vano, gimo enamorada.
Aquel que mueve el cielo y toda estrella
me formó a su placer
linda, gallarda, y tan graciosa y bella,
para aquí abajo al intelecto ser
una señal de aquella
belleza que jamás deja de ver,
mas el mortal poder ,
conociéndome mal,
no me valora, soy menospreciada.”
Bocaccio da muestras de su sapiencia literaria y al culminar el poema agrega, como narrador  en tercera persona, su visión sobre la libertad de todos para entender la literatura: “Aquí puso fin Laureta a su canción, que, oída por todos, diversamente por cada uno fue entendida”. Las últimas líneas reiteran ese concepto que antecede setecientos años a lo hoy denominado postmodernidad y refleja su exaltación hacia las mujeres en el contexto literario:
“Confieso, sin embargo, que las cosas de este mundo no tienen estabilidad alguna, sino que siempre están cambiando, y así podría ocurrir con mi lengua; la cual, no confiando yo en mi propio juicio, del que desconfío cuanto puedo en mis asuntos: y en verdad que cuando esto fue había pocas de las precedentes novelas que faltasen por escribir. Y porque con animosidad razonan aquellas tales, quiero que lo que se ha dicho baste a responderlas. Y dejando ya a cada una decir y creer como les parezca, es tiempo de poner fin a las palabras, dando las gracias humildemente a Aquel que tras una tan larga fatiga con su ayuda me ha conducido al deseado fin; y vosotras, amables mujeres, quedaos en paz con su gracia, acordándoos de mí si tal vez a alguna algo le ayuda el haberlas leído.”
Otro notable aporte de Bocaccio es la recopilación de historias orales para elaborar sus “cien novelas”, con base a las expresiones, crudas y abiertas sobre los temas de la sexualidad, el adulterio y las suertes en los amores  de la gente común de su época, de allí que se tenga a esta obra como la más escandalosa de todas las grandes obras de la literatura universal. El Decamerón le permite incluir su propia filosofía de la vida, envuelta en distanciamientos; técnica muy bien valorada y magnificada por el existencialismo y el teatro del absurdo.

LITERATURA UNIVERSAL (UNELLEZ - Contenido programático)

Universidad Nacional Experimental    de los Llanos Occidentales
Ezequiel Zamora” UNELLEZ-VIPI            Programa Ciencias de la Educación

Literatura Universal. Profesor  Isaías Medina López.


CONTENIDO PROGRAMÁTICO DEL SUBPROYECTO:
LITERATURA UNIVERSAL
VICERRECTORADO: Todos
PROGRAMA: Ciencias de la Educación
SUBPROGRAMA: Especialidades
CARRERA: Educación
MENCIÓN: Castellano y Literatura
ÁREA DE CONOCIMIENTO: Formación Profesional Específica
PROYECTO: Lenguas y Literaturas
SUBPROYECTO: Literatura Universal
PRELACIÓN: Ninguna
CÓDIGO: EC540140412
HORAS SEMANALES: 02 HT 02HP = 4HT
UNIDADES CRÉDITO: 03
SEMESTRE: IV
CONDICIÓN: Obligatorio
MODALIDAD DE APRENDIZAJE: Presencial
PROFESOR(ES) DISEÑADOR(ES): Dra. Avilán D., Alba; MSc. López Pausides;  MSc. López, Haydeé; MSc Ostos, Luz Marina; MSc. Segovia, Milagros y MSc.Tenías, Martín

