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martes, 30 de octubre de 2012

HISTORIAS DE HÉROES EN EL RELATO ORAL (varios autores) (*)


Contenido:
1-PEDRO RIMALES Y EL ZAMURO ADIVINO (Nemesio Pérez)
2-DON MARCO AURELIANO  Y EL CANTADOR DESCONOCIDO (Encarnación Rivero)
3- .EN BUSCA DE DIOS O DEL DIABLO (Francisco Triviño) 


PEDRO RIMALES Y EL ZAMURO ADIVINO (Nemesio Pérez)
Pedro Rimales era hermano de Juan Bobo. Cuando la madre murió, el único capital que tenían era una burra. Entonces decidieron partir la herencia. Juan quiere la mitad en plata y Pedro dice que no, que le den su mitad en burra. Entonces matan la burra. Le dan su a Juan. Juan, Pues, La botó, ¿qué iba a hacer con ella?
Entonces Pedro cogió su mitad, la dejó que se pusiera hedionda y llegó y la puso en la puerta de un almacén. Y se quedo ahí a la espera. En lo que abrieron el almacén, por supuesto, con esa hedentina ahí, dice el dueño:
--¡uno que bote esta vaina, este animal!
Salió Pedro y la botó y le dieron una plata. Escondió su burra otra vez.
¡El cuidaba los zamuros, que no se la comieran! A la siguiente noche, la volvió a poner en otro almacén. Bueno, cuando amaneció:
--¿Qué hay aquí?... uno que bote eso…
Está Pedro allí esperando. Ahí misma salió Pedro a botar la burra. Le dieron más plata. Y así estuvo seis u ocho días con ese afán, recogiendo plata con la mitad de la burra. Después que se cansó de recoger plata con la mitad de la burra, entonces cazó un zamuro. A ese zamuro le metió por detrás una moneda de oro. Y llegó a una casa, a la casa de un pulpero. El zamuro quiso evacuar, porque estaba molesto  con la moneda de oro, y soltó la moneda de oro. El pulpero quiso comprarlo y él le dijo:
--¡No, esa es la felicidad mía! ¡Ese me trae comida todos los días!
Entonces él se queda con su zamuro, y el hombre queriéndole comprar el zamuro. Lo invitó a la casa; ¡el hombre para engatusarlo y comprarle el zamuro!
Pedro había estado todo el día merodeando por ahí y había visto que la señora tenía otro, un amante, ¿tú ves?, ¡reservado! Que después que el marido se iba, ella le daba al otro la comida del marido. Le había apartado una torta y un pollo. Entonces se sientan a almorzar, se sientan a comer, caraotas y carne, comida corriente.
Entonces llega Pedro y ¡pan! Le pisa la pata al zamuro. Y el zamuro hace: ¡cuec, cuec, cuec!
--¿Qué dice? ¿Qué pasa?
--No, que este animal, este animal es brujo, es adivino.
--¿Y qué le quiere decir a usted?
--Mire, me quiere decir que allá dentro hay una torta y a la señora se le olvidó traérsela.
Dice la mujer:
--¡Ah sí, mi marido, tengo una torta muy linda que se me había olvidado traértela!
Trajo la torta. Cuando se estaban comiendo la torta, lo vuelve a pisar, lo pisa y:                  ¡cuec, cuec, cuec!
--¿Qué dice, qué dice el zamuro?
--Que allá dentro hay un pollo.
--¡Ah, marido, se me había olvidado lo mejor que te tenía para el almuerzo!
Trajo el pollo. Se comieron el pollo.
Entonces entró la transacción, a comprá el adivino. Ese hombre que tenía unas mulas perdidas hacía mucho tiempo, un arreo de mulas, le pregunta si ese adivino no le adivinaría dónde estaban las mulas.
Dice Pedro:
--¡Cómo no! Sí le adivina. Pero yo no lo vendo, porqué ya le digo, ésa es la felicidad mía. Con eso tengo mi dinero todos los días.
Así fueron pujando el negocio, hasta que Pedro se hizo pagar el zamuro bien pago. Después que se lo pagó bien, bien pago, le dijo:
--Bueno, ahora lo tiene usted que encerrar ocho días. A los ocho días lo saca y entonces le pregunta lo que usted quiera, y él le adivina. Lo que usted le quiera preguntar. Como él no lo conoce a usted, tiene que esperar ocho días, para que a los ocho días los sepa interpretar y le diga todo lo que usted quiera.
Encerró al zamuro. A los ocho días, cuando lo sacó, ¡muerto de hambre! llega el zamuro y le pegó el pico. El hombre le dio un rolazo y lo mató. ¡Se murió el adivino! ¡Se acabó el adivino! ¡Pedro Rimales ya iba lejos…!
 Cúa (Estado Miranda), 1958



DON MARCO AURELIANO  Y EL CANTADOR DESCONOCIDO (Encarnación Rivero)
Yo le contaría un cuento. Lo que pasa es que es largo. Pero es’ pulío’… aunque esto no es cuento; es cuento porque yo  lo estoy contando…
Yo estaba muy muchacho, y había unas fiesta por ahí en esos campos. Ahora se presentó que un señor de Puerto Palacio,  llamado Rogelio Ríos, se enamora de una muchacha de Barbacoa, y él le dijo que si conseguía casarse con esa muchacha, a los cantadores que fuesen –ahí papá y varios cantaban–les daba el gusto de que si querían beber guarapo de caña, o si querían comer pavo horneado o cochino, lo que fuera, él lo compraba. Se llegó el día que la muchacha dijo que sí. Se presenta el matrimonio. Llegaron todos los cantadores de estas regiones; y ahí iba mi papá. ¿Está escuchando, señor, el cuento? El, temprano, me acostó. El se ocupaba de vender casabe y dulce y queso. El me acostaba y me dejaba los medios de casabe picados y las lochas de queso. ¡Imagínese  una locha de queso! Cuando eso, no había tanto ladrón como ahora.
Bueno, está un señor de aquí, de Zaraza. Usted sabe, pero ese era el cuento: que a ese señor lo llamaban Marco Aureliano, así se llamaba él, y él era de Zaraza y se robó unos reales. Lo llevaron preso para Calabozo, que era la capital. Después lo soltaron y se canso el hombre, se vino pa’ donde llaman Guanipa, más acá de palenque; allá se alzo una muchachita, lo volvieron a llevar. Lo soltaron y se fue a vivir para Barbacoa, donde nadien lo conocía. Ya había dejado transcurrir él muchos años; nadien conocía la historia. Ese era uno de los cantadores que estaban en la parranda.
Entonces este Marco Aureliano estaba triunfando. Fue el mejor cantador. Se llevó diecisietes cantadores, ande entraba mi papá.
Ya la última noche, como a la una de la madrugada, llaman a los cantadores y a los músico a comer. Un hermano del músico cogió el arpa y se puso a puntearla. Se presentó un hombre en un burrito con un sombrero de esos que salían antes, que decían que eran de casabe, de pajita. Empezó el hombre, cogió los capachos y empezó a cantar. Don Marco Aureliano, viendo que el hombre está cantando sabroso y que el tiempo apremia, se apareció.
Ahí llega Don Marco Aureliano y le quitó los capachos y sale con aquello que dice:

¿Quién es este cantador
que canta aquí en poblado?
Parece- animal ajeno
que yo tenía amarrado.

Ahora le contesta el hombre, el hombrecito; le dice, amurrungaíto porque está  asustado:

Yo estoy cantando aquí, Don marco,
porque cantando llegué
y ahora quiero que me diga
cantando quién es usted.

Le contesta Don Marco como un fierón:

Yo soy Don Marco Aureliano,
relancino en el cantar,
el que arroja a los cantores
a lo profundo del mar.
El pobre hombre abrió los brazos y dice:
¡Aonde me acordaba yo
de Don Marco, el cantador!
El que lo tuvieron preso
por ladrón y forzador.