Barinas, Junio 2006

JUSTIFICACIÓN
El subproyecto Literatura Universal forma parte del componente Formación Profesional Específica. Éste se propone incidir en la formación académica y profesional del Licenciado en Educación, mención Castellano y Literatura, al proveer al estudiante de sólidos conocimientos que le permitirán disponer de los conocimientos apropiados para la práctica educativa, en la enseñanza de la literatura universal en los niveles de la Tercera Etapa de Educación Básica y de Educación Media, Diversificada y Profesional y Superior.
Es en esta literatura donde encontramos nuestra propia cultura. Se considera que se originó en la cultura helénica, más tarde encontró un formidable bastión en el Imperio Romano. Junto con la expansión romana, la cultura de los griegos se extendió a cubrir la mayor parte de Europa. Siglos más tarde radiaría hasta el Nuevo Mundo, donde aún se encuentra en conflicto con algunas culturas americanas.
A los efectos de este subproyecto, se trabajará la temática por géneros literarios, sin obviar la evolución histórica de los géneros y se emparentan unos con otros en transición gradual, pero siempre es útil trabajar en este orden. La metodología a emplearse por el docente para dictar el contenido de este subproyecto debe ir en relación con los tres tipos de contenidos que dicta la organización actual el currículo: conceptuales y para ello sirve de orientación las unidades específicas del área; procedimentales, en este sentido, se sugiere en las estrategias metodológicas: lectura y análisis mediante todas las dinámicas de grupo que planifique el docente; y actitudinales, porque se espera que el estudiante asimile y valore la importancia de la literatura universal como instrumento de identificación cultural y para la comprensión de los géneros literarios de la cultura occidental.
El desarrollo de esta asignatura o subproyecto deberá ir de la mano con el apoyo de la biblioteca de la Universidad al facilitar a los jóvenes el préstamo de libros de Literatura Universal por lapso suficiente para su lectura. Por ello, la Jefatura del Programa debe solicitar a la Biblioteca la dotación de la bibliografía requerida para el desarrollo del subproyecto.


OBJETIVO GENERAL
Brindar oportunidades al alumno para que lea e interprete obras literarias universales de varios géneros y conozca los movimientos literarios producidos en Europa desde la antigüedad hasta el Siglo  XXI.

UNIDAD I.  EL MUNDO CLASICO

OBJETIVO DE LA UNIDAD: Leer, analizar y reflexionar acerca de la lectura de obras del mundo clásico antiguo.

CONTENIDO ESPECÍFICO
1.- La mitología griega: mitos Hesiodo: El mito de las edades.
2.- Los poemas homéricos: La Ilíada y La Odisea.
3.- Épica romana: Virgilio La Eneida.  
4.-El teatro griego: Esquilo, Sófocles (Edipo rey),  Eurípides.
5.- Literatura medieval: Divina Comedia de Dante.
6.- Narrativa medieval: El Decamerón de Bocaccio.


UNIDAD II. EL TEATRO CLÁSICO EN EL RENACIMIENTO

OBJETIVO DE LA UNIDAD: Examinar, mediante la lectura reflexiva, obras literarias pertenecientes al género del teatro, en la Europa del Renacimiento.

CONTENIDO ESPECIFICO
1.- Teatro clásico inglés: Shakespeare: Hamlet.
2.- El teatro clásico francés: La comedia. Molière: El avaro
3.- Teatro clásico español: Calderón de la Barca: La vida es sueño


UNIDAD III: EL ROMANTICISMO

OBJETIVO DE LA UNIDAD: Estudiar las características y leer obras del género narrativo novela pertenecientes al movimiento del romanticismo y novelas de la Europa del siglo XIX.

CONTENIDO ESPECÍFICO
1.- Antecedentes de la novela moderna: Miguel de Cervantes (El Quijote de la Mancha).
2.-Los románticos y la libertad: Victor Hugo (Notre Dame).
3.- La sensibilidad prerromántica: Goethe (Las cuitas del joven Wherter).
4.-La narrativa realista en Europa: Honoré de Balzac (Eugenia Grandet)
5.-Las novelas sobre mujeres: Gustave Flaubert (Madame Bovary)
6.-La novela francesa: Rousseau (El Contrato Social, El Emilio).

UNIDAD IV: LA LITERATURA NORTEAMERICANA DEL SIGLO XX

OBJETIVO DE LA UNIDAD: Aproximarse al contenido literario de obras y autores del Siglo XX.
CONTENIDO ESPECÍFICO
1.- La poesía: Walt Withmann.
2.- La generación perdida: Faulkner, Hemingway.
3.- Los grandes renovadores de la novela europea: Proust, Kafka, Joyce. 4.- El teatro existencial y del absurdo: Camus, Sartre, Beckett, Ionesco.

ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS
1-Exposición. 2- Lectura y análisis de obras literarias. 3-Ver películas de obras literarias. 4- Discusión en talleres.

RECURSOS
1- Programas de Estudio del Ministerio de Educación para Educación Media, Diversificada y Profesional.
2- Bibliografía recomendada de obras literarias.
3- Páginas en Internet referidas a la literatura universal (descarga de libros).

EVALUACIÓN SUGERIDA:

Módulo I Evaluación práctica (20%)
Módulo II Interrogatorio (20%)
Módulo III Trabajo escrito (25%)
Módulo IV Trabajo práctico (Exposición 25%; informe 10%)

LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN
1-Literatura greco-latina; 2-Literatura europea: 3- Narrativa de fin de siglo: 4-Teatro de fin de siglo; 5-Poesía de fin de siglo: 6-Crítica literaria: 7-Influencia de la literatura griega en la literatura española: 8-Influencia de la mitología griega en la literatura española.

LÍNEAS DE EXTENSIÓN
1- Organización de actividades literarias. 2-El cine y la literatura universal.
3- Club de lectura de clásicos literarios.

INTEGRACIÓN DE DOCENCIA, INVESTIGACIÓN Y EXTENSIÓN
Invitación a escritores para dictar conferencias.
Asignación de trabajos (ensayos, biografías) sobre autores de la literatura universal.

BIBLIOGRAFÍA
ARISTÓTELES. (1979). El arte poética. Madrid: Espasa Calpe.
BANÚS, Enrique. (2002). Literatura europea: una introducción. Pamplona: Newbook.
BAUDELAIRE, Charles. (1998). Las flores del mal. Madrid:, Cátedra.
BOMBAL, M. LUISA. (1988). La Ultima Niebla. Santiago: Editorial Andrés Bello.
BORGES, JORGE LUIS. (198). Ficciones. Madrid: Alianza.
BUSTOS TOVAR, J.J. (1985). Diccionario de Literatura Universal. Madrid: Anaya.
CHÁVEZ Oseguera. (2002) Literatura Universal I.
CONSTANTINO Bertolo; Jesús Martínez Sánchez; Luis Martínez de Merlo. (1998). Literatura Universal de Bachillerato.Barcelona: Akal
DE RIQUER, Martín y VALVERDE, José Ma. (1978). Historia de la literatura universal. Barcelona; Ed. Planeta,
DE RIQUER, Martín. (1978). Historia de la literatura universal. Barcelona; Ed. Planeta.
ECO. UMBERTO. (1983). Tratado de Semiótica. Barcelona: Lumen.
ESQUILO. (1991). Prometeo Encadenado. Santiago: Bravo y Allende.
EURÍPIDES. (1980). Electra. Madrid: Espasa Calpe.
FRENZEL, Elisabeth. (1980). Diccionario de motivos de la literatura universal. Madrid: Gredos.
GARCIA LOPEZ, J. (1984). Historia de la literatura española. Barcelona: Vicens Vives.
GONZÁLEZ Porto, Bompiani (eds.). (1998). Diccionario literario de obras y personajes de todos los tiempos y de todos los países. Barcelona: Montaner y Simón.
GUERRERO ZAMORA, J. (1961-1971). Historia del teatro contemporáneo. Barcelona: Flor.
HOMERO. (2000). La Iliada. Madrid: Gredos.
IAÑEZ, E. (1991). Historia de la literatura. Barcelona: Tesys-Bosch.
KLAUS von See (ed.). (1985). Literatura universal. Madrid: Gredos.
MARTÍN de Riquer-José María Valverde. (1978). Historia de la literatura Universal. Barcelona: Planeta.
NERUDA, Pablo. (1996). Residencia en la tierra. Santiago: Editorial Universitaria.
RICO, F. (1981). Historia y crítica de la literatura española. (8 vol.) Barcelona: Crítica..
RIMBAUD, Arthur. (1991). Iluminaciones. Madrid: Visor.
SÓFOCLES. (1984). Edipo Rey. Santiago: Editorial Universitaria.

lunes, 22 de agosto de 2011

Un cuento llanero de fantasmas: "LA NOCHE DE: EL CANILLÓN" de Juvenal Hernández

    
(A la altura de este poste, en medio de la sabana,
pasan las rodillas de El Canillón)