Ese hombre, cuando lo lastimaron sacándole la historia vieja, se quedó abismado. Hacía como cincuenta años de eso y se quedó así;  pero, como cantador de fama, de chispa le dice:

Negrito sombrero blanco,
alabancioso embustero,
serías tú aquel esclavo
y te robaste el dinero.
Le contesta el negro sin más concha:

Don Marco, si soy esclavo,
eso no es cuestión de usté,
usté que no me ha comprado
Porque no tiene con qué.

Sale Don Marco, que no hallaba qué hacer, sale con esa rabia y le dice:
Negrito sombrero blanco,
amí no me digas nada;
que me hace calentá
y te rompo las narices;
porque Don Marco Aureliano
sabe cumplí lo que dice.

Ahí le contestó el hombre sin más concha, arrinconao:

Don Marco, si usté lo intenta,
darme una bofetada,
se le cae la caña a pedazos,
porque soy cosa sagrada.
Ahí le quitaron el arpa, perdió el premio. Eran cien bolívares que había. Se lo dieron al hombre, después de estar tres días cantando. Se lo llevó el hombre del burro. Y así suceden las cosas.
Valle de La Pascua (estado Guárico), 1977.


(*)Textos tomados de: El  héroe en el relato oral venezolano, (1992), de Pilar Almoina de Carrera. Caracas: Monte Ávila Editores.

miércoles, 10 de octubre de 2012

EL CONDE LIRIO. Estudios y poemas compilados por Pilar Almoina de Carrera (*).