 El último botiquín que en el pueblo permanecía abierto, situado en la esquina de la avenida Bolívar, cruce con calle Flores, estaba a punto de cerrar por lo avanzado de la hora. Eran casi las once de la noche. La mayoría de los pobladores dormían. Los amplios portones hacían las veces de celosos guardianes, mudos e imperturbables, reforzados en el cuido de sus dueños por la tranca segura y aldaba inseparable.
     Las ventanas, mostrando sus alegóricas mamparas, dejaban entrever, a la luz de encendidos velones, ofrecidos al santo de la devoción, una pequeña cuota de la intimidad de la casa.
     Los tejados rojos, unos, pajizos, otros, tejidos por las manos de albañiles, o alarifes antañosos, eran graciosos corredores de noctámbulos gatos y pensión de sempiternos murciélagos que agitaban el aire con sus grandes alas.
     Las aceras, sobre las que la brisa pasa su escoba recogiendo lo que otros han dejado atrás, eran hilos de cemento y piedra por donde se van los pasos de los pobladores, en los días, con perfiles de sol, y en las noches con luces de luna, o ligero alumbrar de luceros, extendidas bajo el zócalo de la casa, eran cintas plateadas como si la calzada de la calle se prolongara buscando subirse a los techos por las paredes del poblado.
     La brisa, paralítica las más de las veces, muy poca se sentía. Sin embargo, de vez en vez, una escuálida racha se colaba y apenas movía las hojas de los árboles, llevando consigo un grato olor de mastranto lejano o el ácido aroma de los orines de la vacada que en la calle tenían sus lechos tan igual al potrero que les era común.
      El dueño del botiquín, quien a la vez era el dependiente, atendía a la clientela de acuerdo, a cómo se lo permitía, el carácter bilioso que le configuraban sus funciones hepáticas, había corrido la voz de cierre a los pocos parroquianos que se encontraban en el interior del negocio.
     Las luces del pueblo se habían apagado desde hacía rato, a la hora nona de la noche. Esas no volverían hasta el siguiente atardecer, ya casi pasaditas las seis de la tarde, cuando unos tambores, empujados por manos laboriosas, preñaran de combustible y lubricante la panza del motor que debía generar la luz al pueblo, encendiendo muy tímidamente unas cuantas bombillas de muy poco voltaje. Luz que cotidianamente era lánguida, mortecina, triste, era como apenas un cocuyo en la noche.
     - Amigos míos, es hora que se vayan- dijo el hombre del bar, un negrito de mediana estatura, pelo ensortijado, ojos agrizados, lucía una camisa marrón manga corta, pantalones que una vez fueron blancos y viejos zapatos de dos tonos.
     Luego, con voz ácida les espetó:
     - Mi negocio es vendé y vendé...  -guardó un mínimo de silencio y agregó... pero no aguanto más.
     Seguidamente se pasó las manos por la cara, estrujándose los ojos, en señal de tener mucho sueño.  Después, las dejó correr de la cabeza hasta la cintura, dándose una fuerte frotada con la que quiso indicar que el cansancio, también, lo dominaba. 
     -Servínos un palo más, vale, y nos vamos-  dijo uno de los consuetudinarios clientes, a la vez que mostraba una hilera de dientes que reflejaron, en sus abundantes orificaciones, la escasa luz que se bamboleaba, prendida al extremo de una vela, aplastada sobre un pequeño tarro invertido colocado en el mostrador que hacía las veces de barra.
     -El botiquinero refunfuñó algo, pero, sin embargo, tomó por el cuello una botella, de las que estaban en la armadura, le quitó la tapa sirvió tres palos largos de aguardiente claro, y luego abrió una caja llena de hielo conservado con aserrín, sacó de allí un botellón de cerveza que destapó y colocó con dos vasos de casquillo, para aquellos bebedores.
     Luego, como se demoraban en irse, les apremió a que lo hicieran. Inmediatamente les soltó un adiós que nos les auguraba ni siquiera un sueño feliz, a la vez que les exigía el pago en moneda constante y sonante de la consumición.
     Uno de los hombres alzó su copa.  Vació el contenido de ellas en lo más profundo de su garganta, como si se tratara de un gargarismo, tragó violento , tosió, carraspeó duro, devolvió el vaso al mostrador, canceló y salió por la única puerta que a medias se encontraba abierta.
     Los demás quedaban allí, parecían indiferentes. Los de las cervezas ya casi la vaciaban. Los otros, tomaban despacio como si estuvieran dispuestos a permanecer más tiempo allí.
     El dueño del bar recogía peroles, aplastaba cucarachas, mataba zancudos con las manos, perseguía ratones incursionadores en la vieja armadura, dando tiempo a que remataran el palo aquel. Ya le parecía interminable la presencia de aquella gente en el bar.
     Bueno vale, qué vaina es esa -fue la áspera advertencia que les hizo acercándose al grupo, para continuar diciéndoles-  No quiero amanecé aquí, vamos pues, eso es saliendo-  y palmoteó con las manos como quien arrea manada de animales.
     Al rato, empujando a uno, halando a otro, a tiempo que le inquiría a los restantes que se fueran, dio una gran soplada a la vela.
     La llama bailó una danza de resistencia, las sombras giraron al compás de la misma, y al final se apagó comenzando a despedir el olor suigéneris de la combustión interrumpida, y candado en mano, con la gente ya en la calle, cerró la puerta.
     Seguidamente se fueron. Unos acompañaban al botiquinero, pues eran vecinos y las calles a seguir eran las mismas. Estos alborotaban. Voces altas y fuertes risas iban regando en su trayecto sobre la quietud de la noche.
     Otro, se fue con su carga de soledad en sentido contrario a los anteriores. Irá hasta su casa, como los demás, a pasar el éxtasis etílico de su parranda sobre el nuevo catre, que quería estrenar con la hermosura de su negra, que seguramente no había pegado un ojo esperándole entre asustada y con la esperanza del gozo que le significaba el nuevo mueble.
     Quedó uno solo de ellos. Este permaneció parado  en la esquina del bar pensando por donde irse mejor. En más de una ocasión había dicho que el aguardiente le daba valor y fuerzas para enfrentarse a cualquier cosa. Sentía como le invadía una cierta embriaguez.
     La verdad era que en ninguna oportunidad de su vida había caminado solo en la noche. Recordó que, siempre, sin necesidad de proponérselo, andaba acompañado de alguien en sus juergas nocturnas.
     Pero, ahora era diferente. Sumergido en aquella soledad del pueblo, en una noche oscura en la que apenas se podían distinguir las cosas, sobre todo las lejanas, por su mente pasó el recuerdo de aquellos cuentos que oyera cuando niño: “El Carretón”, “La Llorona”, “El Enjustanao”, “La Procesión”, “Las Ánimas”, “El Tirano Aguirre”, “Asmodeo”, “La Bola de Fuego”, “El Ahorcao”, “El Canillón”, “El Silbón”, “El Niñito Llorón” y muchos más.   Sentía que una gran intranquilidad le comenzaba a dominar.
     Recordó, además que él en alardes de nada temer,  para asustar a niños y mujeres, temerosos de fantasmas,  había inventado muchas aventuras de ese tipo y echado cuentos de la misma calaña.
     Él, que había dado rienda suelta a su imaginación creando criaturas fantasmagóricas, tétricas, alucinantes, de pesadilla, sentía ahora algo así como una premonición que le indicaba que algo serio y terrible le iba a ocurrir.
     Alguien le había dicho, una vez, que de tanto inventar esas historias de fantasmas y aparecidos, iba a caer en el asombro de sus propios fantasmas.
     Se recostó de la pared.  Inspiró un poco de aire que le robó a una leve ráfaga, que rauda pasó por su lado,  y luego la expulsó contaminando la poca brisa que seguía a la otra con su podrido vaho alcohólico.
     Alzó los ojos buscando compañía en los alrededores, pero únicamente encontró soledad, penumbra y silencio. Un movimiento de algo, a una cuadra de distancia, le hizo pensar en la presencia de alguien, pero, luego de una nueva ojeada logró distinguir la figura regordeta de una vaca echada cerca del portón de una de las casas.  
     Sin embargo, sintió valor después de deducir que al faltarle compañía de una persona bien valía la pena la presencia de un animal. El trance le era difícil. Así, pues, haciendo de tripas corazón, trató de irse por la calle con la ilusión de encontrarse con un animal, aunque fuese, para darse algo de valor.