Antecedentes  (fragmentos).  El tema de los amores contrariados y su desenlace trágico, eterno asunto literario y en particular presente en el teatro de todos los tiempos, encuentra viva representación, derivando hacia la mágica transformación eternizadora, en el Romance del Conde Lirio (también: Conde Olinos, Conde Niño, Conde Olivos; y con menos frecuencia: Lino, Aliman, Nuño, Vizcondito, Fernandino, Condolillo, Condolirio, Buz). Amor más poderoso que la muerte podría ser la esencia  de este romance, y es el título con que lo incluye Menéndez Pidal (1948) y precisa al respecto: “En un cancionero de finales del siglo XV se halla ya una versión de este romance, por desgracia muy estropeada. La que damos aquí tiene muy en cuenta las versiones modernas, que son numerosísimas lo mismo en toda la península que en América, Marruecos y Oriente. La versión del siglo XV, como una gran mayoría de las modernas, está contaminada con las del Infante Arnaldos. El tema esencial del romance es el de las maravillosas transformaciones de dos amantes perseguidos; tema que se halla lo mismo en las literaturas orientales que europeas. Recuérdese la leyenda de Tristan” (Pp. 130-131). Las versiones venezolanas, por cierto, parecen ajustadas bastante a este arquetipo publicado por Menéndez Pidal.
William J. Entwistle (1951) intenta establecer los posibles orígenes de este romance: “El romance de El conde Olinos es de los más enrevesados, tanto en el conjunto de sus versiones como en cada una de ellas. Son extraordinariamente distintas, y cuando ofrecen parece que viene de diferentes ciclos novelescos” (p. 237). Para Entwistle no se trata de un asunto castellano; y esto ya como resultado del estudio de la métrica y de las melodías. Así en cuanto al mismo nombre del protagonista, Olinos o Aliman entre los judíos. (p. 239). Pero encuentra sobre todo grandes coincidencias en el desarrollo temático y de motivos con los romances fronterizos del Asia Menor. En especial en los llamados tragoudia akritika, donde el clima mágico rodea toda la acción. Concluye Entwistle su estudio afirmando: “Las vías de penetración de Bizancio hacia el Norte son bastante conocidas. Sobre todo después de 1204 no habría dificultad para que un pensamiento griego llegase a Rusia, a Escandinavia, a Francia o a España. El romance internacional contiene más de un tema común en distintas regiones del Norte o del Oeste de Europa, pero con detalles tan disconformes que apenas podemos suponer un movimiento del Norte al Oeste o del Oeste al Norte”. (p. 248)
Menéndez Pelayo (1945) publica una interesante versión asturiana del romance, muy  completa, que es la utilizada por Entwiatle como modelo, en la cual aparecen episodios que no se registran, al parecer, en ninguna otra conocida: se precisa que el Conde Olinos llega a tierra  de moros, ante un castillo en donde vive una reina mora y su hija, la reina manda a su ejército, cien mil moros, a matar al conde; este acaba con todos excepto uno; aparece la princesa convertida en blanca paloma que lo libera.  Estos episodios no se han conservado en el romance, que se ha reducido a cuatro pasajes fundamentales, tanto en las versiones españolas más complejas como en las venezolanas: 1-El conde va a dar agua a su caballo a las orillas de mar, en el día de San Juan. 2-El canto órfico, encanta a la madre y a la hija. La madre cree que es el hechizo de las sirenas. 3-La hija descubre al amante, y es muerta junto con el por la madre. 4-Se efectúa la serie de transformaciones mágicas, primero convirtiéndose en arboles, después en fuentes y rio; o en garza y gavilán o en paloma y gavilán.
Menéndez Pidal (1943), incluye bajo el título agrupativo de Amor fiel, el romance del Conde Olinos con el nombre de Amantes perseguidos, en donde el protagonista es el Conde Niño.        Los comentaristas coinciden en afirmar la contaminación de este romance con el del Infante Arnaldos, sobre todo en la parte que dice: “Los peces que andan al hondo, / arriba los hacen andar; /las veces que van volando, / al mástil vienen posar”.
Aun cuando ya no se debería decir que hay contaminación sino asimilación o incorporación definitiva, pues los versos similares que aparecen en el Conde Olinos encajan perfectamente en su estructura. Es natural que se haya  producido este contacto, pues en ambos romances los protagonistas aparecen en el día de San Juan; y ambos encantan con su canción. No es de extrañar, pues, que el canto del Conde Olinos también produzca su mágico efecto los peces y las aves.
Difusión en América (fragmentos).  En Hispanoamérica las versiones de este romance en las colecciones publicadas no son abundantes. Ciro Bayo en su Romancerillo del Plata (1913), publica el romance de El Conde Niño, cuyo primer verso dice: “Se levanta el conde Niño”. Con el titulo similar de Conde Niño, lo recoge Ismael Moya en su Romancero (1941), clasificándolo entre los romances judeo-españoles en Buenos Aires. De Puerto Rico, M. Cadilla de Martínez (1933) presenta una variante, donde el protagonista es el Conde Olinos. En estos ejemplos, tanto en el cubano como en el puertorriqueño, la transformación final clásica en paloma y gavilán no se da.

Versiones venezolanas. En Venezuela, el romance del Conde Olinos es muy abundante, y por lo general se mantiene en forma fiel y completa en toda su parte esencial. Hemos elegido para este estudio ejemplos muy integrales y significativos, tanto de entre los publicados como de los inéditos, agrupados de acuerdo a las zonas geográficas donde fueron recogidos.
La versión I, publicada por José de Onís (1964), solo ofrece como referencia que fue recogida a Julián González, sin precisar más datos, y con el título de Corrido de los pajarillos. Comparando esta versión con la publicada por Juan Liscano en Poesía  popular venezolana (1945), llegamos a conclusiones que nos parecen valederas. En primer lugar ambas se titulan de manera semejante, pues Liscano la recoge con el nombre de Corrido del pajarillo. Segundo, en las dos se presenta una sugerente introducción que no aparece en otras variantes venezolanas, y que esta fuera del contexto natural del romance. La publicada por José de Onís, de trece versos, dice:

Bajando los pajarillos
juntos en una mañana
a esperar que el orizo (unicornio)
meta su cuerno en el agua
y de nada se señala
que el verene no se fue.
Aquel que nada en la albera
es un animal tan bueno,
me le ha dado la virtud
Dios en la punta de un cuerno,
que por él emitió candela
empezole que el artista
con él recordó la vela.