     Dio varios pasos, caminó apenas unos poquísimos metros. Se detuvo. No sabía qué hacer si irse o esperar allí la llegada del amanecer. Quedarse era necio, absurdo. Irse era, tal vez, salir en busca de lo que le esperaba, pero no le quedaba otro camino. Así que con su bagaje de miedos se decidió a salir para su casa dándose ánimos.
     - Por aquí me voy, ni me quedo, ni me devuelvo - se dijo -  salga sapo o salga rana, así será- continuó aseverándose muy íntimamente.
     Sentía miedo. Nunca le había ocurrido. Pero, siempre, hay una primera vez. Pensó en un amigo que, una vez, hablando con él, le dijo que en casos como éste, que él estaba viviendo, cuando se tenía miedo de permanecer solo, nada mejor que ponerse a hablar consigo mismo, o cantar una canción en voz alta, o silbar una melodía, o hacer ruido con algo que se llevase a mano. 
     Con esta idea que le había llegado, así tan de repente, se dispuso a partir. Agradeció mucho el consejo de aquel amigo que no sabía donde estaba por estos días, y sopesando las alternativas se decidió por la más convincente, de ellas. Y se fue caminado por la calle donde se encuentran la “Casa del Santo”, llamada así por ser la casa habitación de los guardianes del Nazareno, y la Casa del Concejo Municipal, llamada la “Casa de Gobierno” porque allí, además del Consejo Municipal, funcionaba la Jefatura Civil y el Juzgado de Distrito. Otros le decían la Cárcel Pública, debido a que en sus instalaciones estaba ubicada la Policía del pueblo.
     A los lados de su caminar divisó aleros, paredes, árboles de vieja data. Al frente veía como se le iban acercando las rejas de aquellas Plaza Bolívar que, llevando el nombre del Padre de la Patria, lucía un busto de otro Héroe de la Independencia: el Gral. en Jefe José Laurencio Silva, hijo de este mismo pueblo. Todo ello lo distinguía en una escasa visibilidad que la oscuridad le permitía.
     Aplicando una de las fórmulas que le podían inyectar ánimo, comenzó a hablar en voz alta consigo mismo. Se hacía preguntas y les daba rápida contestación. Se daba consejos. Se hacía recriminaciones. Cuanta cosa se le ocurría escapaba de sus labios. Pensaba en voz alta. Pero, no, el subconsciente, trabajando a todo dar, le traicionaba. Los ojos le iban de uno a otro lado, buscando en sus travesuras algo que no quería encontrar.
     Oteaba en las distancias. Escudriñaba en las cercanías. Miraba y remiraba en su entorno. Vigilaba la ruta que seguía. Esta actitud le molestaba porque le distraía. Le hacía perder el hilo de la conversación íntima que pretendía sostener. Por más que trataba de volver a ella no le era posible la recuperación firme del pensamiento Desistió de esto cuando apenas llegaba a la esquina de la plaza.
     Quiso cruzarla en diagonal, pero, no pudo porque sus puertas permanecían cenadas. Se aferró a ellas con vehemencia. Al final, un suspiro de impotencia se le escapó disolviéndose en el aire de la media noche.
     El aguardiente comenzaba a hacer sus exigencias. Una sed inmensa comenzaba a martirizarle la boca y la garganta.
     -¿Dónde beber agua? ¿Dónde tomar algo? -se preguntó y el mismo se dio la respuesta- No encuentro nada.
     Se fue por la acera norte de la plaza. Ya no conversaba. Se dedicó a silbar. Pero, miraba insistentemente hacia adelante. No se atrevía a bajar la mirada, atento a lo que se le pudiera acercar sorpresivamente, para tratar de correr. Escaparse. Huir. Tropezó con un piedra, tirada en la acera, y perdió el equilibrio, no cayó, pero se le fue el silbido de los labios y sólo pensaba en los fantasmas de la noche.
     Perdida la serenidad para conservar consigo mismo, o para poder silbar, sacó de sus bolsillos un grueso manojo de llaves. Comenzó a sonarlos, primero, en las manos, luego contra sus muslos, más tarde contra el enrejado de las plazas, y después, las zarandeaba al aire. Aquella idea que era aguijón de miedo, de temor y de pánico, no le abandonaba con sus tétricas punzadas.
     Se detuvo un instante. Quiso regresar y no lo hizo. Quería hablar, silbar, correr, hacer ruido, pero el miedo se lo impedía.