 Extraños versos que no tiene sentido claro, aun cuando José de Onís en su trabajo pretende que “la idea central de este trozo es todavía evidente y encaja perfectamente en el resto de la historia” (p. 222). Cree José de Onís que el romance del Conde Olinos fue divulgado en Venezuela por el clero y que la presencia del unicornio con su cuerno mágico se debe a la contaminación con la vida de los santos, en especial con la leyenda de San Huberto y la de San Eustachio. Parece algo apresurada esta conclusión tan definitiva, sobre todo a partir del conocimiento de estas dos únicas versiones venezolanas en que aparece tal  introducción; pues más lógico sería suponer una contaminación con otro romance o historia, y que parece darse sobre todo en una región venezolana. Decimos esto último a partir del análisis de la variante publicada por Liscano, en la cual los primeros diez versos son semejantes:

Bajan todos los pajarillos
Juntos en una mañana,
a esperar que el unicornio
meta su cuerno en el agua.
Apenas la cruz señala
que ya el veneno se fue,
dicen todos a una vez:
¡Jesús que animal tan bueno,
me le ha dado la virtud
Dios en la punta de un cuerno!

Juan Liscano señala la procedencia de esta variante: alrededor de Caracas, concretamente Cerro de Las Flores. José de Onís no indica procedencia alguna, aunque en una comparación entre las dos variantes podemos afirmar que deben de ser de la misma zona. Además de la coincidencia en la introducción señalada, el protagonista es en una el conde Olivoa (J. de Onís) y en la otra el conde Olivo (Liscano); en ambas el conde baja a dar agua a su cabello “a las orillas del mar”; mientras oyen el canto la madre y la hija “que vivían junto al mar”. La respuesta de la hija a la madre que ya J. de Onís señala como extraña en la variante que analiza, lo es también en el conjunto de las venezolanas, pero se da exactamente en la de Liscano: “con cariño y con piedad”. También los versos finales son semejantes, como evidencias comparar los siguientes con la versión de J. de Onís que reproducimos completa: “Si matan al conde Olivo/ yo viva no he quedar / a él lo entierran en la iglesia,/ A mi debajo del altar; / de mi saldrá una paloma,/de él un fuerte gavilán”.
De otra parte, cabe destacar, por su evidente significación – sobre todo en consideración de las condiciones propias de la trasmisión tradicional oral-, el hecho de que la aludía y poética “introducción” de las versiones de Liscano y de J. de Onís no se somete a la rima propia del romance y hace pensar en otro tipo de composición, quizás también de origen tradicional, como supone este último autor. En todo caso, no desentona ante el aire mágico y sugerente del romance:  

Bajando los pajarillos
junto en una mañana
a esperar que el orizoño (unicornio)
meta su cuerno en el agua
y de nada se señala
que el yerene no se fue.
Aquel que nada en la alberca
es un animal tan bueno,
me le ha dado la virtud
Dios en la punta de un cuerno,
que por él emitió candela
empezóle que el artista
con él recordó la vela
Ha bajado el Conde Olivos,
la mañana de San Juan,
a darle agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras su caballo bebe
se pone el Conde a cantar
Esparcido por el aire
tan pronto era de escuchar
una madre y una hija
que vivían junto del mar.
Le dice la madre a la hija
con cariño y con piedad:
Esas no son sirenas, madre,
ni su modo decantar,
ese es el Conde Olivos,
que a mí me viene a buscar.
Y le contestó la madre
que se supo molestar:
Si viniera el Conde Olivos
lo mandaremos matar.
Y le contestó la niña
con cariño y con piedad:
Si matan al Conde Olivos
yo viva no he de quedar:
que lo entierren en la iglesia,
a mi debajo del altar,
en mi pecho una paloma,
en su pecho un gavilán.


Las versiones II y III, que insertamos a continuación, proceden del estado Falcón. En ambas se advierten puntos coincidentes, en especial un aspecto que no hemos hallado en ninguna de las variantes recogidas en Venezuela. Y es que aquí el Conde Lirio no se encuentra a las orillas de mar, sino del Jordán; mostrando el protagonista el mismo nombre que también se da en otras versiones venezolanas. Al final, los amantes se transforman en gavilán y en paloma.
La versión II fue suministrada por Isaac J. Pardo, como parte de los materiales complementarios a su importante trabajo ya citado; y hasta donde sabemos es inédita. Tiene 23 versos, lo que hace en apariencia que al comenzar se pierda el asonante a, pero es evidente la falta del segundo verso: “una mañana de San Juan”;  con el cual el romance se muestra completo. Al respecto, es el interés observar que conocemos tres versiones provenientes de Pueblo Nuevo, estado Falcón y en todas falta el verso señalado.
El ejemplo III también inédito cuenta con 27 versos: es decir con uno sobrante, el quinto, que dice: “y tomando asiento dijo”. Eliminando este, se mantiene el asonante. En este caso, la madre es “la reina” y la transformación final también es un gavilán y en una paloma. De otra parte, es evidente en estos casos la ausencia de la incorporación del característico fragmento del Infante Arnaldos.

                       II
Se alevantó el Conde Lirio
[una mañana de San Juan]
a darle agua a un caballo
a las orillas del Jordán
-Alevanta, niña escucha
las sirenas en el mar.
-Esas no son las sirenas
mucho menos su cantar
ese será el Conde Lirio
que a mí me vendrá a buscar
-Si ese fuera el Conde Lirio
lo mandaría a matar.
-De matar al Conde Lirio
yo viva no he de quedar
juntos los mando a matar,
juntos los mando a enterrar,
uno en el altar mayor
otro en el altar mayor
otro en el verde olivar.
Nació una bella paloma,
Nació un bello gavilán;
alzó el vuelo la paloma,
alzó el vuelo el gavilán,
y se fueron a encontrar
a la orden del Jordán (Informante José Primera. Colector Padre J. Gastaminza, Pueblo Nuevo, estado Falcón)
            
 III
Se alevantó Conde Lirio
una mañana de San Juan
a dale agua a su caballo
a la orilla del Jordán
Y tomando asiento dijo:
-“Mientras mi caballo beba
Aquí me siento a cantar”
-Vení, mi niña a escuchar
las sirenas del Jordán…
-esas no son las sirenas
ni tampoco su cantar;
ese será el Conde Lirio
que me ha venido a buscar.
-Pues si ese es el Conde Lirio.
voy a mandarlo a matar.
-Si matan al  Conde Lirio.
yo viva no he de quedar
Juntos nos hará el entierro,
juntos nos ha de enterrar:
uno en pie de la iglesia,
el otro al pie del altar.
Nació la bella paloma
Y nació el cruel gavilán;
y así se acaba el romance
del Conde Lirio del Mar (Colector: Luis Arturo Domínguez, estado Falcón)