     Justo entonces sonaron doce campanadas en la iglesia. Sintió sacudirse a su lado los muertos que transitan al filo de la media noche. Sabía que las campanas no suenan solas, mas imaginó que habían sido tocadas por el sacristán cumpliendo con la tradición de, en funciones de sereno, avisar la llegada de las doce de la noche con igual número de campanadas.
     - Sí, claro, han sido tocadas por el sacristán- se dijo mentalmente.
      Sintió un poco de ánimo con ese pensamiento. Pensar que había alguna persona cerca le dio coraje y con  decisión se fue siguiendo su camino.
     Llegó a la esquina nordeste de la plaza. Cruzó  hacia el sur y con unos pocos pasos quedó frente a la  iglesia. Volvió al recuerdo de los fantasmas y tuvo miedo de levantar la vista. Tenía los ojos fijos en la punta de sus  zapatos, hasta entonces no se había dado cuenta que estaban raídos y desconchados en las puntas, con mugre barro y bosta de la calle. Sólo se veía él, es decir; su  parte inferior, de la cintura para abajo. Le pareció que parado allí se encontraba incompleto. Apenas movía los ojos, de un lado para otro, y en un reducido espacio que, poco a poco, fue alargando a medida que sus impulsos dominaban la situación. Por eso, los fue deslizando lentamente hasta tropezar con el centro de la calzada, luego con la acera de enfrente y allí los dejó posados.
     De repente sintió un escalofrío que estremeció todo su ser.   Los pelos se le pusieron de punta, la epidermis se le volvió un erizo.   Un frío, no sabía de dónde, se le estaba calando hasta los huesos. Presentía que algo no muy distante le acechaba. Era una terrible sensación. Trató de rezar, mas no pudo. Sintió la desesperación de no saber rezar. Recordó que nunca quiso, desde niño aprenderse las oraciones que su madre se empeñaba en enseñarle. Cuando, en su casa, trataban de enseñarlo, ya adolescente, salía con una bravuconada. Ahora, lamentaba no haber aprendido aquellos rezos.
     Rebuscó en su interior un tanto de valor y cambió su comportamiento. Se sintió diferente, había pasado la crisis, el pánico se había ido. Recuperado, deslizó su mirada hacia la pared frontal de la Casa Cural. Vio su amarillo colonial, y entonces, cosa curiosa, comenzó a recordar todas las casas amarillas que había conocido. Ello le sirvió para abstraerse, un poco, de la angustiada del momento.
     Dio varios pasos más y al cambiar su mirada hacia el lado opuesto fijó los ojos de la parte sur de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de la Chiquinquirá de El Tinaco. De pronto no quería avanzar más, ni con la mirada, ni caminando. Le parecía que algo lo detenía.
     Volvió el escalofrío. Otra vez el miedo en forma de erizo sobre la piel. Una brisa pasó fugaz, parecía que le halaba los pantalones. El miedo se le arrinconaba en todas las partes del cuerpo. La mente se le plagó, nuevamente, de recuerdos asustadizos.
     Vuelta a pensar en las oraciones y nada. Le vino a la memoria, nuevamente el sacristán. Quiso encontrárselo para abrazarlo, hablarle, tenerlo a su lado, que le hiciera compañía y con su ayuda terminar aquella agonía. Así cobró fuerzas otra vez. Lo buscó cerca, pero no lo encontró.
     - Si tocó las campanas, está en el campanario- se dijo para sí.
     Alzó los ojos para tratar de verlo en lo alto, donde están las campanas y los que vio le heló la sangre. Un hombre inmenso, semejante a un gigantesco muñeco, de largas piernas, que montado en el campanario las estiraba hasta el suelo.   Perdió el aliento. No podía hablar, menos gritar, ni dar un paso, tampoco correr. La impresión le dejaba en el pecho un terrible susto cardíaco. Era un ser grandote, delgaducho, fumándose un tabaco tan descomunal como él mismo.
     Las piernas las bambuleaba de una puerta a otra, en la entrada de la iglesia, y las chocaba, luego, arrancando chispas de candela con sus tobillos y talones. Aquel ser reía diabólicamente.
     Ja. Ja. Ja. Ja. Jaaaaaaa... Ja. Ja. -Era risa satánica.
     Aquella risa grave, profunda, estentórea, invadía sus oídos, mientras un vaho de sulfuro le llegaba a la nariz.
     Los brazos los extendía el fantasma y le quedaban sobre la techumbre de la iglesia y cuando recogía sus manos aparecían amontonadas sobre los balcones de la fachada.