De los Llanos son los ejemplos IV, V, VI, y esta coincidencia de origen les concede afinidades y aspectos comunes que destacaremos como una reafirmación de interesantes rasgos típicos regionales.
La versión IV, publicada por Francisco Monroy Pittaluga, procede de Cazorla, estado Guárico. Mantiene el asonante a, y presenta la generalizada contaminación con el romance del Infante Arnaldos. Aspectos curiosos y que no hemos encontrado en ninguna otra variante, es la alusión a la tercerola, antigua arma de fuego usada por la caballería, un tercio más corto que la carabina. Asimismo la presencia de una moraleja poco común al final del contexto romance: “el que no sabe de amor / no se pone a aconsejar”
La variante V, publicada por Gustavo Luis Carrera, mantiene el asonante a. el Conde Lirio, pasa a ser el Condolillo. También aparece la contaminación con el Infante Arnaldos. Cabe destacar como señalamiento poco frecuente el relativo de los arboles que crecen hasta abrazarse: y como elemento excepcional el tocante al padre que sube hasta la torre a hacer repicar las campanas.
La versión VI, publicada por primera vez por Pedro Montesinos y reproducida por Isaac J. Pardo, la incluimos aquí entre los conjuntos de las de los Llanos, a pesar de ser recogida en el estado Lara, ya que el mismo Montesinos dice que fue tomada “de boca de una niña de ocho años”, “de una joven del pueblo oriunda de los Llanos”. También en este ejemplo se mantienen el asonante en a,  y no aparece el fragmento perteneciente al Infante Arnaldos; aquí no son aves y peces los encantos por el cantar del Conde Lirio, sino los pasajeros. Por los demás, es una versión coincidente en lo básico con las otras provenientes de los Llanos
          IV
Ha bajado el Conde Lirio
a las orillas del mar,
a darle agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
se pone un rato a cantar:
las aves que iban volando
se pararon a escuchar
salen los peces bromando
del corazón de la mar.
Dice la reina a su hija
que allí entre sueños esta:
-Levántate, blanca niña.
vente conmigo a escuchar
tan bonito como canta 
la sirena en el mar.
aquella no es la sirena
que está cantando en el mar.
-Aquel es el Conde Lirio
que ya se me viene a buscar.
porque yo le di palabra
que con el yo me iba a casar
-Si aquel es el Conde Lirio
mandarlo voy a matar:
¡Cojamos la tercerola.
vamos al conde a cazar!
-Si matas el Conde Lirio,
viva no habré de quedar
a él lo entierran en la iglesia
a mí debajo del altar;
de mi salga una paloma,
de él un triste gavilán;
por los campos solitarios
nos abrimos a volar;
el que no sabe de amor
no se pone a consejar. (Francisco Monroy Pittaluga. Cazorla, estado Guárico)
             
  V
Se levanta el Condolillo
la mañana de San Juan,
a darle agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mantes el caballo bebe
se sentó así a cantar.
Los pájaros se iban volando
se paraban a escuchar
Los pejes salían del fondo
a las orillas a mirar;
de aquellas lindas voces
del Condillo del mar.
Le dice una madre a su hija:
-Escuchar y levantar,
escucha a las sirenas
Que están cantando en el mar.
-!Madre le pido por dios
que usted me deje casar!
esas no son sirenas
ni su modo de cantar
-!Si el Condolillo viene,
Yo lo mandare a matar!
“Si al Condolillo lo matan,
viva no he de quedan!
La vieja, como agraviada,
siempre lo manda a matar.
Uno lo siembra en la puerta:
otro en el pie del altar.
fueron creciendo uno y otro
hasta alcanzarse a abrazar
El uno se volvió paloma.
el otro gavilán
Y salieron de la iglesia
y se fueron a volar
Monto el padre a la torre
Y se puso a redoblar
…………………………..
y se puso a repicar
Y aquí se acaban los versos
Del Condolillo del mar  (Informante: Pedro Juan Bravo. Colectores: I. Aretz y L.F. Ramón y Rivera. El Baúl, estado Cojedes)

                 VI
Se levanta el Conde Lirio
la mañana de San Juan
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar,
-  Mientras mi caballo bebe,
yo me sentaré a cantar
Pasaban los pajareros
se paraban a escuchar
tan bonito que cantaban
las sirenas del mar.
Se levantan la reina y dice:
-  Levántate hija mía,
para que oigas la sirena
que está cantando en el mar
-  Esas no es la sirena:
por el modo de cantar
ese es el Conde Lirio
que ya me viene a buscar
-  Si te viniera a buscar
yo le mandare matar
-  Yo me haré una paloma
y él un cirio del altar (Estado Lara)

Así tenemos que en las versiones llaneras del romance las características agrupantes son: a) El protagonista tiene el nombre de Conde Lirio (variantes IV Y VI) y su deformación en Condolillo (variante); b) Se mantiene el asonante en a; c) La acción se sitúa la mañana de San Juan y a orillas del mar: d) Presencia del fragmento del romance del Infante Arnaldos (versiones IV y V); e) La transformación final de los amantes es en paloma y gavilán (versión IV y V) y en paloma y cirio del altar (versión VI).
De la región de los Andes venezolanos procede la versión VII de Rafael Olivares Figueroa. Es un ejemplo incompleto, ya que faltan los versos finales. Comparando esta versión con otras de la misma zona geográfica,  encontramos características semejantes. Así, el personaje pasa a ser Condolirio en otras Cordelillo. La acción se desarrolla la mañana de San Juan,  a orillas del mar. El asonante en a, que se manifiesta en la versión VII, también se conserva en general en las andinas. No se presenta la contaminación con el fragmento del romance del Infante Arnaldos, ni en esta ni en otras versiones de los Andes. La transformación final es en paloma y en gavilán, al parecer característica común de los exponentes recogidos en Venezuela
            VII
Se levantó el Condolirio
una mañana ´ e San Juan
a dar agua a su caballo
en las orillas del mar.
Esto dijo el Condolirio
cuando se fue a desmontar
-  Mientas el caballo bebe
aquí me siento a cantar.
Las aves iban pol ´aire
se pararon a escuchar
La reina dice a su hija:
-  Levántate a oír cantar
-  Aquellas no es la sirena
en el modo de cantar:
aquel es el Condolirio
que a mí me viene a llevar
-  Si el Condolirio lo matan
yo viva no he de quedar. (Informante: Emiliano Torres. Colector: Rafael Olivares Figueroa. Valera, estado Trujillo)


Bibliografía citada:

Bayo, C. (1913).  Romancerillo del Plata. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez.
Cadilla de Martínez, M. (1933). La poesía popular en Puerto Rico. Madrid: Universidad de Madrid.
Carrera, G. L. (1959).  “Folclore Literario”. En Panorama del folclore venezolano. Caracas: Universidad Central de Venezuela.
Entwistle, William J.  (julio-diciembre, 1951). El Conde Olinos. Revista de Filología Española. Tomo XXXV.
Liscano, J. (1945). Poesía popular venezolana. Caracas: Ministerio de Educación.
Menéndez  Pelayo, M. (1945). Antología de Poetas Líricos Castellanos. Tomo IX. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Menéndez Pidal, R. (1943).  Los romances de América y otros estudios. Buenos Aires: Espasa-Calpe
--- (1948). Flor nueva de romances viejos. Buenos Aires: Espasa.Calpe.
--- (1953). Romancero Hispánico. Madrid: Espasa-Calpe.
Monroy Pittaluga, F. (1952). Cuentos y romances tradicionales en Cazorla (Llanos del Guárico). Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.
Moya, I. (1941). Romancero. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires.
Olivares Figueroa, R. (1948). Folklore venezolano. Tomo. I. Caracas: Ministerio de Educación.
Onís, J. de (1964). El celo de los duendes; una variante americana del Romance del Conde Olinos. México: Cuadernos Americanos.
Pardo, I. J. (1955). Viejos romances españoles en la tradición popular venezolana. Caracas: Archivos Venezolanos del Folclore.  Universidad Central de Venezuela.
Ramón y Rivera, L. F., Aretz, I. (1961). Folclor tachirense. Tomo II. Caracas: Biblioteca de  Autores y Temas Tachirenses.

(*) Nota del editor: Este ensayo (fragmentos, mejor dicho) fue tomado del texto de nuestra maestra, la doctora Pilar Almoina de Carrera, titulado: DIEZ ROMANCES HISPANOS EN LA TRADICIÓN ORAL VENEZOLANA. Caracas. Edición del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela.  1975