     Sentía que la muerte le llegaba en forma de fantasmas, de noche oscura, de pueblo solitario, de angustia sin compasión. Estaba inmóvil. Sin embargo, hizo un esfuerzo supremo y sus ojos, que parecían dominados por aquel extraño ser de ultratumba, comenzaron a girar como lo dictaba su voluntad.
     Apenas les dio vida trató de desviarlos de aquel sitio y, muy poco a poco, lo fue logrando hasta que ­comenzó a sentirse con libertad de movimientos, capaz de caminar y sobre todo correr.   Dio la espalda y salió a todo escape. Ya no le importaba hacia donde dirigirse. Correría y correría, hasta perderse de aquel lugar y llegar a su casa, para pasar aquel asombro.
     Alcanzó la esquina norte de la iglesia y cruzó hacia el río, hacia el este del poblado. No había andado ni una cuadra cuando desde el alero de una casa le llamaron.
      - ¿Señor, señor, qué le pasa?  -le dijeron-  -¿Por qué corre tanto?-  le volvieron a interrogar con vivo interés.
     Detuvo la carrera, descansó por breves segundos. Nuevamente se sintió seguro. Hizo cortas inspiraciones. Expulsó fuertes bocanadas de aires. Recuperó la confianza en sí mismo. Extrajo un pañuelo, amarillento por el sucio, del bolsillo del pantalón y se lo pasó por la frente secando el sudor, que parecía siglos, que le estaba corriendo y cogió aliento para responder al interlocutor que aún no había visto.
     -Vengo asombrado de la otra calle, compañero- contestó jadeante.
     -¿Qué hay en esa calle? -fue la nueva pregunta.
     - Algo horrible-  replicó casi sereno ya, por la  presencia de alguien junto a él -¿Pero, que es eso tan horrible?-  le insistieron en la pregunta.
     - Me ha salido “El Canillón”, sentado en la torre de la Iglesia -le dijo, y le agregó-  es un aparecido con las piernas y brazos muy largos.
     Seguidamente oyó una risita muy fina -Jii Ji Jiji-.
     Ésta le pareció conocida. Un ligero sacudimiento le estremeció al compararla con la que anteriormente había oído en la iglesia. Esta vez era una carcajada cargada de humor malsano. Con un rintintín de mofa.
     Intrigado buscó al que le hablaba y lo divisé viéndolo como un hombre pequeño sobre el tejado. Entonces el hombrecillo se removió, a la vez que burlonamente le decía:
     - ¿Serán tan grandes como las mías? - mientras extendía sus piernas y las posaba en el alero de la casa de enfrente, haciendo un puente entre los dos techos y moviendo sus manos sobre las rodillas, a la vez que reía grotescamente, murmurando:
     - ¿Será posible, que tú que me has descrito infinidad de veces, te asustes al encontrarme?.
     Ya era demasiado. Entornó los ojos. Cayó al suelo violentamente y se sumió en la inconsciencia hasta el siguiente día en que fue recogido por lugareños que a horas muy tempranas se aprestaban para ir a sus diarios haceres.
     Después, ya recuperado y con el amargo sabor de tal experiencia, juró no beber más en su vida, no seguir siendo el noctámbulo empecinado, aprender a rezar y olvidarse de chistar con los fantasmas, sean imaginarios o los de purita verdad.­

Este texto es ganador del I Concurso Nacional de Cuentos y Relatos: Misterios y Fantasmas Clásicos de la Llanura "Ramón Villegas Izquiel" (1998), organizado por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, Vicerrectorado de San Carlos. Jurado: Yorman Tovar, José Daniel Suàrez Hermoso y Rafael Arias.
El autor de esta obra es JUVENAL HERNÁNDEZ (Tinaco, Cojedes, 1933). Cronista de su ciudad natal. Entre sus libros se cuentan los poemarios: Palabreo del Adiós (1979); Ocho Cantos de Amor (1981);   Poemas de Incertidumbre (1991); Exclusas de Confesión (1994),  y seis textos de historia regional. 

Enlaces relacionados:

EL LLANO EN VOCES: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA FANTASMAL COJEDEÑA Y DE OTRAS SOLEDADES
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LEYENDAS DEL LLANO
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CONCURSO NACIONAL DE CUENTOS DE SACVEN
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Concursos nacionales de literatura para liceistas (cuento y poesía) Premios Salvador Garmendia (narrativa) y Aquiles Nazoa (literatura oral)
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